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La viuda de Barrio: "Víctor me pidió que defendiera su honor si le pasaba algo"

  • Primera entrevista de Raquel Sanz

Raquel Sanz ha hablado. Tras la trágica muerte de su marido, el torero Víctor Barrio tras recibir una cornada en Teruel, y en mitad de la polémica por los impresentables desprecios de algunos antitaurinos radicales, la viuda ha comentado cómo vive este revuelo mediático: "Serán seres, pero no son humanos".

Raquel aún no se ha hecho a la idea de que Víctor Barrio se ha ido para siempre: "Creo que está en el campo y que va a volver en cualquier momento. No me hago a la idea. Doy gracias a que estoy muy bien acompañada. Lo malo será un poquito después. Es que él es mi vida", declara en El Mundo. Soñaban con formar una familia: "Teníamos muy claro que queríamos una familia, y es lo que más me duele no haberle podido dar y no haberlo podido disfrutar. No quiero ni pensarlo. Él era tres años más joven que yo. No había prisa. Siempre lo aplazábamos, pero ahora en septiembre yo ya le iba a decir sí o sí".

Recuerda, emocionada, la tarde que lo perdió, la de este sábado. Ella estaba en la plaza de Teruel: "Él no estaba bien psicológicamente. No salió contento del penúltimo tentadero y yo le animaba. Le dije que toreara como él sentía, que lo diera todo. Y eso hizo".

Raquel llora su pérdida en casa, rodeada de amigos y familiares que tratan de protegerla de un enfrentamiento contra los antitaurinos más radicales (que han incluso celebrado la muerte del joven torero segoviano) al que ella, especialista en redes sociales, quiere plantar cara: "Para mí son seres, pero no son humanos. No me duele, lo que realmente me duele es que no volveré a ver a mi Víctor, pero la ley está para cumplirla y si se puede hacer algo, lo vamos a hacer". Es una batalla para la que está preparada: "Víctor me lo pidió hace tiempo. Un día vimos las reacciones de los antitaurinos tras una cornada y le dije que si alguna vez él se encontraba herido en un hospital, yo iría a un abogado con cada tuit, cada comentario, para acabar con cada uno de ellos de la manera que sea posible. Y me dijo que por supuesto. Lo quería Víctor y lo quiero yo".

No fue el único deseo de su marido: "Él se cabreaba muchísimo cuando aparecían fotografías de un torero en la cama de un hospital y me dijo que no quería que nadie entrase a su habitación si le pasaba algo, no quería que lo viesen así. Nunca había sufrido una cornada y ahora mira. Lo que le ha pasado a mi Víctor le puede pasar a cualquiera", concluye Raquel.

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