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Ducado de Franco y Señorío de Meirás: ¿Debe Felipe VI mantener los títulos a la familia del dictador?

  • Los Reyes, ausentes en el funeral de Carmen Franco

El funeral en memoria de Carmen Franco, celebrado el pasado jueves en la iglesia más social del madrileño barrio de Salamanca, contó con más de mil asistentes. Hubo presencias y ausencias llamativas que dan pistas sobre la curiosa relación de Carmen Franco y sus hijos con la alta sociedad española, la aristocracia y los Borbones, que no acudieron.

La nobleza, partidaria en gran medida del derecho de don Juan de Borbón al trono de España que Franco le negó, siempre dio la espalda al general que sometió a España desde que tomó el poder por la fuerza de las armas hasta que falleció con casi 83 años. Sin embargo, el trato personal de los nietos de Franco con los aristócratas de su generación suavizó las tensas relaciones entre El Pardo y los grandes títulos nobiliarios promonárquicos. Por eso, en la iglesia de los Jesuitas de la calle de Serrano, coincidieron nobles como Pilar González de Gregorio, hija de la duquesa de Medina Sidonia, los duques de Terranova, Gonzalo de la Cierva y Patricia Olmedilla, Jaime de Marichalar, ex cuñado de Felipe VI pero muy amigo de Carmen Martínez-Bordiú, Konstantin de Bulgaria, hijo del ex rey Simeón, Jaime Fitz–James Stuart Soto, ex marido de María Chávarri, o Ioannes Osorio, duque de Albuquerque.

Todos ellos entran más o menos en el radio de edad de los nietos de Franco y han coincidido en los mismos colegios o en las mismas fiestas de juventud o actos sociales. También acudieron Cayetano Martínez de Irujo y su hermano Fernando, hijos de la duquesa de Alba, amigos personales de Jaime y Cristóbal Martínez Bordiú. 

Lejos queda el tenso incidente que enfrentó a Franco con el duque de Alba en 1.943, cuando Jacobo, padre de Cayetana, recibió dos mensajes del Caudillo en los que Franco le pedía que su hija Carmen y la hija del duque (futura duquesa de Alba) celebraran juntas su puesta de largo en una gran fiesta en La Granja de San Ildefonso. Recordemos que la madre de Eugenia Martínez de Irujo y la de Carmen Martínez-Bordiú eran de la misma quinta, la de 1.926. Al primer mensaje, Jimmy Alba ni siquiera contestó. Al segundo, lo hizo con un escueto: "Todavía hay clases". Solo un duque de Alba podía ofender a Franco en 1.943. Finalmente, Carmencita hizo su presentación en sociedad en La Granja de San Ildefonso, en una fiesta cursi, convencional y llena de uniformes franquistas. Y Cayetana se puso de largo en Sevilla el 27 de abril en el palacio de Las Dueñas, donde se dieron cita el flamenco, las mujeres más elegantes y la mejor sociedad de todo el mundo. La crónica de esta fiesta se publicó en el Times de Londres y en The New York Times.

Otro asunto muy distinto es la relación entre los descendientes del dictador y la Casa Real. Se ha comentado mucho estos días la sonada ausencia de los reyes de España, actuales y eméritos, en el funeral de Carmen Franco. Sí que acudió don Juan Carlos, siendo jefe del Estado, y acompañado de la reina Sofía, al entierro de Carmen Polo, la viuda de Franco, en 1.988, ya en plena democracia, como recogen estas portadas de Hola y Semana. 

Sin embargo en la actualidad no es habitual su presencia en actos fúnebres, excepto cuando se trata víctimas del terrorismo o grandes catástrofes, o los de parientes muy cercanos y hombres de estado como Adolfo Suárez. Don Juan Carlos y doña Sofía sí presidieron la misa por la duquesa de Alba en Madrid. Y es que el padre de Cayetana fue uno de los grandes apoyos personales y económicos de don Juan de Borbón, exiliado en Estoril, y don Juanito iba a bañarse a la piscina del palacio de Liria cuando estaba de vacaciones escolares en Madrid.

