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La infanta Elena, desolada, pasó el cumpleaños del rey Juan Carlos en un tanatorio

  • Muere la madre de su mejor amiga

La primogénita de los Reyes eméritos ha comenzado el 2017 sufriendo un duro golpe tras la muerte a los 90 años de Isabel de la Cierva Osorio de Moscoso, hija de los duques de Terranova y madre de su íntima amiga, Rita Allendesalazar, condesa de Ventosa. Su fallecimiento se produjo durante la madrugada del pasado 5 de enero, por lo que pasó gran parte de la jornada del jueves en el tanatorio de San Isidro. Curiosamente, ese mismo día celebraba su padre, el rey Juan Carlos, su 79 cumpleaños.

Desde el momento que le fue comunicada la trágica noticia, doña Elena no se separó de su amiga, acudiendo a todos los actos con su hija Victoria Federica, como si una más de la familia se tratase. Tras su presencia en el tanatorio, la Infanta acudió a la misa que se celebró a las 12 y media de la mañana, a la que también asistió la Infanta Margarita, hermana del Rey emérito, y su marido, Carlos Zurita, según desvela El Mundo.

Al día siguiente, Elena de Borbón compareció de nuevo a las 9 y media de la mañana en la misa corpore in sepulto celebrada en el mismo tanatorio por el padre Álvarez de Toledo, cuñado de Rita. Además, también estuvo presente en el entierro que tuvo lugar en el cementerio de San Isidro.

De esta manera, Elena se ha volcado con su amiga, la condesa de Ventosa. Y es que Rita Allendesalazar es uno de los mayores apoyos que tiene la Infanta, quien suele pasar numerosos fines de semana en la finca que la aristócrata y su marido, José María Álvarez de Toledo, coronel de la Guardia Real, poseen en Segovia. Ellos fueron quienes más la respaldaron durante el difícil trance de su divorcio de Jaime de Marichalar.

Pero no solo Rita fue un gran apoyo para ella. Su fallecida madre también tuvo un papel muy importante en su separación. Isabel de la Cierva prestó su ayuda a la Infanta, que incluso dejaba a sus hijos, Victoria Federica y Froilán, en su casa de la calle Ayala, en Madrid, para que los niños no percibieran las tensiones que se vivían por aquel entonces.

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