Estilo de Vida

La ciudad de los cielos de madera, planazo viajero para un otoño de 'slow travel'

Es el arte de las celosías de yeso, el ladrillo rojo, los techos de madera y la alfarería. Un estilo excepcional, visual y juguetón con el espectador, que se ve atrapado en los efectos de luces y sombras de su decoración. Para disfrutarlo y amarlo, nada como perderse por Tarazona, a los pies del Parque Natural del Moncayo, uno de los enclaves más bonitos y buscados de Aragón, en donde el cruce de caminos y la convivencia de la Tres Culturas dibujó un destino magnífico.

Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, el mudéjar es la única manifestación artística surgida de la convivencia entre culturas. Y Tarazona fue ese lugar, donde la avenencia tranquila de cristianos, judíos y musulmanes hizo posible un singular mestizaje histórico-cultural que se plasmó en el urbanismo, la economía, el conocimiento y, por supuesto en el patrimonio.

Solo así Tarazona llegó a ser "la ciudad de los cielos de madera", con una hermosa historia multicultural y de tolerancia, en la que se sumerge su nueva Ruta de la Cultura Mudéjar. Mucho más que un recorrido monumental, una inmersión 360 grados a la que lanzarse de lleno este otoño.

Ciudad mudéjar

La nueva Ruta de la Cultura Mudéjar nace para poner en valor esa cultura propia y el ser y sentir de las personas de esa época. Y cómo esa Tarazona mudéjar sobrevivió a la ciudad renacentista, barroca y contemporánea, hasta la actualidad, permitiendo ahondar hoy en ella y descubrir todas sus curiosidades.

Más allá del tradicional recorrido turístico la ruta propone una inmersión histórico-social, que queda muy bien plasmada en el caso de las visitas en familia, que incluye talleres plásticos que abarcan disciplinas como las artes tradicionales y la geometría, y que tratan aspectos tan dispares como el lenguaje, la alimentación o la organización social, como reflejo de esa interculturalidad y ese mestizaje trasversal.

La nueva ruta permite descubrir no solo el patrimonio, también el urbanismo de un emplazamiento que cuenta con una antigua zuda musulmana (el actual Palacio Episcopal), restos de muralla, arrabal judío y morerías, haciendo un recorrido que discurre a través de la antigua medina pasando por casas colgadas, puertas, arcos, adarves, recodos y callejones sin salida como reflejo de la forma de vida y la cultura medieval. El conocimiento y los avances técnicos de una ciudad que dio a luz numerosos nombres ilustres. Y las aportaciones artísticas que florecieron fruto de esa fusión pacífica de estilos, con resultados tan inspiradores como el cimborrio de la Catedral y las celosías del claustro, la esbelta torre de Santa María de la Magdalena, su facistol y su techumbre de madera, en uno de los ejemplos mudéjares más característicos de Aragón.

Son estas características techumbres las que le dan a la ciudad ese ensoñador sobrenombre, pues se repiten a menudo en numerosos monumentos creando ejemplos únicos. Como sucede con los techos de madera policromada de la Mezquita de Tórtoles, sin duda uno de los monumentos más singulares, con uno de los conjuntos iconográficos y epigráficos de carácter mudéjar más excepcionales e interesantes en el territorio aragonés.

Visitas para todos los gustos: por libre, guiadas y en familia

Hay varias formas de sumergirse en el legado mudéjar de Tarazona. Quienes quieran hacerlo individualmente y a su ritmo, encontrarán en la web de Tarazona Monumental amplio material turístico que será su mejor guía.

Quienes prefieran bucear en la ruta de mano de un guía, hay dos opciones: "Tarazona, ciudad mudéjar" o "Ruta de la Cultura Mudéjar en Tarazona", cuya principal diferencia es la duración, ya que la primera consiste en una versión reducida de la segunda. "Tarazona, ciudad mudéjar" requiere reserva previa y se realiza todos los sábados, domingos y festivos a las 13 horas desde la Plaza de la Seo. En cuanto a la "Ruta de la Cultura Mudéjar de Tarazona" existen varias alternativas de recorrido en función de los intereses del grupo, movilidad, duración, monumentos, etc.

Su extensión varía de una a tres horas (dependiendo de si solo se recorren monumentos exteriormente o si se incluyen interiores) y está pensada para grupos concertados (asociaciones, guías acompañantes, agencias de viajes, etc.). Puede realizarse en cualquier día y horario de la semana y en diferentes idiomas, concertándola con antelación.

Para las familias con niños, se han diseñado visitas especiales que integran las principales disciplinas y competencias educativas, desde la geometría hasta el lenguaje y la interculturalidad, ya que las aplicaciones del patrimonio cultural van mucho más allá del ámbito artístico.

Los talleres plásticos que acompañan estas visitas se pueden desarrollar en diferentes monumentos, como las iglesias de Santa María Magdalena y de San Miguel, la Catedral de Santa María de la Huerta o en la Mezquita de Tórtoles.

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