Televisión

Jordi González no entrevistará a la madre de ningún asesino en La 1 pero puede matarnos de aburrimiento por 40.000 al mes

Posiblemente una de las mejores noticias que ha leído Ana Rosa Quintana esta complicada semana que termina sean los discretos datos de audiencia de Jordi González en las tardes de La 1. La Plaza, producido por la TVE de José Pablo López Sánchez, es un fracaso indiscutible y solo lleva tres emisiones. El director general de contenidos de la Corporación puede apuntarse varios aciertos que han colocado a La 1 en segunda posición por detrás de la sólida Antena 3 pero superando ya habitualmente a Telecinco, cuyo nefasto comienzo de temporada se ha llevado por delante ya los Cuentos Chinos de Jorge Javier Vázquez y una de las ediciones de prime time del peor Gran Hermano de la gloriosa historia del reality, superado los jueves por otro formato de Banijay. Porque el gigante pilotado en España por Pilar Blasco enfrenta su Masterchef Celebrity (Shine) contra el programa que presenta Marta Flich (Zeppelin).

Pero no puede José Pablo sumar a sus triunfos el estreno del magacín vespertino de Jordi González; y no lo decimos por el 6% de audiencia, un desastre para llevar el arrastre de las eficaces (y carísimas) telenovelas de La 1, durar apenas una hora y no llevar publicidad.

El fracaso del espacio que ha tenido la valiente osadía de hacer la guerra a Ana Rosa Quintana y Sonsoles Ónega es uno de esos platos de cocina imposibles de comer o incluso de imaginar. Mezclar a Terelu Campos con Marta Robles es como masticar sardinas en escabeche untadas en Nocilla. Puedes llegar incluso a probar el invento como parte de un reto pero es improbable que repitas.

Tal vez contratar a Terelu en TVE sea una buena idea para sumar audiencia, pero habrá que acertar al situarla. El tono pretendidamente buenista de La Plaza viene dado por el del presentador, un profesional cuya versatilidad le hace capaz lo mismo de susurrar en la tarde de La 1 o militar en el postureo radical que de entrevistar a la madre de El Cuco en medio de griteríos como aquellos de La Noria, el programa que pagó diez mil euros a la señora que trajo al mundo al presunto asesino de Marta del Castillo.

Jordi no creemos que en esta aventura entreviste a madres o padres de asesinos. A Sonsoles Ónega le faltó pasarle la mano por la espalda al padre de Rosa Peral pero no ha trascendido que el padre de la homicida cobrara, seguro que fue gratis.

A 30 euros de dinero público el minuto

Jordi no caerá en la tentación pero el barcelonés, que cumplió 62 años la víspera del estreno, es ya veterano, no da problemas y hace lo que le dicen si le pagan bien. Y en concreto a TVE le ha sacado fortunas, como cuando estuvo mucho tiempo cobrando del erario público tras dejar La Palmera. En esta ocasión, se lleva cerca de 40.000 euros al mes por este peñazo diario cuya mayor virtud es que dura solo 55 minutos (a 30 euros el minuto). Lo de peñazo se puede argumentar de muchas maneras pero lo mejor es ver lo aburrido que está el propio Jordi, que ya cuenta los días para llevarse los 113.000 euros pactados hasta fin de año y volverse a casa por Navidad con nuestro dinero en la buchaca, un buen regalo de Reyes.

El arranque del miércoles, con entrevista a la Terelu huérfana, que tuvo la generosidad de no cobrarnos el bolo (ya le prorratean la exclusiva como colaboradora) marcó el máximo por el morbo de ver una vez más llorando a la hija de María Teresa Campos, y con eso y el efecto novedad marcaron un 7,8%. En dos días han caído hasta el 6.1 pero nos da la sensación de que al presentador de Abierto al anochecer o Moros y Cristianos se la bufa, siempre y cuando él cobre lo pactado.

Las mujeres que conforman el elenco de La Plaza no estarían mal elegidas, de una en una, empezando por Terelu, pero la mezcla es rara y sobre todo indigna la falta de garra para subirse al carro de la actualidad.

Y eso que Jordi y sus amigas venían con publicidad gratis. Si Terelu se estrenaba casi con el luto puesto y llegaba al plató directamente de enterrar a su madre y de visitar al presidente del Gobierno en funciones en el palacio de la Moncloa, Mariló Montero aparecía tras hacer campaña con su recién estrenada vagina. Pero Juncal Rivero no quiso hablar de José Luis Moreno, que justo estaba en la pomada de los titulares, y eso que la Miss podía habernos entretenido contando sus vivencias con el ventrílocuo de Rockefeller o explicarnos cómo eran sus Noches de Fiesta noventeras con el pájaro, en la misma cadena a la que ahora ha vuelto, lo que les daba la oportunidad de recuperar imágenes de la actriz vallisoletana cuando tenía por jefe al padre de Macario, detenido hace dos años acusado de liderar (presuntamente) una organización criminal relacionada con el narcotráfico. Pero no tuvimos esa suerte. Nos quedamos sin saber qué piensa la que fuera la mujer más bella de España hace 39 años de tan singular personaje.

En cambio, nos colocaron un vídeo de cómicos ochenteros haciendo (en TVE) humor que hoy es políticamente muy incorrecto, como a Millán Salcedo de Martes y Trece con un ojo amoratado mofándose de una mujer que se queja de que su marido la muele a palos, a Arévalo haciendo chistes de mariquitas, a Cruz y Raya ejerciendo de racistas y burlándose de los gitanos o al mismísimo Gila partiéndose la caja ensangrentado después de asesinar a su mujer. El vídeo sirvió para poner en marcha un original debate: los límites del humor. Entonces me dormí.

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