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Julie Gayet ejerce su influencia en el Elíseo

7/12/2015 - 11:29

No entra por la puerta principal del palacio ni ejerce de Primera Dama en actos oficiales, pero la prensa francesa asegura que "susurra" a Françoise Hollande por las noches para manejar el mundo del séptimo arte a su antojo como ya adelantó Informalia en Octubre.

Julie Gayet está considerada como una mujer con carácter, feminista, bien conectada con el poder económico y muy, muy lista. Tanto como para ocupar un discreto segundo plano de cara a la opinión pública francesa pero poder ejercer su "poder" en la intimidad. La actriz y directora es la responsable en la sombra de algunas de las últimas decisiones que ha tomado Françoise Hollande relacionadas con el cine y el arte. Por ejemplo, parar la iniciativa de algunos miembros del Gobierno de reintroducir la publicidad a partir de las ocho de la tarde en la televisión pública o evitar los recortes a la Radio France, dirigida por Jean-Luc Hess, gran amigo de Gayet.

Esta situación no es nueva ni tampoco desconocida en el país vecino. Hace unos meses, un proyecto de la sociedad que ella misma fundó, Rouge International, fue uno de los cuatro seleccionados por el Ayuntamiento de París para reconvertir un edificio histórico en un complejo cinematográfico. Una situación que molesta y frente a la que Julie Gayet ha decidido guardar silencio: "Mi elección es no tomar la palabra porque se utiliza para perjudicar a alguien", declaró a Le Monde la novia de Hollande.

La imagen de Julie Gayet aparecía a finales de octubre  por todo París: ella es la protagonista del cartel publicitario de una serie de televisión llamada Dix pour cent y las marquesinas de los autobuses recuerdaban a cada paso a la novia de Hollande. No es la primera dama de Francia pero es la mujer que duerme junto al presidente de la república francesa en el Elíseo. Desde que hace casi dos años estallara el escándalo de su relación con François Hollande, la actriz interpreta en la vida real el papel de una misteriosa amante cuyo estatus público es indefinido. Por ello encontramos situaciones como la que vivieron Felipe VI y Letizia en su visita a París, cuando el jefe del estado vecino ejerció en solitario de anfitrión ante los reyes. Hasta las rígidas normas de protocolo pueden rediseñarse a la medida de los mandatarios s'il faut. La revista L'Obs llevó a su portada a Julie Gayet hace dos meses y se preguntaba cuál es su verdadero rol.

Julie Gayet se parece a una primera dama de Francia en que su pareja es el jefe del estado y en que ha asistido a algún desfile de haute couture en París para apoyar la moda gala, acto sagrado de patriotismo que ha heredado de predecesoras suyas que sí portaban el 'carné oficial': Distinguidas inquilinas del palacio del Elíseo como la anterior pareja (no casada) de Hollande, Valerie Trierweiler, Carla Bruni, Danielle Mitterrand o Claude Pompidou ejercieron de madrinas de la moda en la capital mundial de la industria más chic. Pero, como en el caso de la mujer de Nicolás Sarkozy, Julie Gayet es hoy una celebridad en Francia muy cercana al cuché. No era así antes de estar con Hollande. Gayet no tiene por tanto ningún cargo y sin embargo se da por hecho que Gayet ha organizado almuerzos en el Elíseo para facilitar determinados contactos de Hollande con diversas personas, aunque luego no ha ejercido como anfitriona de estos encuentros.

El concepto primera dama no existe desde el punto de vista legal en Francia. Su uso -eso sí- se ha generalizado entre los medios de comunicación para referirise a la cónyuge o pareja del presidente de la República, y cuya residencia oficial es el palacio del Elíseo. Pero no cuenta con un estatus oficial ni se recoge en la constitución francesa de 1958 ni en ningún otro texto que oficialice el cargo. Gayet y su pareja están obsesionados con un imposible: que su relación sea privada, siendo ella actriz y siendo de facto la pareja del hombre que manda en Francia. Esta semana la revista L'Obs le dedica su portada: Julie Gayet, sus redes, sus ambiciones, su verdadero papel, reza el titular en primera. En páginas interiores la publicación pone en boca de un experto en cine que antes era una actriz sin demasiada importancia para los críticos pero que sin embargo ahora su influencia ha crecido más allá de lo que cabría esperar por sus trabajos como intérprete y productora.

El verdadero protagonista de la historia es inevitablemente el presidente francés, compungido tras el escándalo que protagonizó junto a su antigua compañera, Valérie Trierweiler. Recordemos que Hollande la echó del Elíseo a través de un comunicado, y luego ella desveló aspectos íntimos de la vida del presidente en su libro Merci pour ce moment. De ahí la insistencia del presidente por repetir que no hay primera dama, y que su vida privada no le interesa a nadie. No todos los franceses opinan igual y por mucho poder que acumule el jefe del estado, al final, en una república presidencialista, son los ciudadanos los que pueden hacerle a él a través de sus votos lo mismo que él le hizo a Valerie cuando se enamoró de otra.

Julie Gayet no solo reside en el Palacio del Elíseo (al menos están confirmadas largas estancias) sino que disfruta de una protección policial y otras prerrogativas. Este legítimo y lógico blindaje de la amada de Hollande presenta sin embargo algunos aspectos que sí pueden entenderse como públicos. Por ejemplo, su protección cuesta dinero público. En el país de María Antonieta (sí, era austriaca pero...), también se preguntan los franceses si esa mujer ejerce algún tipo de influencia sobre la política del presidente de la República, al menos sobre la política cultural, o si se beneficia de su proximidad a Hollande para desarrollar su trabajo. Para la revista no hay duda. Y no se trata de cuestiones menores. ¿Fue sugerida por Julie Gayet la decisión del Gobierno socialista de aumentar un euro la cuota de derechos de autor para financiar la radio y la televisión pública? En otros casos los interrogantes dan paso a las afirmaciones porque hay pruebas de que Gayet está detrás:

La opción de recuperar la publicidad a partir de las 20 horas en la televisión pública para poder financiarla se truncó después de que se hiciera pública una carta de la Sociedad de Autores, Realizadores y Productores, que protestaban esa opción como una amenaza para la creación. "Esa opción, que percibimos como conservadora, desestabilizará violentamente el paisaje audiovisual y será nefasta para la financiación de la creación", decía la nota que iba firmada por una serie de directores y productores. Uno los nombres que figuraba entre los firmantes era el de Julie Gayet.

L'Obs pone otro ejemplo de la poderosa influencia de Gayet sobre las decisiones de Holande: Jean-Luc Hees, antiguo patrón de Radio France, atravesaba por un complicado momento económico en su empresa pero Hees, que había sido nombrado por Sarkozy, no tiene contacto con Hollande. Pero sí con Julie Gayet. A ella le contó su problema y ella organizó un encuentro con el presidente. Fue en otoño de 2012, cuando aún no se sabía que la actriz y el presidente francés mantenían ya una relación íntima (Valérie Trierweiler era feliz como 'reina' del Elíseo). Tal vez por eso la cita con el presidente de Radio France fue concertada a las 8 de la mañana en un apartamento cercano al Elíseo. Hollande se despidió tras una hora de reunión: "Yo me voy a marchar, pero usted espere tres minutos antes de salir", dijo el presidente, según la revista francesa. Semanas después, Hees recibió una buena noticia: su presupuesto había sido salvado de los recortes.







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