Hay un respeto (o temor, tal vez) entre la Casa Real y los Franco. Después de todo, fue el dictador quien eligió a don Juan Carlos como sucesor a título el rey. Y don Juan Carlos premió a su viuda y su hija con títulos y grandezas de España. Felipe VI le quitó el ducado de Palma a su hermana Cristina por Caso Nóos cuando la infanta ni siquiera estaba juzgada, aunque fue finalmente absuelta.

En España, cuando Francisco Franco se hizo con el poder tras el golpe de estado y la Guerra Civil, se retomó la concesión de títulos nobiliarios que habían sido abolidos durante la II República. Franco se apoyó precisamente en la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, promulgada en la dictadura, para dar apariencia de legitimidad a que su sucesor fuera Juan Carlos de Borbón, más tarde legitimado en las urnas y convertido en rey de una monarquía constitucional. Franco se permitió el lujo de conceder títulos (54 en 36 años). Juan Carlos I concedió un total de 51, tres menos. Así, además de los títulos de la viuda y la hija de Francisco Franco, intituló a destacados personajes de la transición, entre ellos dos ex-presidentes del Gobierno, la cultura, la ciencia o las artes.

Ni Felipe VI ni su padre se han atrevido a tocar los privilegios nobiliarios de Carmen Franco, hija de un gobernante dictatorial, juzgado por la Historia y las democracias de todo el mundo como un tirano implacable. Conviene recordar que Juan Carlos I otorgó este título apenas una semana después de que falleciera Franco, cuando España aún no era una democracia y por tanto no estaba legitimada en las urnas.

Al mismo tiempo, Juan Carlos otorgó a la viuda de Franco, Carmen Polo, el título de Señora de Meirás, y así explicó el porqué de la concesión: "Queriendo dar una muestra de mi Real aprecio y testimoniar los sentimientos de afecto y admiración a la egregia figura de doña Carmen Polo de Franco, de singular relieve en una gloriosa etapa histórica de nuestra Patria", tal y como consta en el Decreto-Ley 18/1975, de 26 de noviembre, o sea, seis días después de fallecer el general. 

Puede llegar a comprenderse que en el contexto de aquellos días el Rey premiara de algún modo a la familia directa del dictador quien, al fin y al cabo, le había colocado como sucesor. Sin embargo, resulta más complicado pensar en 2018 que el actual Rey esté de acuerdo en el motivo para otorgarlo, o sea que el franquismo fue "una gloriosa etapa histórica de nuestra Patria", como se justifica oficialmente en la concesión de uno de los títulos que entregó su padre a los Franco, y que siguen vigentes.

Si Felipe VI retiró a su propia hermana el título de duquesa de Palma, otorgado por su padre con motivo de su boda con Iñaki Urdangarin, por qué no retira una distinción tan importante como el ducado de Franco, con grandeza de España? ¿Cuáles son los méritos de los Franco? ¿Conllevan el ducado de Franco y el Señorío de Meirás unos méritos que el jefe del Estado de una monarquía constitucional y democrática debe apoyar?

Hoy en día, el golpe de Estado de Franco y muchas de sus acciones durante su dictadura serían terrorismo puro y duro, cuando no crímenes de lesa humanidad, amén de otros muchos delitos. Sería impensable que el actual estado alemán no retirara las distinciones, si las tuviera, a cualquier descendiente de Hitler, o que Italia hiciera lo mismo con los familiares de Mossolini.

Es potestad del Rey mantener o retirar los títulos otorgados a la familia de Franco. Mantenerlo podría interpretarse como refrendar el franquismo y sin embargo retirarlo sería un claro mensaje de tu talante democrático. Al funeral de por Carmen Franco no acudieron los Reyes, ni los eméritos, ni nadie de la familia del Rey si exceptuamos a María Zurita o Jaime de Marichalar. Pero sí hubo singulares asistentes. El golpista Antonio Tejero fue recibido a los gritos de ¡Viva España!

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No se entiende la relación ya que ni en Italia ni en Alemania hay monarquí­as para otorgar o quitar tí­tulos

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