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'Amiga' de Letizia, enamorada y bailaora: así es la campeona Carolina Marín

6/08/2018 - 13:51

La jugadora de bádminton ha hecho historia este domingo al proclamarse campeona del mundo por tercera vez después de imponerse en China a la india Shindu Pusarla por 21-19 y 21-10. Dentro de las pistas todos conocemos su técnica y su mentalidad de ganadora, sin embargo, su vida personal es un misterio. Te mostramos cómo es Carolina Marín (25) fuera de las pistas.


Nacida el 15 de julio en 1993 en Huelva, Carolina María Marín Martín, es hija única y de padres separados. Aunque parezca que nació con una raqueta bajo el brazo, descubrió el bádminton por casualidad, cuando una amiga le invitó a una pista. Desde entonces empezó a combinarlo con otra de sus grandes pasiones, bailar flamenco. A los 12 años tuvo que elegir y se decantó por la raqueta.

Dos años más tarde, tomó una de las decisiones más difíciles de su vida: se marchó de Huelva para vivir en la residencia Blume y entrenar en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid. En aquel momento conoció al que hoy sigue siendo su entrenador, Fernando Rivas. "Acuérdate de lo que me dijiste con 14 años cuando llegaste a la Blume. Acuérdate de esa niña. Una niña de 14 años me dijo lo que quería ser, este es tu sueño", le dijo su entrenador en la final olímpica para motivarla y que lograra remontar el partido.

Además de Rivas, en su equipo de trabajo también hay un optometrista, ya que el bádminton es el deporte de raqueta más rápido que existe y la visión es un aspecto clave.

En Madrid, entre entrenamiento y entrenamiento conoció el amor. El afortunado es Alejandro Carrasco, con quien vive en un piso del centro de la capital junto a sus dos perros, Thori y Suki. Él fue uno de los que más la apoyó cuando hace unos años falleció su abuelo, un varapalo muy duro que vivió a distancia y le afectó mucho. 

Su ídolo, como no, es Rafa Nadal, con quien se asemeja por su carácter luchador y competitivo. De hecho, su lema de vida es "puedo porque pienso que puedo". Con esta frase como carta de presentación, Carolina se ha convertido en un fenómeno de masas en Asia, donde este deporte adquiere una gran relevancia. Allí es "como Messi o Cristiano", tal y como ha comentado muchas veces la deportista. 

Carolina cuida cada detalle dentro de las pistas, hasta sus gritos. "En general, a las asiáticas les influye mucho cuando les gritas porque ven que sigues ahí luchando, que no te rindes. Si no lo haces, piensan que estás apagada y se refuerzan", ha explicado en diversas entrevistas.

En el año 2014, después de haber ganado su primer mundial, la reina Letizia la recibió en palacio y le pidió su número de móvil. ¿El motivo? Letizia quería que Carolina le diera clases a Leonor y Sofia. A pesar de que finalmente la princesa y la infanta no recibieron las lecciones de la jugadora, lo cierto es que la mujer de Felipe VI apuntó a sus hijas a bádminton para que siguieran los pasos de Marín.

A pesar de todos sus éxitos, su plan ideal es bien sencillo: "Apagar el móvil, tirarme en la playa y unas gambitas de Huelva, no como otras". Fuera de las pistas, se considera "muy abierta, simpática, alegre, le encanta reírse y pasarlo bien con sus amigos". "Trato de disfrutar al máximo de mi familia, ya que debido a la distancia no puedo estar con ellos todo lo que me gustaría", ha comentado alguna vez.

Carolina no olvida su tierra natal. Es rociera y socia simpatizante del Recreativo de Huelva de fútbol. Cada medalla que conquista se la ofrece la Virgen del Rocío y cuando regresa a casa, se las pasa por el manto para que le ayude. Juega con una cadena de la Virgen del Rocío y la inicial de su nombre y pertenece a la Hermandad del Matriz de Almonte.







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