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Fran Rivera se despide de Víctor Barrio recordando a su padre, 'Paquirri'

  • Dedica unas palabras al torero fallecido

El diestro ha querido dar el último adiós al torero fallecido con unas cariñosas palabras en su última entrada en 'Las cosas mías', su blog de la revista ¡Hola!. Y es que la muerte de Víctor Barrio le ha traído a la memoria la figura de su padre, Francisco Rivera, 'Paquirri'.

"Siempre que nos deja alguien bueno el mundo es un poco peor. Nos ha dejado Víctor Barrio, torero por la gracia de Dios. Un hombre joven, demasiado joven, lleno de ilusión", comienza diciendo Fran Rivera.

El torero, que sigue en los ruedos a sus 42 años, entiende la pasión que llevó a Barrio a perder la vida en la plaza después de que "días llenos de sacrificio y constancia por conseguir hacerse un hueco en una profesión donde los sueños se pagan con sangre", mientras que sus noches "eran noches de soñar, soñar con parar el tiempo con su percal, de dibujar círculos infinitos en el albero. De soñar con su hermano el toro, su hermano que da su vida por nuestra gloria, por inmortalizar esa obra de arte viva. Pero un hermano que te pide, te exige que tú también estés dispuesto a ese sumo sacrificio, y que a veces hace pagar ese alto precio llevándose a un hombre bueno al cielo de los toreros", escribe Fran.

No obstante, el torero sabe lo difícil que resulta explicar a la familia su pasión por el toro: "Pero cómo explicárselo a su familia, a sus amigos. Cómo explicarles que ya no van a poder abrazar a su hijo, a su marido, que ya no van a poder reír con su amigo y todo por un sueño, el sueño de ser torero".

Lo sucedido a Barrio le ha recordado a la tragedia de su padre en Pozoblanco en 1984, tal y como él ha relatado: "No pasa un solo día que no eche de menos a mi padre, lo necesito. Necesito compartir con él cada momento con mis hijas, cada alegría, sentirle cerca, echo de menos su voz, sus abrazos, que conociera a Lourdes, que jugara con sus nietas y las malcriara. Lo echo muchísimo de menos".

A pesar de todo, Fran sabe que su padre prefería morir así, toreando: "Pero sé que está en el cielo de los toreros, que murió donde él quería, que murió en una plaza de toros. Estoy seguro que si le hubieran dado a elegir, habría elegido justo eso, el poder mirar a la muerte cara a cara y decirle: 'Aquí estoy, me voy contigo. Dejo a mis hijos, a mi familia, a mis amigos, pero los dejo porque soñé con ser torero, los dejo por amor a ellos, por dejarles la mejor herencia que se puede dejar, mi legado es este. Vivir una vida entregado a un sueño, entregado a mi profesión en la cual nunca dejé de luchar, la amo y amo a mi hermano el toro, el que todo me lo da, y el que tiene el derecho a quitármelo todo. Todo no, porque dejo lo que fui, mi lucha, mi sacrificio y mi decisión de vivir y morir como lo que soy, porque un día soñé que quería ser torero'".

Por último, el diestro sentencia con emoción: "Los buenos se van demasiado pronto y los que nos quedamos solo podemos echarles mucho de menos, pero mientras no les olvidemos siempre estarán vivos. Hay que recordarlos cuando riamos, cuando estemos disfrutando de esos momentos que sabemos que a ellos tanto les gustaban, recordarlos contándoles a los más pequeños cómo eran, cómo vivieron. No pasa un día que no le hable a mi hija Cayetana de su abuelo y ella me pregunta cosas, ya le tocará a Carmen, porque hay que hablar de ellos con alegría aunque de vez en cuando se nos escape una lágrima, porque el mundo sin duda es peor sin ellos".

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