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El encuentro del rey Juan Carlos I y Mohamed bin Salman en Abu Dabi no fue casual: estaba previsto y duró más de lo que nos cuentan

29/11/2018 - 9:18

Media España, diputados de Ciudadanos y de Podemos incluidos, cuestionaba esta semana la tristemente famosa fotografía del rey Juan Carlos con Mohamed bin Salman el domingo en Abud Dabi. Ante la ola de críticas por el nuevo despropósito del emérito, PP y PSOE cerraron filas aludiendo al carácter privado del encuentro, mientras que Zarzuela restaba importancia al asunto y explicaba que "no tuvo trascendencia institucional alguna", y que tuvo un carácter estrictamente protocolario. El heredero saudí está presente este fin de semana en Buenos Aires, en la cumbre del G-20, donde, entre otros muchos mandatarios se encuentra Pedro Sánchez.

Sin embargo, ahora se publica que tras la fotografía del saludo de don Juan Carlos I con el príncipe saudí, sospechoso de estar detrás del asesinato del periodista Jamal Kashoggi, hay una cita perfectamente programada, tal y como adelanta Voz Populi.

Recordemos que la instantánea recoge solo un segundo de la apretada agenda del heredero de la corona saudí: pero la realidad es que la reunión en el circuito de Yas Marina durante el Gran Premio de F1 estuvo lejos de ser un encuentro casual y mucho menos aislado.

Bin Salman vivió aquel domingo una larga jornada de trabajo, de la que formaron parte una serie de encuentros en el circuito emiratí. En contra de lo que se ha dicho, el que mantuvo con el rey emérito no se limitó al saludo que trascendió. Tal y como publicábamos aquel mismo día, el saludo a don Juan Carlos fue estratégicamente  elegido para presentarlo como imagen al exterior, mucho más eficaz de cara a Occidente que el que mantuvo con el líder checheno y amigo de Putin, Ramzan Kadyrov, del que no se vieron imágenes.

La presencia de Bin Salman allí estaba enmarcada en una ronda de visitas oficiales por estados árabes antes de partir hacia Argentina para la cumbre del G-20, de modo que sin ninguna duda la información de que el heredero saudí estaría allí era conocida por responsables diplomáticos, incluidos los españoles. De hecho, la ronda de Bin Salman tuvo después de Abu Dabi continuidad en Egipto y Túnez, donde su fabuloso poderío económico le ha ayudado a abierto puertas y conversaciones para arropar su presencia en Buenos Aires tras el asesinato del periodista. El príncipe lucha cotrarreloj para que al menos una parte del mundo árabe no le boicotee en ese importante encuentro. Todo esto implica que la agenda del príncipe era conocida en medios diplomático de todo el mundo. Si funcionarios de Exteriores conocían la presencia del príncipe saudí, es poco probable que no se lo comunicaran al rey emérito, directa o indirectamente. Y si no lo hicieron, peor. Y si no tenían la información, peor todavía.

Una vez informados de la presencia de Bin Salman en el circuito, y dada la conexión de amistad entre entre ambas casas reales, resulta imposible que ignoraran el hecho de que el encuentro iba a producirse. Por muy privado que fuera el viaje del rey Juan Carlos, al que fue acompañado de su hija la infanta Cristina, debería haber evitado saludar en público al príncipe Bin Salman, quien aprovechó para distribuir la imagen gracias a su poderoso aparato de propaganda. Por fin tenía su selfie con una personalidad del mundo occidental de la talla del rey español. 

La novedad, que ha salido a la luz ahora, es que, además de tomarse la foto con don Juan carlos, departió, en privado y por un tiempo "no superior a los diez minutos" con el padre de Felipe VI.

Fuentes oficiales de la corona saudí apuntaban en los últimos días a que uno de los objetivos de la ronda de Bin Salman por los países del entorno era transmitir un mensaje de tranquilidad tras la crisis generada por las noticias en torno al asesinato del periodista, conocido por su actitud crítica con el régimen.

Arabia Saudí abraza a España como su aliado occidental tras el sórdido caso Kashoggi. Aunque don Juan Carlos no ocupe la jefatura del Estado desde hace más de cuatro años, una imagen vale más que mil palabras. Si bien un personaje como Donald Trump no tiene reparos en 'perdonar' a quien su propio servicio de inteligencia tacha de asesino, sería impensable que líderes europeos como Angela Merkel, Macron o Theresa May, y no digamos la reina de Inglaterra, se dejaran retratar junto al presento instigador del descuartizamiento del columnista de The Washington Post. Llueve sobre mojado en España porque la fotografía se suma al contexto del reciente contrato firmado por la pública Navantia con Arabia Saudí, que finalmente asume la compra en una primera entrega de cinco corbetas españolas.

Mohamed Bin Salman no solo se reunió aquel domingo con don Juan Carlos. El príncipe heredero se vio con el líder checheno Ramzan Kadyrov, próximo al presidente ruso Vladimir Putin. Sin embargo, su entrevista con Bin Salman fue discreta. 

Hace apenas seis meses que el propio Felipe VI recibía en su despacho del Palacio de la Zarzuela al príncipe heredero saudí. Bien es verdad que por entonces no había ocurrido el asesinato en Turquía del periodista del Washington Post pero por entonces Mohamed bin Salmán era ya representante de un país cuyo régimen político es una monarquía teocrática y absoluta, donde los derechos humanos o la igualdad de la mujer son pisoteados con impunidad ante la comunidad internacional. También estaba ya implicada Arabia Saudí en la cruenta guerra que extermina a mujeres y niños en Yemen. Nada de esto impidió que el pasado 12 de abril se firmara el acuerdo de colaboración con España para la compra de material de Defensa: bombas y fragatas. 

Pero es que el trato al representante de semejante dictadura no se limitó a la cordialidad habitual de las relaciones diplomáticas. Felipe VI otorgó al príncipe Mohamed categoría de jefe de Estado sin serlo. Sonrisas y comentarios distendidos prueban la cercanía entre las dos casas reales, continuidad de la que mantienen los padres de ambos. El monarca español y su esposa agasajaron al heredero saudí con un almuerzo en el Palacio Real al que asistieron el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, varios ministros y destacados empresarios. El almuerzo que tuvo lugar en el Salón de Columnas del Palacio Real incluyó que los 200 invitados presentaran sus respetos al heredero al trono saudí en el besamanos, aunque, como ya hemos dicho, no se trate de un jefe de Estado. Por cierto que Mohamed hizo esperar aquel día al jefe del Estado, a su esposa doña Letizia, al presidente del Gobierno, a la vicepresidenta ya varios ministros media hora, el tiempo que se retrasó el invitado respecto del rígido horario previsto. Todo sea por vender bombas y fragatas. 


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