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La ciudad bonita que enamoró a Bécquer: Tarazona en seis visitas básicas

Madrid

Imaginemos que tienes un fin de semana para huir de todo y de todos. Imaginemos que, más que nunca, tienes sed de lugares bonitos y aire puro. Imaginemos que te gusta que te cuenten historias, que eres un apasionado de la cultura y las culturas y que perderte zigzagueando por callejuelas de otra época es tu más preciado hobby…

Si puedes imaginarte todo eso, tu destino es Tanzona, uno de esos rincones bonitos de verdad, a los pies del Moncayo. Te ayudamos a trazar tu ruta básica recorriendo todos esos lugares por los que paseó Bécquer en el siglo XIX, como plasmó en sus cartas "Desde mi Celda": 6 + 1 visitas imprescindibles que te descubrirán tesoros muy singulares y te harán viajar a otras épocas y sumergirte en las tres culturas que convivieron en este lugar. 

1. Plaza de España y fachada del Ayuntamiento

La Plaza del Mercado, actual Plaza de España, era uno de los lugares preferidos de Bécquer en sus paseos por Tarazona. Siempre animada, con la algarabía característica de los vendedores y los pintorescos puestos en los soportales, comentaba en su carta V "Desde mi Celda", publicada en el periódico "El Contemporáneo" de Madrid en 1834. También en ella hablaba de la grandiosidad de la fachada del Ayuntamiento, recreándose en los detalles escultóricos de su friso, de gran belleza y originalidad. Y no es de extrañar que le fascinara.

El edificio del Ayuntamiento de Tarazona es un ejemplar con una decoración escultórica única. Construido en el siglo XVI junto a la muralla, apoyándose en ella, originariamente cumplía función de Lonja, mirador de bueyes y graneros. Sin embargo, en el siglo XVII pasó a ser Casa Consistorial.

De acuerdo con las características habituales de las Lonjas aragonesas, el edificio tiene en su última planta una galería, desde la que se seguían los espectáculos taurinos o las celebraciones religiosas que se realizaban en la Plaza del Mercado. Esta función de mirador fue perdiéndose a partir de los últimos años del siglo XVIII, con la construcción de la plaza de toros, otra visita básica en nuestro recorrido.

La decoración escultórica de la fachada es única y original y se realizó en dos momentos. El largo friso de 32 metros de longitud realizado en yeso representa la marcha de Carlos V tras su coronación en Bolonia y data de los años de construcción del edificio, junto con los tres escudos sobre cueros recortados. Poco después se realizaron los demás relieves de la fachada, las figuras alegóricas de la Justicia y la Prudencia y tres gigantes que aluden a la fundación mitológica de Tarazona que versa su escudo "Tubalcaín me edificó, Hércules me reedificó". Personajes que sugieren diversas interpretaciones, estando clara la del primero, que representa a Hércules matando al león de Nemea.

2. Casas colgadas y Barrio de la Judería

Pocos ejemplos de casas colgadas se conservan en la Península Ibérica. Y las de Tarazona son uno muy bien conservado y posiblemente la estructura más emblemática y fotografiada de su judería: un conjunto de casas edificadas sobre el adarve de la muralla medieval, en las que antiguamente vivieron familias de la nobleza turiasonense.

Adentrarse en la judería de Tarazona es hacerlo en un enjambre de calles que nos hablan de un pasado más histórico que físico, ya que actualmente la edificación más antigua data del siglo XV, si bien el urbanismo y la estrechez de las calles se conserva intacta. Fue uno de los principales centros judaicos de toda la comunidad, donde, en el siglo XIII, llegaron a vivir alrededor de 235 personas, perfectamente organizadas con sus propios consejos y normas. Se trata de una de las juderías mejor señalizadas del Norte de España, si bien los actuales edificios son posteriores. De los primitivos se sabe que contaban con patios interiores comunales y que entre las casas solían dejarse dos metros de separación para preservar cierta intimidad y garantizar luz natural.

