Televisión

Telecinco quiere ser Antena 3 y desmonta la esencia del universo Sálvame: sin broncas no hay paraíso

El nuevo Código Ético de Mediaset se ha hecho público gracias a un filtración que publica El Mundo. A bote pronto, hay que felicitar a los sucesores de Paolo Vasile al frente del gigante televisivo por su valiente decisión. No olvidemos que, además de la terrible imagen que exhibe Telecinco, las audiencias les obligan a cambiar de estrategia. Otra cosa es que lo consigan.

Sin broncas no hay paraíso

Las normas que entran en vigor parecen ser positivas y muy razonables pero suenan como un disparo a la línea de flotación, la personalidad y la esencia del icono y uno de los presentadores estrella del grupo, Jorge Javier Vázquez, los productores de La Fábrica de la tele y el universo que conforma el fondo y la forma de muchos de sus productos.

Sin broncas no hay paraíso, podríamos resumir para explicar hasta qué punto de algún modo se han cargado Sálvame, al menos tal y como lo conocemos. No debemos menospreciar la demostrada profesionalidad y creatividad de quienes construían cada día con precisión suiza y con el mejor oficio la telebasura que les encargaban, que tantos triunfos ha dado, ni su capacidad para reinventarse si los responsables les marcan el norte a seguir y les dan el tiempo y los medios adecuados.

Pero estos nuevos sagrados mandamientos, esculpidos sobre el legado de Paolo Vasile, que ahora impone el consejo de administración ponen contra las cuerdas a Sálvame y a otros espacios de la misma factoría y al conjunto de personajes que pueblan esa tribu y que, no lo olvidemos, alimenta decenas de horas de la parrilla de la principal cadena de Mediaset, de lunes a domingo, y aporta hasta ahora, aun en horas bajas, los mayores réditos de audiencia.

El italiano enviado por Pier Silvio Berlusconi como recambio de Vasile, Alessandro Salem, nuevo consejero delegado, ha promovido esta revolución. Ya adelantamos hace días el veto de la cadena a personajes como Rocío Carrasco y su familia, amigos o enemigos. Pero este nuevo paso, ya en vigor, impone unos principios éticos que van más allá y prohíben mítines políticos como los que tenía por costumbre celebrar cuando le apetecía Jorge Javier Vázquez, renovado por Vasile con un gran sueldo y por un par de años poco antes de ser relevado y cuando ya sabía que se iba (Roma sí paga presentadores).

Será complicado erradicar las prácticas que más problemas han generado en los últimos años al grupo italiano y a la vez pelear por la audiencia. Pero más difícil aún será atravesar el Mar Rojo hacia la nueva televisión limpia con un Moisés como Jorge Javier como símbolo visible de la cotizada, y más si el polémico presentador continúa flanqueado en sus hazañas mediáticas con individuos como Kiko Hernández, Kiko Matamoros, y otros personajes cuyos nombres no vale la pena recordar.

"No se tolerará ningún incumplimiento" del código ético, reza el documento al que se refiere El Mundo. De hacerse se considerará "falta laboral" y será sancionada como tal. Si echar a Jorge Javier con el salario y el contrato firmado costaría una pequeña fortuna, a lo mejor este nuevo Código Ético, que afecta "a todos los empleados, colaboradores, clientes, proveedores y resto de terceros que mantengan relaciones profesionales con Mediaset España", puede ser un campo de minas que convierta las maldades y travesuras del filólogo badalonés en faltas disciplinarias que hagan de su labor diaria un infierno de multas y expedientes, hasta acabar, o bien siendo domado y pasando por el aro, o bien llegando a un acuerdo que le permita marcharse con viento fresco a disfrutar de su cuantioso patrimonio o retirarse a ejercer de escritor. No nos confundamos: Jorge Javier es muy bueno en lo suyo; otra cosa que 'lo suyo' ya no convenga a Telecinco.

Los mítines políticos de Jorge Javier

El anterior Código Ético aprobado el 15 de diciembre de 2011 suma en esta revisión un epígrafe que prohíbe mezclar la política o las ideologías en espacios de puro entretenimiento, es decir, aquellos que no son informativos ni cuentan con verdadera mesa política, como sí ocurre en El Programa de Ana Rosa, en Cuatro Al Día, de Ana Terradillos (ambos de Unicorn) o en Todo es mentira, de Risto Mejide, producido por La Fábrica de la tele. "Los programas de entretenimiento son eso mismo, de entretenimiento y, por lo tanto, sus presentadores y colaboradores deben abstenerse de emitir opiniones, preferencias o comentarios políticos en el seno del programa", reza el escrito que impone la nueva disciplina de Mediaset.

