Televisión

Joaquín Prat define en cuatro palabras el modelo de negocio de Paolo Vasile: "Juzgar es muy fácil"

"Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera". La famosa frase escrita por Tolstoi en el principio de Ana Karenina es aplicable a muchas sagas, incluidas las más mediáticas, aquellas en las que los problemas graves se exhiben en los medios, no siempre con la complicidad de todos los miembros. Hay que comprender a Joaquín Prat cuando pide privacidad al hablar del drama que supone para los suyos la adicción de su hermano Federico, que compareció en una televisión anunciando que mendiga en la calle para pagarse el alquiler.

La reacción valiente de Prat y su familia no se hizo esperar demasiado y Joaquín añadió en su comunicado una frase para enmarcar: "Juzgar es muy fácil", dijo. Pero no muy lejos de donde trabaja Joaquín Prat, en los platos de Telecinco, un ejército de los llamados colaboradores cobra a diario precisamente por juzgar a personajes, a familias enteras con problemas, a veces de adicción. Algunos de los guiñoles se prestan tentados por la chequera de Paolo Vasile; otros son arrastrados contra su voluntad en esa vorágine que se lleva por delante a clanes enteros, participen o no del circo que constituye de lunes a domingo y de la mañana a la madrugada el grueso de los contenidos y el modelo de negocio defendido por el antropólogo italiano, cuyo caché de casi dos millones de euros al año supera al de sus marionetas. Y eso que él no tiene que contar sus cosas en público. 

Belén Esteban, una de las estrellas que más cobra de la cadena si salvamos al gran jefe, confesó sus adicciones. Y su primer marido, víctima también de esta lacra, fue arrastrado por el efecto mediático, sometido a todo tipo de escrutinios. Lo de Fran Álvarez acabó en tragedia cuando fue hallado muerto en su domicilio en febrero de 2020.

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Kiko Rivera, otra víctima confesa de algunas sustancias adictivas, ha destrozado en numerosas ocasiones a su propia madre y a otros familiares en platós a cambio de dinero, una conducta difícil de entender para personas en su sano juicio. Ortega Cano, sufrido padre de José Fernando, otro famoso víctima de las adicciones, es sometido a diario a juicio, arrastrado por sus propios familiares, muchos de ellos incluida su propia mujer y su hija, en nómina de Mediaset. "Juzgar es muy fácil", dice Joaquín Prat cargado de razón. Pero está bien pagado en algunos casos. 

El drama de Joaquín Prat y su familia a causa de las adicciones de Federico Prat ha salido a la luz después de que el hermano del presentador concediera una entrevista (es de suponer que desinteresadamente) a una cadena de televisión diciendo que pide limosna para pagar el alquiler y que busca un puesto de trabajo con el que ganarse la vida honradamente.

La difusión de las imágenes y declaraciones del indigente (fuera del circo de Mediaset, claro) provocó a su vez la reacción del periodista y de su familia, que salieron al paso de la sorprendente noticia emitiendo un comunicado para aclarar la situación: el protagonista en realidad es una víctima de las adicciones. Los suyos lo han intentado todo durante años pero no han logrado rescatarle del infierno de la droga.

Joaquín Prat, como es lógico, se lamenta de que su hermano, al que califica de persona con un "corazón de oro", sea "un adicto". Pero además, en el comunicado ruega "tener privacidad familiar" para seguir gestionando de manera "menos dañina", tan delicado asunto. "Juzgar es muy fácil pero la vida no es blanco o negro", añade el comunicado.

Es muy comprensible la postura de Joaquín Prat y no le falta razón: "Juzgar es muy fácil". Y además de aplaudir la valiente reacción del presentador y los suyos, es oportuno incidir en el papel que los medios tenemos en este tipo de asuntos que afectan a familias enteras. 

La cadena en la que trabaja Joaquín Prat no es exactamente la principal aliada de la privacidad de las personas. Es verdad que muchos se implican porque cobran, atrapados por la tentación del dinero fácil, o vaya usted a saber por qué necesidad que les obliga a aceptar las monedas.

Telecinco no es especialmente conocida por huir de los problemas internos de las familias. El grupo Mediaset, presidido por Borja Prado y Eulate, se alimenta constantemente de carne humana convenientemente picada y condimentada para que sirva de cebo a una audiencia enganchada a menudo a la ira, a los intercambios de insultos y a las miserias de estas sagas pay per view. Y sobre todo a observar cómo los opinadores de Telecinco juzgan constantemente a gente que en muchos casos no tiene que ver con la realidad, con la política, el cine, el deporte, el arte o lo que sea. 

Diversos miembros de determinadas familias aceptan dinero como colaboradores o como entrevistados para enfrentarse en el coliseo mediático del romano que durante décadas sostiene el modelo de negocio de la cotizada. "Juzgar es muy fácil", dijo Joaquín Prat, pero está muy bien pagado, es oportuno repetir. 

