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Simeone se llevó un disgusto cuando fue a ver desfilar a su novia Carla Pereyra

  • Encontronazo con Jesus Mariñas

Diego Simeone aplaudió este domingo el desfile de Custo Barcelona desde la primera fila de los invitados vip pero aseguró que la protagonista de la tarde era su novia Carla Pereira, que a sus 29 años fue la encargada de abrir la pasarela del diseñador catalán, presente por primera vez en la Mercedes Fashion Week madrileña.

Cuatro meses después del nacimiento de su hija, la modelo argentina vuelve a la moda en plena forma, aunque asegura que le queda un poco para recuperar completamente su espléndida figura. Hace unos días se estrenó en la última edición de Simof, la pasarela flamenca, y el domingo Carla desfilaba para Custo, la firma que más expectación despertó en Madrid, donde nunca había estado presente.

El entrenador del Atlético de Madrid, de 46 años, contento por el último triunfo del equipo rojiblanco, comentó que venía a acompañar a su pareja para apoyarla en una tarde importante, pero no quiso quitarle protagonismo y no la acompañó después al kissing room, la sala donde diseñadores, modelos, amigos y los invitados vip toman una copa y se encuentran con la prensa después de cada desfile.

En lugar de compartir allí estrellato con su novia, Simeone pasó discretamente a felicitar a Carla a la zona de backstage antes de abandonar el recinto y dejar que ella posara con Custo y hablara con la prensa en solitario.

Pero Simeone se encontró con la sorpresa del griterío que estaba organizando el periodista Jesús Mariñas, que se coló en la trastienda del desfile intentando hacer una foto de la pareja. A pesar de que la organización le advirtió de que Carla y Diego sólo se saludarían y no estaba previsto ningún posado, el periodista dijo palabras despectivas para unos y otros, insultó y prometió venganza a los que acompañaban a Carla, llamó "zorra" a su representante e hizo llorar a una joven que trabaja para Custo. Simeone estaba desconcertado y disgustado y Carla pasó un mal rato. La alegría de una tarde triunfal acabó en lágrimas, nervios y un mal trago para muchos.

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