Tampoco se permite ya abandonar abruptamente un plató, como ocurre habitualmente en Sálvame, Deluxe o en los debates de algunos realities. Estos tragicómicos abandonos, escenificados a menudo como colofón a violentos momentos de tensión, serán considerados a efectos laborales y contractuales como definitivos. Se acabaron los faroles y los teatrillos sopena de que el ofendido o cabreado de turno se vaya a su casa con una mano delante y otra detrás y para no volver. Kiko Hernández, Carmen Borrego, Belén Esteban, Lydia Lozano, Paz Padilla o el mismísimo Jorge Javier son algunos de los aficionados a montar estos numeritos aunque no los únicos.

Guerra y Paz (Padilla)

El nuevo manual ético prohíbe también atacar o criticar a otros programas de la propia compañía o a sus presentadores y colaboradores. Si se cumple no volveremos a asistir, al menos en pantalla, a guerras como la que estalló entre la productora de Sálvame y la de El Programa de Ana Rosa, especialmente a raíz de la docuserie de Rocío Carrasco, en la que Sálvame se posicionó en el bando de la hija de Rocío Jurado y El Programa de Ana Rosa del lado de Rocío Flores. Jorge Javier Vázquez llegó a exigir mirando a cámara en pleno directo a los directivos de Mediaset que se le tratara a él como a Ana Rosa Quintana. Tampoco hay que olvidar los dardos de Jorge Javier contra Paz Padilla, que dejó de coprensentar Sálvame, aunque ahora ha vuelto con otra productora para presentar Déjate querer.

Jorge Javier no solo no podrá dar sermones políticos o ideológicos ni insultar o descalificar al invitado sino que tendrá, como todos los presentadores, la responsabilidad de mantener las formas, "conducir y ordenar" el curso del programa, y de abortar momentos violentos por parte "cualquier colaborador o participante que pueda dar lugar a una evidente responsabilidad penal o civil".

Publicidad encubierta

También impone Mediaset algo tan obvio como que los contenidos del programa "sean acordes a la franja horaria en la que se emite" o que no se pueda hacer publicidad encubierta ya que a partir de ahora tendrán que pagar las productoras de los programas y no Mediaset, las cuantiosas multas impuestas por esta causa.

Pero la norma que más daño hace a Sálvame y a la naturaleza de los que hasta ahora han sido sus contenidos es que no se podrán revelar datos de carácter personal de terceros "que no sean notoriamente públicos", cosa que por otra parte ya contempla la ley. Queda prohibido mostrar imágenes de víctimas de violencia de género o de bullying. Será a partir de ahora el presentador, colaborador o la productora quienes asuman cualquier sanción que la compañía pudiera recibir o de pagar en su caso las indemnizaciones de turno a los perjudicados.

Casi todo Mediaset está temblando. Nuevas y antiguas productoras están buscando personajes, contertulios y contenidos "blancos". Habrá que ver si ante el miedo y los nervios que nos trasladan hay ahora en los pasillos de Mediaset, los responsables de los contenidos no se pasan de frenada y aburren por culpa de la implacable autocensura.

Este movimiento del nuevo Ceo, a un mes de su llegada, tira por tierra toda la cultura de la cadena en más de dos décadas y deja a los pies de los caballos a Paolo Vasile, el autor intelectual de este universo que ahora queda prohibido y que quiere parecerse a un canal al que no hace mucho llamaban "la cadena triste", como solía decir Jorge Javier en su reiterado sarcasmo.

Los ganadores son los informativos, los programas blancos, los presentadores con menos mala educación, más rigor y buena imagen, y los formatos como talents o concursos, la ficción y la apuesta por el deporte, tan caro a veces. Los perdedores son Jorge Javier, los programas basados en el insulto, la violencia y la tensión, La Fábrica de la Tele o los realities más pringosos y sus subproductos, como Pesadilla en el Paraíso, que este domingo marcó en su final menos de un millón de espectadores y no llegó a los dos dígitos. Para llevar a cabo esta transformación hace falta voluntad, talento, tiempo, creatividad, caras nuevas, cambio de colores, de sintonías, de decorados y sobre todo mucha inversión. Se habla de cien millones de euros a disposición de la metamorfosis.

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