Belleza

Qué debo hacer y qué no con el uso de la mascarilla si no quiero estropear mi piel

  • La falta de transpiración y la acumulación de bacterias impulsa la aparición de acné, eccema o rosácea
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Madrid

La mascarilla se ha convertido en parte del día a día de todas las personas desde que el pasado mes de mayo se decretara su uso obligatorio. Sin embargo, ha traído consigo complicaciones dermatológicas a las que, aunque no suelen ser de excesiva gravedad, es importante prestar atención. El uso prolongado de este producto está agravando patologías como el acné, el eccema o la rosácea, entre otros.

"El uso continuado de la mascarilla provoca la falta de transpiración obstruyendo los poros de la piel. Esto puede propiciar la aparición de brotes acneicos, un fenómeno al que popularmente ya se denomina como Mascné. Además, provoca otros problemas como irritaciones o picor, sobre todo en la zona inferior del rostro", explica Cristina Villegas, jefa de Dermatología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja. "A esto se une que las mascarillas pueden ser un foco de acumulación de bacterias. Los gérmenes pueden ir depositándose en el tejido de las mismas y empeorar el estado de la piel", concluye.

Ante esta situación, la especialista propone una serie de consejos sencillos que pueden aplicarse para cuidar la piel:

Maquillaje

Lo más adecuado es prescindir de la base de maquillaje en la medida de lo posible. En caso no poder, la opción más recomendable es el uso de bases más fluidas o, incluso, cremas de protección solar con color. Con el uso de productos más untosos aumenta la obstrucción de los poros y, además, la mascarilla puede mancharse con mayor facilidad, favoreciendo el aumento de las bacterias.

Limpieza facial

Es imprescindible acostumbrarse a limpiar la piel de manera rutinaria, tanto por la mañana como por la noche. La limpieza matutina sirve para retirar el exceso de sebo que segregamos durante el sueño y preparar la piel para los productos que vayamos a aplicar después. Por su parte, la limpieza nocturna es fundamental para retirar el maquillaje y la suciedad que haya podido acumularse en la piel durante todo el día. En este sentido, para la rutina diaria es mejor decantarse por productos hipoalergénicos, sin detergentes, que limpien la piel con suavidad, dejando los más agresivos, como los peelings y las mascarillas, para llevar a cabo una limpieza más profunda una o dos veces a la semana.

Hidratación profunda

Debido a que estos meses la piel está más sensible por el uso de las mascarillas y el cambio de hábitos, es importante prestar atención para que esté siempre hidratada y sana y evitar molestias como tiranteces e irritaciones. La hidratación debe realizarse después de la rutina de limpieza, cada mañana y noche, y es recomendable encontrar productos que se adapten al tipo de piel de cada uno. A este respecto, las fórmulas oil-free, por ejemplo, son más adecuadas para las pieles con tendencia acneica. Otra opción muy beneficiosa son los serum.

Protección solar

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Existe la creencia popular de que la tela de las mascarillas protege del sol, pero no es así. Por ello, es muy aconsejable usar protección solar siempre que se vaya a salir de casa y vayamos a estar expuestos al sol, sobre todo en primavera y verano, ya que la radiación ultravioleta es causa fundamental del deterioro de la piel. De hecho, debido a que estos meses la exposición a la luz solar ha sido menor, la piel está menos acostumbrada y puede verse dañada con mayor facilidad.

Hábitos de vida

Evitar el tabaco, beber la cantidad de agua adecuada y llevar una dieta saludable tiene múltiples beneficios para la salud de la piel. En este sentido, el tabaco es uno de los mayores enemigos de la piel, ya que produce radicales libres y disminuye los niveles de vitamina A. Por su parte, una dieta mediterránea rica en frutas, verduras, carnes magras, pescados, frutos secos o huevos, entre otros, aporta la cantidad adecuada de antioxidantes y proteínas de calidad necesarios para que la piel se mantenga sana y fuerte.

Colocación de la mascarilla

Es aconsejable utilizar mascarillas que puedan ajustarse lo máximo posible a la cara para evitar así su movimiento y fricción, además de sustituirlas siempre pasado el tiempo máximo de uso. En el caso de las mascarillas de tela, se recomienda lavarlas después de cada uso.

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