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Carlos Falcó y Esther Doña: no es verdad que la discusión que acabó con la detención fuera la única

14/05/2019 - 9:08

Hace meses que el marqués de Griñón y su cuarta esposa Esther Doña no aparecían en fiestas sociales ni en las exclusivas que la cuarta esposa de Carlo Falcó tiene concertadas con la revista Hola, o como imagen de la diseñadora Rosa Clará.

La noticia publicada este sábado por La Otra Crónica de El Mundo, aclara esta desaparición del singular matrimonio, de 82 años y 41 respectivamente. Según dicha información, el pasado 23 de febrero ambos ocupaban una habitación en el hotel Eurobuilding de Madrid y protagonizaron una discusión que acabó con la denuncia de algunos huéspedes, la llegada de la policía y la detención del aristócrata, que pasó una noche en comisaría, de donde salió sin cargos ni denuncia por violencia alguna de su esposa, aunque en el programa Buenos días de Telemadrid se ha dicho que "ella enseñó arañazos". 

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Lo cierto es que cuando le llamaron del periódico que dio la noticia, el padre de Tamara Falcó aseguró que había sido una discusión de pareja, que todo había vuelto a su cauce y que no volvería a ocurrir. Pero de puertas adentro la situación de los marqueses de Griñón hace tiempo que no tiene nada de idílica, a pesar del escueto e insólito comunicado que difundieron este lunes, en el que piden "comprensión y respeto" tras el escándalo de la detención del marqués.

Esther Doña estuvo casada dos veces anteriormente y Carlos Falcó otras tres más, con Jeannine Girod, Isabel Preysler y Fátima de la Cierva. Pero a la cuarta el marqués se enamoró perdidamente de la hermosa malagueña cuando ella tenía 38 y él estaba punto de cumplir 80, sin medir las consecuencias de un amor ciego, y sin mirar el pasado de Doña, en donde algunos colocan episodios oscuros o tormentosos. Poco antes de prometerse oficialmente, en diciembre de 2016 Esther Doña tuvo que declarar en los Juzgados de Majadahonda por la denuncia de su segundo marido, imputada de los presuntos delitos de estafa procesal, acusación y denuncia falsa. Esther Doña no dio explicaciones a los periodistas que la esperaban a la salida de la vista y el asunto quedó eclipsado por la aparente felicidad del marqués y su último gran amor.

La madrastra Esther

De los cinco hijos de Carlos Falcó, Manuel y Sandra, Tamara, Duarte y Aldara, sólo Duarte aceptó la nueva relación de su padre. Los otros cuatro vieron siempre a Esther Doña como una oportunista que buscaba la fortuna que Carlos Falcó no tiene, aunque al marqués le sobra prestigio social, genealogía, amistades, nobleza y todo lo que necesitaba Esther Doña para entrar en un mundo al que soñaba pertenecer para ser la nueva Isabel Preysler. Y no sólo no lo consiguió, sino que Duarte, el único hijo de su marido que la apoyaba, abandonó el palacio porque su madrastra le hacía la vida imposible, como confesó a su madre y hermanos. 

La ruptura familiar más dolorosa fue la de Aldara, la hija menor del marqués y Fátima de la Cierva, una joven de 19 años que estudia en Austria y que cada vez que venía a España pasaba unos día en la finca de su padre.

El pasado otoño, Aldara llegó a El Rincón y se encontró con que su habitación con todas sus cosas, había sido ocupada por la madre de Esther Doña, que pasa largas temporadas en el palacio. No sólo se había apropiado del cuarto de la joven: sus libros, sus recuerdos y su ropa, habían desaparecido. Aldara protestó enérgicamente y Esther reaccionó con "destemplanza" y parecía "estar sufriendo un ataque de cólera", nos fuentes familiares.

La dimensión de su enfado fue tal, que Carlos Falcó y su hija se encerraron en un baño hasta que se pasara la tormenta. Aldara se fue y nunca más ha vuelto a casa de su padre. Sin embargo el marqués volvió a claudicar con una esposa, a quien en la familia señalan como responsable principal de la separación entre Carlos Falcó y sus hijos, además de muchos amigos.

Muchos de los que conocen a Carlos Falcó están de acuerdo en que es un caballero, incapaz de la menor violencia verbal o física. Su paso por el calabozo debería hacerle entender una realidad que ser niega a reconocer.







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