Televisión

'Cuentos chinos', un estreno acelerado (y un Jorge Javier sobreactuado) que está muy lejos del surrealismo de 'Sálvame'

Lo interesante del primer Cuentos chinos era ver a Jorge Javier después de casi cuatro meses fuera de la televisión. Tenía que hablar de su baja médica tras esa desaparición súbita que se produjo al mismo tiempo que arreciaban los rumores sobre su posible despido de Mediaset. Probablemente eso fue lo mejor del estreno de su nuevo programa, los momentos serios y pausados que eligió para hablar al público usando ese código que tan bien le funcionaba en Sálvame cuando se disponía a trasladar algún mensaje trascendental.

"En este tiempo, he pasado por muchos estados: rabia, ira, tristeza, desencanto… Pero he atado cabos y he conseguido saber exactamente qué ocurrió y quiénes participaron para que eso sucediera. Lo sé perfectamente. No olvido, pero vuelvo sin ningún ánimo revanchista", soltó como si estuviese en uno de esos momentos de tensión en los que todo se detenía y se dirigía a los espectadores desde el pulpillo de Sálvame. Jorge Javier en estado puro.

También salió su esencia cuando habló sobre Ana Rosa y una posible invitación a su programa. "No estoy preparado para volver al lugar del crimen", espetó en una monumental pulla a la presentadora que ahora se ha quedado con la mayor parte de la parrilla de Telecinco a través de su productora Unicorn. De hecho, ella ocupará la franja de Sálvame con un programa que, además, se emitirá desde el plató donde se realizaba ese mítico magacín.

Por otra parte, se despachó con la 'nueva' televisión blanqueada que ha visto este verano -"algunos colaboradores deberían ir a la cárcel por aburrir a la gente"- y ha aprovechado para bordear la prohibición de Mediaset de hablar de política. "Tengo que decir que estoy muy contento por el resultado de las elecciones. La gente puede pensar que voté a Feijóo, porque ganó, o a Sánchez, porque se impuso el bloque progresista. He vuelto muy ambiguo. Charcos, ninguno".

Encorsetado y poco espontáneo

Hasta aquí lo (poco) positivo, porque el resto del primer Cuentos chinos fue un programa tremendamente acelerado -el propio Jorge Javier transmitía esas prisas y nervios- donde se sucedían las secciones a una velocidad demasiado frenética. Televisión con ritmo sí, pero no con esa obsesión por comprimir tantos contenidos en solo una hora de programa que, además, se ha emitido sin un solo anuncio de publicidad.

En cuanto a los colaboradores, Susi Caramelo fue la más espontánea y la que más airosa salió. Demostró química con Jorge Javier y le benefició ser la encargada de 'entrevistarle' al comienzo del programa para saber qué había sido de él en estos meses. Anabel Alonso estuvo desacertada, su sección fue una de las más flojas y es la más prescindible. Lo de Celia Villalobos fue un visto y no visto, y la gataleona Jing Jing, de Usera, como Ana Rosa, aportó menos que las hormigas de Pablo Motos. 

Además de esa sensación de velocidad continua y estresante, Cuentos chinos pecó de encorsetado y poco espontáneo. Más allá de la lógica expectación del estreno, sobre todo por ver a Jorge Javier, el programa se enfrenta a partir de este martes al pico y pala del día a día, cuyo resultado dependerá de los invitados que reciba. En cualquier caso, necesita más verdad y menos guion, aunque hay tiempo para ajustar un programa que, de momento, no se acerca al surrealismo de Sálvame.

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