Estas calles también vieron nacer la Escuela de Traductores de Tarazona, que da fe de la convivencia de pueblos y culturas y la importancia histórica de este enclave a caballo entre Aragón y Navarra.

3. Palacio Episcopal

El Palacio Episcopal es una construcción de amplia evolución histórica, enclavado en una enorme roca sobre la terraza del río Queiles. Construido sobre la antigua zuda (fortaleza) musulmana, tras la reconquista de Tarazona en 1119 por Alfonso I El Batallador pasó a ser propiedad de la Corona. A su alrededor se configuró entonces todo el trazado urbano, conforme a las tres culturas convivientes en la localidad: cristianos, en los recintos amurallados; la morería, extramuros; y la judería, a los pies de antigua zuda.

En 1386 el obispo turiasonense Pedro Pérez Calvillo adquirió los restos del castillo tras la Guerra de los Dos Pedros y lo reconstruye como Palacio Episcopal. La evolución constructiva del palacio en el devenir de los siglos lleva implícito el enorme abanico de estilos que alberga (gótico, mudéjar, renacentista y barroco) haciendo de él un auténtico tesoro.

Juan González de Munébrega (1547-1567) fue quien situó el Palacio en la vanguardia artística del renacimiento aragonés. A él se le debe, por ejemplo, la fachada de galerías de arquillos que vuelan sobre la peña mirando al río ; el patio renacentista, realizado entre 1556-60, con columnas toscanas anilladas talladas por Guillaume de Brimbeuf con el escudo del obispo; la monumental escalera rematada por una espléndida cúpula, profusamente decorada; o el Salón de los Obispos y su impresionante decoración al fresco. Esta galería de retratos episcopales (Salón de Obispos), realizada por el artista Pietro Morone, es otro de sus grandes tesoros escondidos, destacando por su antigüedad y características, que la aproximan a las pinturas del Vaticano.

También son un tesoro las cárceles eclesiásticas, con un conjunto de más de 200 graffittis de 12 temáticas diferentes realizados tanto por religiosos como por soldados entre los años 1706 y 1870. Un espacio impactante y de lo más curioso que nos permite sumergirnos en los pensamientos de aquellas personas privadas de libertad.

4. Plaza de Toros

La Plaza de Toros Vieja de Tarazona es una de las más antiguas que se conservan en España y la más original en cuanto a su forma, octogonal, y su uso, ya que además de coso taurino alberga viviendas en todos sus lados. El conjunto arquitectónico es en realidad un edificio de viviendas que rodean el coso taurino, estructurado en cuatro plantas (baja y tres alturas), con ventanas en la parte exterior y al interior grandes arcos sobre pilares ochavados. Los arcos se sitúan en los tres pisos de viviendas, formando balcones que los propietarios alquilaban en los festejos taurinos. También se instalaban en la parte inferior unas gradas de madera que delimitaban el albero y servían de asiento para los espectadores que no alquilaban los balcones.

Su construcción data del año 1792 y estuvo en uso hasta 1870. Fue construida gracias a la iniciativa de ocho vecinos que solicitaron al Ayuntamiento parte del prado originario, para construir casas en él. Se inauguró en 1792 con la celebración de unas novilladas y se le dio el nombre de Plaza Nueva; posteriormente, cuando en 1870 se construyó la actual plaza de toros, cambió su nombre por el de Plaza de Toros Vieja. Actualmente sigue habitada y en ella se celebran conciertos, festivales y actividades culturales.

Se trata de uno de los monumentos más significativos y curiosos de la ciudad.

5. Catedral Santa María de la Huerta

La Catedral de Tarazona es una de las joyas artísticas más importantes de Aragón y, dentro del panorama peninsular, toda una singularidad, pues en ella conviven el gótico francés y el mudéjar con elementos renacentistas únicos en Europa. Si su construcción no se hubiera alargado tanto en el tiempo y no hubiese sufrido graves daños durante la Guerra de los Dos Pedros (1356-1369), constituiría el mejor ejemplo de arquitectura gótica de influencia francesa de España.

