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Ennio Morricone, el maestro que compuso la banda sonora de más de 500 películas

Giuseppe Tornatore le debía un documental a Ennio Morricone porque la banda sonora que compuso para Cinema Paradiso (1988) representa al menos el 40% del éxito de la película. El cineasta italiano hace un exhaustivo repaso de su vida y de su carrera -escribió la partitura de más de 500 filmes- en Ennio, el maestro. La cinta cuenta con el testimonio de cineastas como Sergio Leone, Terrence Malick, Oliver Stone, Clint Eastwood y Quentin Tarantino, entre otros. La única pega es su excesiva duración: 2 horas y 36 minutos. Salvo para fanáticos, puede ser agotadora a pesar de que mime el alma de los espectadores.

Silencio. Habla Ennio Morricone, el compositor más venerado de bandas sonoras y, si no abre la boca, su música y ver cómo mueve la batuta son más elocuentes que muchas de las palabras que se puedan verbalizar. Ambas facetas se complementan en Ennio, el maestro, el documental que firma Tornatore.

Dejó la vida a los 91 años, en 2020, meses antes de recoger el Premio Princesa de Asturias de las Artes, que compartía con otro gigante de la composición, John Williams, aunque estaba un escalón por debajo de él. Cuando se ve Ennio, el maestro y aparecen los testimonios de otros colegas como Hans Zimmer (Gladiador, 2000), John Williams (La guerra de las galaxias, 1977), Quincy Jones (El color púrpura, 1985) no se puede olvidar por qué solo ganó un Oscar por derecho en el ocaso de su existencia gracias a los Los odiosos ocho (2015).

La vergüenza crece exponencialmente cuando en 2006 le dieron uno honorífico por su carrera, a pesar de que podría tener una estantería entera por Días de cielo (1978), La misión (1986), Los intocables de Eliot Ness (1987), Bugsy (1991) y Malena (2000). Por ellas fue candidato a la estatuilla y siempre se fue de vacío. 

Consciente de la envergadura que tenía este documental, durante cinco años, Tornatore reunió material de archivo y entrevistó a otros directores, músicos y críticos sobre su trabajo.

Dada la amistad entre ambos, el tímido y discreto Morricone da una clase magistral de la vida y de la música. De sus inicios vitales forjados en el horror y la pobreza de la invasión nazi en Italia (hasta llegar a la paradoja de que tuvo que tocar para ellos), de sus coqueteos con el pop y lo poco que le motivaba componer para películas (aunque luego debió pensárselo mejor, porque era un estajanovista de las bandas sonoras).

Tenía la vocación frustrada de ser ajedrecista "porque para mí ser músico y jugador de ajedrez son actividades igual de creativas; ambas se basan en procesos lógicos que implican también la complicidad y lo imprevisto". No falta el amor por esa mujer de la que se enamoró y más que firmar un acta de matrimonio rubricó un contrato indefinido. 

Su colaboraciones con el cineasta Sergio Leone (Por un puñado de dólares, 1964) y sus famosos spaghetti western le pusieron en el mapa. Son cintas de bajo presupuesto, pero Morricone se las arregla para crear una partitura que, cuando se oye por primera vez, es un reto para los oídos. Utiliza rebotes, chasquidos de látigo, trompetas y guitarra eléctrica. El italiano no fue muy consciente hasta años después de la trascendencia de su trabajo: "Aunque trato de darle al director algo nuevo cada vez, espero que sea único pero nunca espero que sea revolucionario". 

Pues lo fue y los directores no dejaron de llamarle. Muchos de ellos hablan en la cinta. David Puttnam, uno de los productores de La misión, comenta: "Incluso si tienes problemas con la existencia de Dios, cuando escuchas su música puedes escuchar que hay algo ahí fuera". 

Igual de entusiasta, pero más terrenal, son las reflexiones de Tarantino. El director le facilita su único Oscar por Los odiosos ocho. "Es mi compositor favorito. ¡Y no estoy hablando de compositor de películas! ¡Estoy hablando de Mozart, Beethoven, Shubert!".

Morricone era una persona tímida pero con carácter. Para muestra un botón. Uno de los testimonios más reveladores es el de Oliver Stone, que quiso que colaborase con él en U Turn (1997). Stone, del que ya sabemos que está encantado de conocerse, le intentó explicar lo que quería para el filme y le enseñó una caricatura de Tom & Jerry. El compositor entró en cólera y le dijo que volvería a Roma y le escribiría alguna basura. Al final, sus palabras se quedaron en agua de borrajas y le envió la banda sonora que él quería. 

Ennio, el maestro es un recorrido emocionante de la historia del cine. Gracias a su espléndido montaje se recuperan escenas de películas que nos reconcilian con nuestra infancia, juventud y madurez. Es un documental enciclopédico y didáctico. Sin embargo, Tornatore ha querido ser tan torrencial como Morricone. Así, las 2 horas y 36 minutos, pueden ser un lastre. Habrá que esperar a su edición en DVD o a su estreno en una plataforma de pago para poderla disfrutarlo en toda su plenitud. 

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