Televisión

Jorge Javier aboga por el pensamiento único y señala traidores: linchemos a Alaska y Mario

No hay amenazas más terribles para la libertad que el pensamiento único. Creer que la democracia es un bien eterno puede ser tan ingenuo como peligroso. Jorge Javier Vázquez ejerció este miércoles desde su tribuna de la revista Lecturas su derecho a escribir lo que le dé la gana, con el único límite que debe tener un articulista: las líneas rojas que marca la ley y que, llegado el caso, los jueces deben administrar para hacer justicia.

El presentador de Sálvame aludía a Jiménez Losantos, uno de los radiofonistas más conocidos, empresario, columnista y un comunicador consagrado. No vamos a descubrir el personalísimo y polémico estilo de Federico, quien no cuenta entre sus defectos con el de dejar indiferente a su audiencia. Es tan innecesario describir sus maneras como evidente la nada infrecuente contundencia de sus afirmaciones, los excesos en sus epítetos, sus filos y sus fobias, o su indisimulada crítica hacia todas las izquierdas y muchas de las derechas. Mantiene una línea editorial que puede gustar o no y en ocasiones se ha pasado de frenada. Jorge Javier simplifica a Federico Jiménez Losantos y dice que lo único que hace es "vomitar falsedades e imputar falsos delitos". 

Pero Federico, que tiene ya 71 años, es culto, rápido de reflejos, ocurrente, a veces divertido, a menudo ingenioso y no tiene pelos en la lengua. Pobre de aquel que tenga la desgracia de situarse en la diana de un depredador mediático como Losantos, sea artista, famoso, futbolista, modelo, Rey, presidente, ministro, alcalde, conservador o progresista. Que se lo digan a Juan Carlos I, Pedro Sánchez, Rocío Monasterio, Alberto Ruiz Gallardón, Borja Prado o Jorge Javier Vázquez. Eso sí, nadie está obligado a escucharle. Se puede elegir entre sintonizar al turolense en EsRadio, elegir la Ser, la Cope, conectar con Onda Cero y un montón de opciones más. O incluso apagar la radio. Porque hay libertad.

Lo mismo ocurre con Jorge Javier. Nadie nos obliga a ver al presentador, productor teatral, filólogo, youtuber, escritor y sobre todo y por encima de todo icono máximo durante años de la telebasura, que es de todos sus trabajos el que más le ha hecho destacar, donde ha demostrado ser el mejor y el que le ha hecho millonario. Resulta casi hilarante que un profesional con la muy conocida trayectoria de Jorge Javier Vázquez, que parece no mirarse nunca al espejo, diga que Losantos ejercita el arte de la discrepancia "a través del insulto y la humillación". Y no es que el aragonés se haya ahorrado descalificaciones cuando le ha parecido. Pero no se me ocurre un formato en el que precisamente el insulto y la humillación formen parte vertebradora de su esencia de forma tan evidente como el que presenta Jorge Javier desde hace casi tres lustros y sus derivados. Y eso sin contar los otros cinco años que condujo Aquí hay tomate. Pero Jorge Javier es libre de ser coherente. Así de maravillosa es la libertad.

Esperemos que Alaska y Mario, señalados por Jorge Javier, no sean linchados como consecuencia de las arengas del presentador

En su columna del semanario rosa no arremete el badalonés solo contra Losantos; en realidad dispara contra Alaska y Mario. El pecado del matrimonio es elegir trabajar con quien quieran o posar con Ayuso, por ejemplo. Ejerce su libertad de expresión Jorge Javier para defender el pensamiento único. Eso sí que es incoherente, no el hecho de poder trabajar en medios con líneas editoriales opuestas o arrimarse a políticos situados en distintos extremos del arco ideológico. Jorge Javier se muestra incapaz de comprender que Isabel Díaz Ayuso, guste o no, es la persona elegida por millones de madrileños que, automáticamente, son como Marios Vaquerizos, traidores, y deben pasar a engrosar la lista de personas que deben ir al infierno.

El profesor Jorge Javier saca la tiza y pinta en su pizarra la lista de dónde se puede trabajar, con qué políticos se puede simpatizar o qué se puede opinar para ser bueno o malo. Es el pensamiento único. Losantos, eso también es cierto, le da un día sí y otro también a JorgeJa hasta en la quijada desde sus micrófonos. Porque Federico es libre de hacerlo, y si traspasa la frontera, ahí tienen Jorge Javier o sus jefes de La Fábrica de la tele los tribunales para reclamar justicia. Pero, como decíamos, el catalán dispara a Alaska porque interviene en una de las tertulias de Losantos. O sea, donde le da la gana. Y eso para Jorge es razón suficiente para poner a parir a la artista que amó, a la que llevaba pegada en su carpeta de adolescente, una gran cantante con décadas de carrera y éxitos, a la altura de las más grandes.

Jorge Javier no se caracteriza por ser el más pacífico y conciliador de los comunicadores. Es imposible glosar las veces que Jorge Javier ha ejercido una inusitada violencia retórica en la pantalla hasta hacer historia de la televisión y a menudo lo que demuestra es que no soporta la discrepancia. Al periodista Antonio Montero le destrozó por discrepar. A su amiga Belén Esteban la ha hecho llorar. A la ex concejala socialista de Los Yébenes, Olvido Hormigos, víctima de un vídeo sexual distribuido sin su consentimiento, llegó a agarrarla del brazo mientras le gritaba: "¡Vete a la mierda! Sinvergüenza. ¡Sucia ¡Qué asco!". A Aída Nizar la llamó "¡hija de puta!" y "mala persona" y añadió que le daba "asco". Es imposible enumerar las constantes salidas de tono de Jorge Javier. Pero sobre todo es innecesario porque lo ha hecho delante de toda España. Son famosos sus enfrentamientos con Ana Rosa Quintana, Paz Padilla, Isabel Gemio o Carles Francino, etc., y casi con cualquier político que no le parezca progresista. Losantos incluye en sus tertulias a periodistas que comparten cadena con Jorge Javier, como Paloma Barrientos o Beatriz Cortázar. Es de suponer que despreciará a sus dos compañeras como le ocurre con Olvido Gara.

En el lado opuesto del pensamiento único y de la polarización o la crispación están el respeto por ideas distintas a las de una, a la libertad. Se pueden admirar virtudes de gente de izquierda y derecha, a contertulios de Ángels Barceló o de Carlos Herrera, a ministros de Aznar, de Felipe González o de Pedro Sánchez. Se puede ser republicano y pensar que Felipe de Borbón es un gran rey. Jorge Javier no es que pinte las dos Españas, es que dibuja un modelo de pensamiento único.

Él da a entender que preferiría eliminar la pluralidad, prohibir radios y periódicos que no coincidan con su ideología, fundar el Granma español, el periódico único, la radio única, la televisión única, o mejor, que a la hora del parte todos los medios conecten con el órgano del comité central del partido jorgejavierista. A lo mejor no es tan rojo.

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