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La primera mujer de Pedro J. Ramírez nos descubre los secretos de la Selección española

9/04/2019 - 23:56

El museo de la Selección Española está situado en la Ciudad del Fútbol de las Rozas y es una de las mejores alternativas para los forofos del fútbol que visitan la capital de España. En él hay infinidad de piezas, desde fotos de Ángel María Villar joven, cuando estaba como un queso de Mahón, hasta las botas de Vicente del Bosque, que no se quitó en siete años. Y sin embargo, una de las piezas que más curiosidad despierta es la Copa del Rey que Sergio Ramos dejó caer sin querer desde lo alto de un autobús descubierto, en plena celebración por la capital. El central del Real Madrid recuerda con nostalgia aquel momento, tanto que hace dos meses pidió el trofeo para llevárselo a un evento.

La colección de futbolistas internacionales (de plomo) con la que jugaba Felipe VI de pequeño, una foto de su padre, Juan Carlos I, fumando con Agustín Gaínza en 1950, las fotos de Pichichi, el delantero sobrino nieto de Unamuno cuyo apodo da nombre a los máximos goleadores… Todo esto y mucho más se pueden encontrar los visitantes del Museo de la Selección de fútbol. Su directora es Rocío Fernández, la primera esposa de Pedro J. Ramírez, madre de María, la primogénita del ex director de El Mundo. Ella ejerce de guía del museo para Informalia. María fue señora de Ramírez muchos años antes de que Ágatha Ruiz de la Prada entrara en la vida del fundador de El Español. Para ella, Ágatha fue la otra, igual hace tres años la diseñadora se encontró con 'la otra', la abogada Cruz Sánchez de Lara, actual esposa de Pedro J. Ramírez. Pero esto es anecdótico y la cuestión es que Rocío Fernández es una anfitriona deliciosa.

Como decíamos, una de las piezas emblemáticas del museo es la copa destrozada por Ramos en abril de 2011. Al defensa blanco se le escurrió cuando el autocar que llevaba al equipo dio un frenazo.

Y del mito de Ramos al mito de Ricardo Zamora, el portero de la primera Selección española. Nacido en Barcelona, el 14 de febrero de 1901 debutó en los Juegos Olímpicos de Amberes con enorme éxito. Tiene un espacio dedicado a él en el museo y una historia fascinante. Nos lo cuenta la ex esposa de Pedro J. Ramírez: "Le llamaban 'El divino' y llegó a protagonizar películas. Miraba a las mujeres y ellas caían fulminadas a sus pies. Fue el primer gran jugador mediático de la historia. Entonces era muy difícil ser famoso, ahora hasta una tonta de remate sale quince minutos hablando y arrasa".

El estilo de Ricardo Zamora, con un metro noventa y cuatro de estatura, marcó tendencia: "El personaje da de si para hacer hasta una exposición sobre Zamora y la moda. Todo él era un espectáculo: sus jerseys, sus rodilleras, su estilo inconfundible. Estoy enamorada de Zamora. Su circulo era el de Carlos Gardel y el de los mejores pintores de la época". Gracias al Museo de la Selección, los visitantes pueden enterarse que tras su regreso triunfal desde Amberes, en un tren de tercera que los llevó a Irún, Zamora escondió el tabaco de contrabando entre dos vagones y al comentarlo en alto un gendarme francés, este le hizo pasar una noche en comisaria en París.

Rocío está maravillada con la primera selección: "Si todavía estoy en activo me gustaría montar una exposición en el 2020 sobre ellos. La selección nació en Amberes en los Juegos Olímpicos de 1920 y cumple su primer centenario en agosto. En este Museo no estamos contando la historia de la selección, estamos contando la historia de este país".

