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Hablamos con la abuela de Elena Tablada tras la boda: "Yo no quería que se casara en Cuba"

En el reportaje de la boda de Elena Tablada y Javier Ungría, publicado en exclusiva por la revista Hola, algunos invitados que asistieron a la ceremonia celebrada en la iglesia de San Juan de Letrán de La Habana no han compartido las emociones que vivieron. Es el caso de Elena Moura, de 90 años, la abuela de la novia, que abandonó Cuba en 1970 con su marido Jorge Tablada y una de sus hijas, Vivian, huyendo de la dictadura castrista.

La esposa del doctor Tablada juró que jamás volvería a la isla mientras siguiera el régimen comunista. Nunca imaginó que regresaría 48 años más tarde y muy a su pesar con la dictadura aún vigente, aunque sin un Castro al mando.

"Yo no quería que mi nieta se casara en Cuba, les pedí que lo hicieran en otro lado", cuenta la abuela, la primera Elena de la saga Tablada, "pero ella se empeñó y además eligió San Juan de Letrán, donde su abuelo y yo nos casamos hace 71 años. Imagínate lo que yo sentí cuando entré en aquella iglesia donde a los 19 años me convertí en la esposa del hombre que me hizo tan feliz y que tanto me quería. Nos queríamos tanto, que Jorge quiso que nos casáramos cuando todavía no había terminado la carrera de Medicina. Mí papá le dijo que esperara a ser licenciado pero él no quiso y nos casamos. El choque emocional al entrar allí, no lo puedo describir. Y como la iglesia estaba llena de flores y decorada preciosa, no había ninguna diferencia con mi boda. Yo sólo le pedí a Dios que Elena y Javier fueran tan felices como lo hemos sido sus abuelos".

El reencuentro de la abuela con la ciudad que nunca apartó de su memoria fue otro torrente de emociones incontrolables. La Habana que habían dejado en el año 70 era hermosísima y las penurias del régimen todavía no habían hecho los estragos que hoy la han convertido en una ruina penosa. "Mis hijas me llevaron engañada a la casa preciosa donde yo vivía con mi marido y que hoy ocupa una empresa suiza. Salió por allí una persona, le explicaron quiénes éramos y me invitó a entrar, pero no quise verla por dentro. Por fuera estaba fea y el jardín descuidado, no tiene nada que ver con el nuestro, que tanto cuidábamos".

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