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Cristina Cifuentes y su jefa de gabinete: Thelma y Louise contra el mezquino Granados

19/02/2018 - 15:49

La madrileña Marisa González Casado es la persona que ha gestionado el tsunami que Francisco Granados lanzó contra su jefa, señalándola como presunta amante de su antecesor, Ignacio González. Gracias a la habilidad de la mano derecha de Cristina Cifuentes en asuntos de comunicación tan peliagudos como éste, pocos medios han aludido a las connotaciones políticas y procesales que tendría la supuesta relación personal del ex presidente y la sucesora, y se han quedado con conceptos como machismo o miserable, un búmeran que se ha vuelto contra quien lanzó la bala.

Cristina Cifuentes nunca terminará de agradecer a su querida Marisa González Casado su apoyo durante la que fue la peor época de su vida: tras el grave accidente que el 20 de agosto de 2014 estuvo a punto de costarle la vida. Fueron días de parches de morfina y mucha rehabilitación. Marisa González Casado, hoy jefa del Gabinete de la presidenta, está con Cifuentes desde que ocupaba el puesto de delegada del Gobierno en la capital. Hoy, la periodista de 51 años es tan amiga de su jefa, la presidenta de la Comunidad de Madrid, que hay gente que desde hace tiempo las llama Telma y Louise, en alusión a la célebre película de Ridley Scott protagonizada por Susan Sarandon y Geena Davies, allá por 1.991. 

Por aquel entonces, Marisa ya estaba política. Entró a trabajar hacia 1.989 en el gabinete de prensa de Alberto Ruiz-Gallardón, el mismo que casi un cuarto de siglo después prescindió de sus servicios cuando fue nombrado ministro de Justicia por Mariano Rajoy. Era diciembre de 2011 y en menos de dos semanas la entonces delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, la recogió y la fichó. Marisa había sido la artífice del cambio de imagen de Gallardón, su jefe en el ayuntamiento, la comunidad o el senado, tanto en etapas de Gobierno como en la oposición.

Durante 24 años, Marisa transformó a Gallardón en un político centrado, con apariencia menos conservadora de la que podía esperarse del yerno de José Utrera Molina, ministro y vicepresidente en diferentes gobiernos de Franco, fallecido en 2017 a los 91 años. Curiosamente, fue abandonar a Marisa y convertirse en la cara más ultraconservadora del Ejecutivo de Rajoy, hasta el punto de caer defendiendo una ley del aborto tan a la derecha que fue desautorizado por Moncloa y dejó la política.

Marisa es madre de tres hijos, está separada de su primer marido, se lleva bien con el segundo y en la actualidad está con un periodista de El Independiente. Ella es quien ha conducido a su jefa por tertulias y vericuetos mediáticos hasta convertirla en una republicana de derechas, con no más carga conservadora que la que pueden soportar sus socios de Ciudadanos, un híbrido parecido a Gallardón antes de que se hiciera antiabortista radical y le pillaran en el entierro del padre de su mujer viendo cantar el Cara al Sol a unos exaltados junto a una nieta de Franco.

Marisa ha sabido una vez más manejarse bien en una crisis como la que ha provocado la declaración de Paco Granados y según la cual, al margen de las presuntas implicaciones de Cifuentes con la caja B del Partido Popular, fue señalada como amante de Ignacio González. Una querella fulminante contra el que fuera secretario general del PP en Madrid y el mantra de que se trataba de una miserable maniobra machista del presunto corrupto han neutralizado de momento el tsunami gracias también a un peregrinaje de la presidenta por distintos medios para defender su honor, repeler el golpe y escenificar su indignación en multidifusión. 

Gracias a la maestría de Marisa, mano derecha de Cifuentes, el ataque perpetrado por Granados es puro machismo, además de "una cerdada". Pocos han reparado en que la presunta difamación de Granados llevaba aparejada a la vez la implicación de Ignacio González, tan casado con su mujer como Cifuentes con su marido. Injuria y calumnia, puede ser, pero ¿machismo? ¿Contra Lourdes Cavero, la mujer de Ignacio González?

Éste es solo uno de los charcos de los que ha sacado Marisa a su jefa; charcos mediáticos, se entiende, porque del otro la sacará la Justicia, como corresponde. La directora de Gabinete de la Presidenta de la Comunidad estaba allí, en la sombra, cuando la dimisión de Esperanza Aguirre de la Presidencia del PP de Madrid abrió camino a Cifuentes, a la vez que Cristina aparecía como azote contra la corrupción desde dentro del PP, aun siendo la sucesora de Ignacio González, y de su mismo partido. Cierto es que Cifuentes no solo ha contado con su Marisa para hacerse con el poder del PP en Madrid: la inestimable ayuda de los tribunales ha jugado un gran papel a su favor. Al menos, hasta ahora.


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