El modelo Mediaset, que presenta síntomas de agotamiento, está vertebrado como todo el mundo sabe por espacios en los que básicamente se exponen situaciones personales y familiares que son sometidas a juicio sistemáticamente por un ejército de los llamados colaboradores, es decir, todólogos a sueldo de Paolo Vasile que opinan sobre situaciones a veces divertidas pero a veces terribles, poniendo del derecho y del revés a madres, hijos, hermanos, ex maridos, ex mujeres, novios y demás guiñoles del teatrillo berlusconiano. A más tensión, más audiencia. Los realitys producen bastantes personajes que alimentan esta cadena de producción de famosos de medio pelo. Se puede decir de ellos lo que sea, y si alguno demanda, se le ofrece un programa para que retire la querella. Personajes como Terelu Campos o Isabel Pantoja, entre otros, saben de lo que hablamos.

A menudo, los protagonistas de estas supuestas noticias que configuran la realidad paralela del universo Mediaset comparecen no muy lejos de los platós donde trabaja a diario Joaquín Prat, ahora, y desafortunadamente, rozado por la flecha de este veneno que daña la privacidad e impide lavar en casa los trapos menos limpios de las familias. 

Factoría de autopsias familiares

En Fuencarral, a cambio de un cheque para responder preguntas comprometidas o destrozar personas se diseccionan como en una factoría de autopsias familiares los problemas de las sagas escogidas para entretenernos aunque sus vidas en realidad no influyan en las nuestras. Lo habitual es que una vez lanzado el dardo por el personaje de turno (que no suele tener oficio ni beneficio digno de justificable atención mediática), se vaya dando voz, a veces pagándoles, a enemigos, familiares, vecinos y demás individuos que exponen reacciones contrarias o a favor. 

Ortega Cano, a quien la lacra de la droga le ha golpeado de cerca a causa de la adicción de su hijo José Fernando, está a diario torturado por los focos de Mediaset, arrastrado por esos familiares que cobran, como Ana María Aldón, su propia mujer, Rocío Carrasco, o su hija Gloria Camilia y tantos personajes que someten a juicio a quien sea y que implican al torero cartaginés, aunque él no desee participar de ese circo. En Telecinco se han nutrido a menudo de personajes que en ocasiones han sido alcanzados por la lacra de las drogas, aunque no de Federico Prat, cuya irrupción es ajena a la humanofactoría de Vasile.

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Pero víctimas de adicciones o de otros graves problemas han desfilado por Telecinco. Belén Esteban, hoy felizmente casada y recuperada, pasó una época terrible y ella misma confesó que había sido atrapada por el infierno de la droga, situación que no impidió a sus jefes utilizarla en aquellos belenazos que tan suculentas audiencias proporcionaban hasta que la situación se hizo absolutamente insostenible. "En ¡Más que Baile! me drogaba antes de salir", reconoce Belén en su libro.

¿No sabían que Belén no era Belén sino un muñeco manejado por las adicciones? ¿No la veían? Y aun así seguían usando su poder de convocatoria, como lo prueban las escenas televisivas en las que vimos a la Princesa del Pueblo tocar fondo. Belén, afortunadamente, escapó de aquel purgatorio pero otros no tuvieron tanta suerte.

El infierno que vivió Fran Álvarez antes de morir

El primer marido de Belén Esteban fue un claro ejemplo de fama no buscada: un matrimonio turbulento con Belén le catapultó a una exposición pública desquiciante, a un tratamiento psicológico y a su ingreso en Proyecto Hombre. Fueron algunos de los pasos que vivió Fran Álvarez durante su tóxica relación con Belén Esteban y la utilización mediática del enfermo. No es que Mediaset tenga culpa pero el infierno que vivió Fran Álvarez antes de morir fue poco menos que retransmitido en directo. Sus Sollozos por teléfono primero, y llorando a mares ya en plató, son ejemplo palpable de cómo se han llegado a tratar las adicciones en alguna cadena. Fran Álvarez fue hallado muerto en su casa, en el barrio de la Elipa, en Madrid en febrero de 2020. 

Desde el principio de su matrimonio con Belén, ambos tenían sus problemas. Fran nunca supo gestionar la exposición mediática que implicaba ser el marido de la estrella de Telecinco. Se hablaba de él todos los días. Y él fue un pelele en manos de unos pocos. En demasiadas tertulias se convirtió en chivo expiatorio: "Qué fácil es juzgar", dice ahora Joaquín Prat pero en realidad Telecinco y sus tertulias juzgaban a diario a Fran, a sabiendas de que era víctima de un problema terrible.

De hecho, como ya hemos dicho, la labor esencial del ejército de colaboradores contratados por Telecinco es juzgar. No juzgar la labor de un Gobierno, o de un delantero, o de una interpretación cinematográfica: juzgar personas, en su vida privada, sus miserias, sus amores, sus adicciones... No es el único medio que hace eso, por supuesto: el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Pero para Mediaset es un modelo de negocio.

Kiko Rivera habló en diciembre de su adicción a las drogas en una plató de Telecinco y de cómo recayó en la cocaína en 2020 cuando se desencadenó la guerra contra su madre, Isabel Pantoja. Por cierto, que a Belén Esteban le molestó que culpara a su progenitora de sus adicciones y lo dijo, claro. ¿Adivinan dónde concedió entrevistas cuando sufrió la recaída y quiénes dedicaron programas a juzgarle?

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