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La mujer de Cañizares: "Cuando murió mi hijo, hice una fiesta, no un entierro al uso"

Mayte García, la mujer de Santi Cañizares, toma la palabra para recordar a su hijo Santi, uno de sus trillizos fallecido en marzo de 2018 a los cinco años por un tumor cerebral. Un año y cuatro meses después, la esposa del ex portero del Valencia cuenta cómo vivió la muerte del pequeño y da un auténtico ejemplo de superación ante la tragedia.

Preguntada acerca de cómo logró no arrojar la toalla tras tan dramática pérdida, ella explica: "Ni me lo planteé. Fue algo que nació de mí. Mi hijo falleció en mis brazos, pero desde el minuto uno que se fue yo salí de la habitación del hospital sonriendo, flotando. Después de toda la rabia contenida, salió de mí decir: 'No vas a ser una madre depresiva, vas a ser un ejemplo'".

Pero Mayte no siempre tuvo una actitud tan positiva. Antes de la muerte de su hijo, las dudas lo invadían todo: "Dos horas antes de fallecer Santi era todo lo contrario, lo que sentía era miedo y dudas, pero yo creo que él me guiñó el ojo y me dijo: 'Tranquila, yo te voy a dar la fuerza'. Y así fue", desvela.

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Cañizares también lo afrontó de esta forma tan constructiva, según cuenta su mujer: "La persona que tienes al lado te arrastra. En eso mi marido, por echarme un cable a mí, ha sido afortunado. Creo que él no hubiera sido capaz de sobrellevar la muerte de nuestro hijo si yo estuviera con una depresión", se sincera.

Mayte tiene claro que todo lo hace por sus dos hijas, la mayor de 8 años y las dos mellizas que nacieron junto al pequeño Santi: "Mi responsabilidad son ellas. Quería que sacaran una lectura positiva de la muerte. En el hospital, días antes de que muriese, llamé a una soprano íntima mía y le hice cantar cinco canciones que a él le encantaban. Y cuando murió, no hice un tanatorio. Como durante los últimos meses de la enfermedad él solo quería ir vestido de futbolista, lo incineramos vestido de la selección española e hice una oda por él, una fiesta, no hice un entierro al uso", declara.

La tragedia de su hijo ha llevado a Mayte a participar de forma activa en la lucha contra el cáncer infantil: "Saco las fuerzas de ellos, de los niños enfermos. Cuando me voy a una planta de oncología me regalan una sonrisa y, automáticamente, me avergüenzo de quejarme del tráfico o del calor. Todo el mundo debería pasar por una planta de oncología infantil media hora para bajar a la tierra y dejarse de chorradas", sentencia.

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