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Isabel Preysler ya no vende Villa Meona

27/10/2015 - 9:26

"No sé a quién le ha dado la manía de repetir que vendo mi casa. No es verdad. Estoy encantada aquí y no tengo intención de vender o cambiar", ha declarado Isabel Preysler, que sale al paso así de los rumores que apuntaban a que vendía por nueve millones de euros su residencia madrileña de Puerta de Hierro, bautizada como Villa Meona por los 14 baños que tiene. Al contrario, la novia de Mario Vargas Llosa desvela que está acondicionando y decorando la zona de la mansión que ocupará el escritor cuando regrese a Madrid desde Nueva York para terminar de escribir junto a ella su novela con más contenido erótico: Cinco esquinas.

Ni está escuchando ofertas ni planea deshacerse de ella por unos nueve millones de euros: la filipina se queda a vivir en la casa que compartió durante más de dos décadas con Miguel Boyer. Se trata de una imponente vivienda de 1.370 metros construidos y 5.000 de parcela que compró en 1988.  Fue el domicilio familiar de los Boyer Preysler. Se calcula que el mantenimiento de Villa Meona, que necesita varias personas de servicio, cuesta alrededor de 24.000 euros mensuales.

Ahora está a punto de convertirse en el romántico nido de amor de Preysler-Vargas Llosa, después de que la pequeña de la casa, Ana, hija del exministro fallecido, se vaya a vivir con su novio, el tenista Fernando Verdasco. Por cierto que Isabel aseguró el otro día que su hija no se marcha de casa ante la llegada del 'sustituto' de su padre, sino que lo hace porque quiere dar una paso más en su relación con el tenista. Otras versiones apuntan a que Ana Boyer no quiere compartir techo con el hombre que llegó al corazón de su madre apenas un año después de fallecer su padre.

Lo que finalmente confirma la propia Isabel con sus declaraciones a Abc es que Mario Vargas Llosa no volverá a su residencia provisional en el hotel Eurobuilding de Madrid cuando termine sus conferencias en la universidad de Princeton y que se instalará en Villameona.

La mansión que ahora será testigo de la historia de amor entre el premio nobel peruano y la socialité fue mostrada a toda España en una exclusiva para recordar, hace justo ahora 23 años. Preysler y sus hijas Tamara y Ana, entonces una niñas, posaban junto a su madre.

Miguel Boyer no quiso prestarse al juego. Según se publicó, el exministro y su mujer pagaron entonces 111 millones de las antiguas pesetas (667.000 euros) por el inmueble. 

Situada en la avenida más importante de Puerta de Hierro, Villa Meona está edificada en dos alturas. La planta baja consta de un vestíbulo con chimenea, un recibidor con claraboya, otro salón principal, biblioteca, un comedor grande y otro más pequeño para los niños. En la segunda hay 13 dormitorios, un cuarto de estar, un magnífico despacho que ahora podrá utilizar Vargas Llosa, una sala de estar para los niños y un cuarto de juegos.

Fuentes consultadas por Informalia sostienen sin embargo que Isabel Preysler sí hizo gestiones durante el pasado vernano para deshacerse de su casa. Por tres razones: primero, porque en un principio, no era del agrado de Vargas Llosa como residencia para compartir con su nuevo amor debido a que allí había vivido décadas de matrimonio con el anterior esposo de Isabel; segundo, porque es demasiado grande para una pareja sola, dado que los hijos se han ido, incluida la única que quedaba, ya que Ana Boyer, se marcha de allí; y tercero porque la crisis habría afectado a Isabel, cuyo tren de vida seguía siendo muy fuerte a pesar de que los contratos publicitarios y las exclusivas se habían reducido antes de conocerse su romance-bomba. Aparte, dicen que su aventura con las cremas no ha funcionado como se esperaba.

La propia Isabel Preysler declaraba al programa Callejeros en 2013 que "la crisis ha llegado a todos los lados. Dicen que al lujo un poco menos, pero también se nota. Yo me aprieto el cinturón, todos nos lo apretamos. Soy consciente de la realidad española. Lo estamos todos pasando mal. No te creas que en mi casa no. En mi casa también lo pasamos mal y gente que yo tengo cercana también".

En aquel reportaje que indignó a más de uno la socialité lucía un vestido de Elie Saab valorado en 15.000 euros y, aunque casada con un exministro de Economía y Hacienda, pocos creyeron que esta mujer pudiera entender realmente lo que era pasarlo mal para llegar a fin de mes.

Sin embargo sí era cierto que ya no ingresaba lo de antaño. La enfermedad de Miguel Boyer, que sufrió un ictus en febrero de 2012, obligó a Isabel a alejarse de los focos. Ya no posaba apenas para vender sus exclusivas y alguna marca que la habían apoyado contando con ella como imagen ya no quiso renovar sus contratos (los joyeros Suárez).

Todo cambió cuando este verano Isabel Preysler renació como Ave Fénix después de saltar la bomba: a los pocos meses de morir su marido, Miguel Boyer, vivía un romance con el premio nobel peruano Mario Vragas Llosa, casado con Patricia Llosa. Interviú publicó que, según un agente experto en la negociación de exclusivas, la primera imagen de la pareja había costado cerca de un cuarto de millón de euros: era una de ella y el Nobel de espaldas en Hola. Y se da por hecho que Isabel cobró de ese dinero.

Antes había estado en Inglaterra con Porcelanosa, y luego llegarían las fiestas de Porcelanosa en Nueva York, el posado-no posado de una fiesta Portugal, el acuerdo con la prestigiosa joyería catalana Rabat... Dicen que la gran exclusiva está por llegar. ¿Alguien se imagina el precio de la exclusiva del enlace de Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa? Eso queda lejos pero Isabel, que no da puntada sin hilo, ya habló la semana pasada de boda, aunque fuera para advertir que antes hece falta divorciarse.







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