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Por qué vamos con la Croacia de Luka Modric y no con nuestra querida Argentina (la de Leo Messi)

El Mundial de Qatar llega a su fin y será solo entonces cuando empezaremos de verdad a pensar en la dulce Navidad y también en los problemas reales. Pero antes de que el fútbol y la polémica terminen 88.986 espectadores gozarán en el Estadio de Lusail del momento histórico en el que Lionel Messi, Luka Modric, Hugo Lloris o Romain Saiss levantará la copa de campeón del mundo. Y antes que eso, este martes a las 20 horas, hora peninsular, Modric y Messi se baten en duelo. Solo puede quedar uno.

Con la Roja en casa desde los octavos de final cada español ha decidido con quién va. Se supone que muchos barcelonistas van con Argentina porque consideran a Messi como el máximo merecedor para alzarse con el título y poder convertirse en el Maradonadel siglo XXI. A los culés de da igual que el de Rosario se marchara al PSG o que tengan en su plantel a Dembélé y Koundé, aún en competición.

Muchos sevillistas van con Marruecos por razones parecidas. Además de que nuestros vecinos del sur sean el conjunto revelación, los de Nervión tienen vivos a Qatar a Bono y En-Nesyri. Pero Sevilla (con permiso del Betis) tiene entre los de Sampaoli a tres representantes: Acuña, Montiel y Papu Gómez. Es de suponer que los del Atlético de Madrid van con Griezmann antes que con Nahuel Molina.

Los madridistas tienen en la Francia de Didier Deschamps a Benzemá, y aunque no juega por lesión pueden animar a Tchouaméni o Camavinga. Pero les puede más el deseo de que no triunfe Mbappé, vilipendiado después de vacilar a Florentino y al equipo Merengue.

Pero sin duda la gran mayoría de madridistas y otros muchos aficionados van con Luka Modric, o sea, con Croacia. Una final como la de 2018, entre Francia y Croacia, además de un grandísimo partido (como cualquier otro a estas alturas) sería patrimonializado por los merengues como un homenaje al madridismo. 

Pero es que además Luka Modric es mucho más señor y adorable que Messi, y se ha quejado mucho menos que Argentina contra el arbitraje español. Ver al croata consolando a varios jugadores de Brasil tras la tanda de penaltis, ver cómo abrazó a Casemiro y observar cómo se detuvo con Rodrygo (que falló un penalti): "No pasa nada. Todos fallan. Vas a volver más fuerte. ¡Te quiero!", le dijo antes de acabar literalmente besándole. Nada que ver con las guarrerías que nos dejó Messi en el Argentina contra Países Bajos. 

Fue marrullero Lionel hasta con Van Gaal y linchó al  colegiado español Mateu Lahoz, y eso que pitó más de una amarilla a los contrarios por rozar a Messi y a él le  perdonó una tarjeta. Después insultó al holandés Weghorst tras el partido: "¡Qué miras, bobo!¡Qué miras, bobo! ¡Anda para allá, bobo!". Juega mejor que nadie pero es maleducado y no sabe perder.

Hace cuatro años, Lionel Messi fue víctima de una paliza histórica, la que recibió Argentina. Croacia destrozó por tres goles a cero a la Albiceleste en la primera ronda del Mundial de 2018. Scaloni era asistente entonces de Jorge Sampaoli.

El cara a cara entre Messi y  Modric

Luka Modric, cinco veces campeón de la Liga de Campeones con el Real Madrid y Balón de Oro al mejor jugador del mundo en 2018 contra Messi (además de Cristiano Ronaldo y Kylian Mbappé), tiene más títulos que Messi. Pero los croatas saben que Argentina es un equipazo. También es verdad que tienen más presión que Croacia, que ya ha triunfado con llegar hasta aquí.

Argentina parece que se ha repuesto de su humillante derrota ante Arabia Saudí en su primer partido del torneo y a unos penaltis de infarto ante Holanda. También es verdad que la Croacia de Zlatko Dalic ha alcanzado la penúltima ronda habiendo ganado un único partido a Canadá. El resto, empates y penaltis. La semifinal es el cara a cara entre Leo Messi y Luka Modric. Messi tiene 35 años, dos más joven que Modric. Pero para ambos es su última oportunidad de llevarse la Copa del Mundo.

Modric, pese a la edad, es un centrocampista no solo genial, que no pierde balón: trabaja durante todo el partido como el que más y le hemos visto con un físico descomunal. Parece mucho más frío que Messi, pero no olvidemos cómo lloraba en Rusia tras caer en la final. Seguro que entonces creyó que era su última oportunidad. Y seguro que no quiere llorar, a no ser que sea de emoción.

Leo Messi capitanea en Qatar a una Argentina sometida a  sufrimientos en la primera fase, en los octavos de final, y en los cuartos. Si no gana este Mundial nunca será Maradona. Argentina así lo cree, y Leo lo sabe.

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