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Berlusconi se quita un peso de encima: envenenan a la testigo clave en el juicio de sus fiestas 'bunga bunga'

20/03/2019 - 11:22

Imane Fadil, modelo marroquí y testigo clave en el juicio contra Silvio Berlusconi (82) por corrupción de menores hace ocho años, enmarcado en el Caso Ruby, murió el pasado 1 de marzo a los 34 años en el hospital Humanitas de Milán tras un mes de "tormentosa agonía", según la Fiscalía. Días después de su fallecimiento, la autopsia ha revelado altos niveles de "cadmio y antimonio" y "de cromo y molibdeno" en su cuerpo, por lo que todo apunta a que murió envenenada. Se ha abierto una investigación por "homicidio voluntario".

La propia Imane temía este desdichado final. Ella misma aseguró que tenía miedo de ser envenenada en 2012, cuando intentaron comprar su silencio. Antes de fallecer, lo volvió a repetir: sugirió que alguien había preparado su muerte.

La modelo sabía que estaba en peligro. Su testimonio fue clave en los procesos del caso Ruby, la joven marroquí con el apodo de "robacorazones" que recibió siete millones de euros de Il Cavaliere a cambio de "falsamente negar haber tenido relaciones sexuales con Silvio Berlusconi" cuando era menor de edad, según dijo la acusación.

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También era una de las modelos que acudió a las fiestas 'bunga-bunga' que el entonces presidente italiano organizaba en su villa de San Martino de Arcore, próxima a Milan. "En aquella casa (residencia de Arcore) he visto presencias extrañas, siniestras. Allí dentro está el Mal, yo lo he visto, está el diablo", dijo Fadil hace unos meses al periódico Il Fatto. "Había chicas desnudas que bailaban, una, con solo un tanga, se agitaba en el suelo de modo desesperado", contaba la modelo, quien dijo que estaba escribiendo un libro para contarlo "todo" bajo el nombre Conocí al diablo. Imane también desveló que las mujeres jóvenes, incluida la asesora del político, Nicole Minetti, se vestían de monjas y hacían estriptis.

El sumario del caso señalaba de Ruby como una más del engranaje en el "sistema de prostitución" de la residencia de Berlusconi, donde las jóvenes, "algunas de ellas prostitutas profesionales, practicaban relaciones sexuales en múltiples contextos". El tribunal consideró probado que la persona que dirigía las exhibiciones sexuales de las jóvenes era el propio Silvio, quien impulsaba el denominado 'bunga-bunga', en el que los chicas se encargaban de "satisfacer los deseos del imputado".

La prensa italiana incluso llegó a decir que el poderoso empresario mantenía algo así como un harem de 33 jóvenes. Berlusconi, aplicó su famoso cinismo para dar su versión: "Aunque sin duda soy travieso, la idea de tener 33 chicas en dos meses parece un poco demasiado", dijo. También negó las acusaciones de Fadil, dijo que le parecían "inventadas y absurdas", y aseguró que ni siquiera la conocía.

El escándalo de las fiestas 'bunga-bunga' no solo acabó con el matrimonio de Berlusconi con su segunda mujer, Veronica Lario, 20 años más joven que él, sino que también supuso el principio del fin de su carrera política. Eso sí, nunca fue condenado por delitos sexuales.







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