La Catedral de Tarazona se acerca a las de Toledo o Burgos en cuanto a novedad en su tiempo, el siglo XIII. Y se aleja de ellas por sus cambios posteriores, como las flamantes pinturas del XVI que por otra parte le han dado fama en toda Europa. Unas grisallas -pinturas en tonos grises imitando esculturas en relieve, localizadas en su cimborrio y la bóveda de la capilla mayor- en las que predomina la desnudez, algo insólito en una catedral europea y que introduce novedades solo vistas en la Capilla Sixtina de Roma.

En su interior, las sorpresas no cesan y las singularidades son constantes: el finísimo triforio con arquillos góticos del S. XIII muy estrechos y apuntados; un inmenso claustro mudéjar único, con celosías de yeso de gran complejidad y todas diferentes en sus más de 150 diseños geométricos; y un cimborrio mudéjar al que podemos acceder y contemplar desde él tanto el interior del templo como las mejores vistas de la ciudad.

6. Mezquita de Tórtoles

El Barrio de Tórtoles es el lugar donde Alfonso I el Batallador instaló en 1119 su campamento militar para reconquistar Tarazona. Ese asentamiento se convirtió en la época cristiana en una zona de población exclusivamente musulmana, que se vio obligada a abandonar la ciudad.

Es en este periodo cuando se levanta la Mezquita de Tórtoles, como espacio de culto musulmán, siendo uno de los pocos ejemplos conservados de mezquitas musulmanas construidas en época cristiana. Una mezquita modesta de población rural, pero con todos los elementos característicos de la estética islámica, con gran austeridad constructiva exterior en contraste con una gran riqueza decorativa interior.

Fue en 1980 cuando se descubrieron sus restos, tras hallar lo que podía ser un mihrab y encontrar varias piezas de madera pintadas, marcando el inicio de los trabajos de recuperación y rehabilitación, que han sacado a la luz un alfarje con más de 200 tábicas pintadas, muchas de ellas epigráficas alusivas al Corán, así como un poema amoroso.

6+1. Ruta del Patrimonio Industrial

Dando un pequeño saltito en el tiempo, la Ruta por el Patrimonio Industrial de Tarazona nos lleva a todos aquellos escenarios que protagonizaron el desarrollo y transformación de la ciudad en los siglos XVIII, XIX y XX. Son "los otros monumentos", más de 20 construcciones conservadas que hablan de la industrialización y modernización que experimentó la localidad en la historia más reciente.

Mezquita de Tortoles.

Empezando por la llegada del tren y la energía eléctrica, que en el siglo XVIII afectaron frontalmente al sistema productivo y económico de Tarazona, a su sociedad y su urbanismo. Es la época en la que grandes empresarios y emprendedores convirtieron a Tarazona en referente industrial nacional, en sectores como el textil y los fósforos. Fama mundial alcanzaron, por ejemplo, las cerillas que se fabricaban en "La Catedral del fósforo", que es como se conocía a la fábrica de fósforos del Carmen y que se exportaban a Cuba o Alemania.

Si hablamos de industria textil es hacerlo de una de las más longevas de la ciudad y en la que varias generaciones de turiasonenses trabajaron hasta hace pocas décadas, destacando el apellido Gutiérrez. Esta familia llegó a Tarazona en 1890 y a partir de entonces fundaron "Textil Tarazona" y "Cipriano Gutiérrez Tapia", dos casas míticas en lo suyo.

Otros sectores destacados fueron el alimenticio (en Tarazona existía un trujal de aceite, tres harineras, una fábrica de chocolate o la fábrica de fideos y pastas finas para sopa), la industria química (contaba con una importante fábrica de papel, la fábrica de Aceites de Orujo, lejía y jabonería), las artes gráficas y el sector de la construcción, con una importante tejería.

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