Televisión

Sonsoles Ónega, Miguel Lago, Ana Soria, Ponce y el insultante (e hipócrita) discurso buenista

Olga Viza, referente indiscutible del buen periodismo, intervino este miércoles en el programa de Sonsoles, donde el tema de conversación se centraba en Ana Soria y Enrique Ponce, tras la entrevista concedida por el torero y la estudiante el día anterior a Pablo Motos.

"¿Enamorarte de un personaje público da barra libre?", preguntaba Ónega a sus contertulios para marcar el tono inquisitorial y su posición a favor del torero y su joven novia, frente a la jauría mediática que los adúlteros usaron para disfrazarse de víctimas.

La moderadora se encontró sin embargo con Olga que, en el ejercicio de su libertad de expresión, y dando muestras de su independencia y su respeto a la verdad, dio en el clavo de lo ocurrido. "Ponce tenía que haberla protegido", reprochó Viza, recordando sin necesidad de decir mucho más que el ex de Paloma Cuevas y la futura abogada nos cebaron durante meses inundando Instagram con escenas acarameladas hasta el empalago, besos, galanteos y todo tipo de exhibiciones gráficas difundidas a sabiendas de que iban a ser ampliamente recogidas en los medios.

En el debate pretendidamente blanco de Sonsoles no se obvió, pero solo gracias a Olga Viza, que semejante bombardeo se produjo inmediatamente después de que saltara a los medios que Paloma Cuevas había sido abandonada por Enrique Ponce, que se había enamorado de una belleza veinteañera. Confundir obviedades con argumentos generalmente conduce a debates que insultan la inteligencia del espectador. Por supuesto que el amor es libre entre personas adultas. Por supuesto que todos estamos de acuerdo en que no se puede injuriar ni calumniar (ahí están los tribunales), o en que las noticias inventadas avergüenzan al periodismo, pero no nos engañemos: Ana Soria y Enrique Ponce no son las víctimas que más han sufrido en esta historia. Además, ella, con la connivencia del torero, inoculó en los medios y por tanto en la opinión pública la droga de sus imágenes amorosas; sin duda porque su deseo era que el mundo asistiera al teatrillo romántico del que presumía y quiso convertirnos en adictos a su novela. Nos referimos al mismo teatrillo con el que restregó a Paloma Cuevas (y a las hijas del torero) las escenas de sus arrumacos y sus galanteos.

Es insultante que otro contertulio de Sonsoles, como el humorista Miguel Lago, ahora reconvertido en todólogo, se hiciera cruces retóricas porque los medios de comunicación atendiéramos y siguiéramos en su día el culebrón protagonizado por Ponce, su ex mujer y su amante. A Miguel Lago le faltó tiempo para atizar a los medios que hablan de los amores y desamores de los famosos, como ha hecho durante tres años el canal en el que hablaba. Tal vez desde esa esquina del plató de Sonsoles, ni el clown ni su jefa vean esa otra zona del set, la que acoge la segunda parte del programa, donde la misma Sonsoles modera el debate del cotilleo (la que a lo mejor genera más audiencia), en el que sus otros contertulios son primeros espadas de la crónica social, o sea, descuartizadores de romances y otros relatos tan rosas como el algodón de azúcar.

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