Televisión

Los Goya de Ana Belén y Los Javis arrasan en audiencia a pesar de sus casi cuatro horas de duración

  • Más de tres horas y media por culpa de unos discursos eternos, una falta de respeto al espectador
  • Los que entregaron los premios, salvo excepciones, no ayudaron a amenizar el peñazo de los agradecimientos
El selfie de los perdedores fue uno de los momentos de los Goya

Ana Belén, la magia de las estrellas, el glamour de la pasarela y la fascinación por el cine explican que una gala de casi cuatro horas marcara un 23.5% de cuota de pantalla, con más de 2.3 millones de espectadores. La falta de una verdadera competencia en otras cadenas también ayudó. Contar con una artista integral de la talla de Ana Belén es un plus para cualquier espectáculo. Está en plena forma y es capaz de cantar y bailar como siempre. La actriz marca su territorio y ella es la emperatriz de Lavapiés y el centro del foco aunque interprete a una mamá humilde, la abuela cordial que malcría a sus nietos como ella dice. Ana Belén, con una visible agilidad, se complementó bien con la espontaneidad de Los Javis, cuyas edades suman los mismos 72 espléndidos años de la verdadera reina de la noche, con permiso de las premiadas Malena Alterio y sobre todo Sigourney Weaver, tan generosa como para recordar a su dobladora española. Ana Belén salvó hasta donde pudo una gala larguísima, por momentos insufrible. La artista, que demostró una gran química con Los Javis, se ganó el sueldo y aportó su profesionalidad, su encanto, veteranía y savoir faire.

Comerse casi cuatro horas de gala tuvo ciertas recompensas. El homenaje de la potagonista de La Pasión Turca a Concha Velasco, junto a Los Javis, cantando la Chica Yeyé o Mamá quiero ser artista, fue una joya. Pero ni una leyenda viva del cine español, ni la presencia de estrellas como la protagonista de Alien o Penélope Cruz, ni la emoción o el suspense de conocer los nombres de los premiados pueden sostener una entrega de premios tan tediosa. Los insufribles agradecimientos de los Goya 2024 se hicieron eternos. Es un sacrificio aguantar sin bostezar los 30 premios con esos discursos tan reiterativos, que son el momento más importante para los galardonados pero un peñazo para los espectadores, aburridos mientras ven a personas que a menudos no conocen hablando de gente a la que tampoco conocen. Los tres presentadores fueron poco aprovechados. Montaron el selfie de los perdedores a lo Ellen DeGeneres hace diez años (en realidad Ana Belén tiene un Goya, aunque sea de Honor). Juan Antonio Bayona, triunfador indiscutible con los 12 Goyas de La Sociedad de la Nieve, trató en alguna de sus subidas al escenario de hacer bromas hasta con los fallos: "Por primera vez han puesto el micro a la altura correcta".

No ayudaron ni la cronología y el orden de las entregas ni los chistes o guiones de los encargados de entregar los Goya. Más bien fueron momentos planos. Las actuaciones musicales sumaron, como las de Aitana y Bisbal interpretando Tenez-vous bien, de Salvatore Adamo, popularizada por Raphael en España como Mi Gran Noche. Mención especial al Procuro olvidarte de Salvador Sobral y Sílvia Pérez Cruz por su actuación en el in memoriam. No tan bien estuvieron los Estopa y su Quiero ser libre. Mejor el homenaje a María Jiménez. Las reivindicaciones a favor de la paz en Palestina se repitieron. Almodóvar le dijo al vicepresidnte de Castilla León, de Vox, que los subvencionados del cine devuelven con creces los dieros que les dan. Y los presentadores condenaron desde el principio los abusos y la violencia sexual.

El auxilio bien pagado de Gestmusic

TVE, inacapaz de asumir en solitario la producción de una gala así, contó con el auxilio bien pagado de Gestmusic, productora que encargó a su vez el guion a Pilar de Francisco y Paloma Rando. Bordaron el comienzo de Javier Ambrossi y Javier Calvo en pijama, con una escenografía eficaz y un sofá que tendría historia después a lo largo de la noche, con las protagonistas de Todo sobre mi madre y el propio Almodóvar recordando que ese sofá era el de la escena que recrearon para celebrar los 25 años de la obra maestra del manchego universal. En ese sofá abrieron la noche Los Javis soñando con que un día presentarían la gala; en esto irrumpió Ana Belén, que se hizo la dueña de todo mientras estuvo. Pero estuvo poco.

No fueron valientes los organizadores para cortar los interminables discursos y no fueron disciplinados los galardonados. Más bien fueron egoístas y antepusieron sus momentos de gloria, sus egos y sus emociones al entretenimiento, razón de ser última de un programa de televisión. En cierto modo, una falta de respeto al público al que se deben. No ayudó el pesadísimo discurso del presidente de la Academia de Cine. El propio Fernando Méndez-Leite se quejó de lo larga que se estaba haciendo la gala pero se comió 10 minutos y pico de show después de avisar de que iba a ser breve. Si llega a decir que se iba a extender estaríamos aún en Valladolid.

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