El Museo dispone de las únicas imágenes de aquel primer equipo que hizo historia y también de la primera Eurocopa de 1964, con Franco en el palco: "Yo tengo unos cuantos años ya, y mi hija María también y sigo impresionándome cuando veo ese partido de 1964 y todo el Bernabéu se vuelve hacia Franco y le alza el brazo. Es la historia de España, desde la Copa de la República hasta la actual selección pasando por la dictadura y la Monarquía".

Aparte de las tres copas y camisetas de los mejores jugadores de todos los tiempos, conseguidas gracias a los centenares de llamadas que ha hecho Rocío, una de las vitrinas más emocionantes del Museo es la que muestra todos los balones de Adidas de los Mundiales : el tango, el jabulani, el Azteca el Telstar de los sesenta…Cada visitante, según su edad, se identifica con alguno de ellos.

También impactan los carteles realizados por grandes artistas como Miró o Chillida para las diferentes ciudades en las que se jugó el Mundial de España de 1982. O la camiseta de Amancio de 1964, con la dedicatoria: "Cuidármela bien que la quiero mucho". También está el balón duro como el acero con el que se disputó la final del primer campeonato del mundo de fútbol, una de las piezas futbolísticas más valiosas del mundo.

Y, por supuesto, las pizarras tácticas de Luis Aragonés y Vicente del Bosque. La del primero muestra una grafía nerviosa, propia de un carácter explosivo, creativo y vehemente. Las de Vicente del Bosque nos ofrecen la imagen de un hombre paciente, tranquilo y absolutamente racional.

Uno de los objetos más curiosos del Museo, junto con el Seat descapotable 1500 de Di Estéfano, son las botas de Del Bosque. Fueron ocho años sin cambiarlas mientras fue entrenador. Se caían de viejas. La marca que las fabricaba le ofreció miles de veces regalarle otras, pero nunca quiso. Cuando se retiró, las donó al Museo. Rocíó, ligada desde hace tres décadas a la selección, lo recuerda así: "Vicente del Bosque ha sido tremendamente generoso. Ha donado cosas para el Museo y ha sido una de las personas más carismáticas que ha pasado por esta federación. Durante el tiempo que estuvo trabajando aquí, ocho años, conocía cada nombre de las personas que trabajaban en la Ciudad del Fútbol".

El próximo 2020 es un año marcado en rojo en la Federación: "Va a haber Juegos Olímpicos y debutamos en ellos, va a haber Eurocopa y van a haber elecciones. Espero que siga Luis Rubiales porque quiere apoyar este Museo y el centenario".

El Museo da la oportunidad de comprobar que por muchos jugadores parecen no pasar ni los años ni las décadas. Es el caso de Julen Guerrero o Amavisca.

Y también de ver el cuerpazo que gastaba Ángel Villar, que a juicio de algunas visitantes presentes el día que hicimos este reportaje estaba bastante "buenorro". Sus piernas eran un regalo para la vista, como la elegancia de Zamora. Los futbolines Finisterre se mezclan con los futbolines ingleses, cuyos jugadores de madera solo tienen una pierna. Y a los pies de los Finisterre, el famoso futbolín de plastico que un jovencísimo Butragueño anunciaba en los ochenta.

Rocío, licenciada en periodismo por la Complutense y en Historia del Arte por la Universidad de Pamplona, destaca también otro aspecto importante del Museo: "Es interesante incluso para las personas a las que no les gusta el fútbol y tienen interés por el arte. Tenemos una magnífica colección de arte modernista o Art Nouveau. Desde una maravillosa puerta traída desde Barcelona hasta cariátides y mobiliario y obra de Segrelles, el pintor valenciano".

Y los más curioso: la vitrina que ha donado al museo Howard Webb, el árbitro que pisó el España Holanda de 2010. Ha donado todas las prendas que usó en Johannesburgo, incluso hasta las tarjetas que no sacó contra los jugadores de los Países Bajos que frieron a nuestros ilustres jugadores a patadas. Hasta sus botas tienen tierra del césped. A pesar de su arbitraje, ganamos la Copa del Mundo de 2010, el gran éxito de nuestra historia.







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