Actualidad

'JFK: Caso Revisado': Oliver Stone vuelve a Dallas pero, ¿para qué?

Treinta años después de estrenar una de sus mejores películas, JFK: Caso Abierto (1991), Oliver Stone sigue obsesionado con el ocultismo con que las autoridades estadounidenses manosearon el magnicidio más famoso de la historia y cómo usaron todo tipo de estratagemas para, según Stone, engañar al pueblo estadounidense. El resultado es JFK: Caso Revisado, un documental exhaustivo, que por momentos llega a ser agotador por la cantidad de información que ofrece. Deja en el espectador una sensación de déjà vu pero sin Kevin Costner como interlocutor, como sucedió en la cinta de 1991.

El asesinato de Kennedy en Dallas, pasó de ser un hecho histórico a convertirse en un episodio que forma parte de la cultura general en todo el mundo, por las circunstancias que rodearon su muerte en una época en la que América empezó a perder la inocencia. Como tantos, su muerte violenta a plena luz del día en Dallas es un hecho fascinante.

Para Oliver Stone se convirtió en una obsesión, que se podría definir como política, para conocer la verdad. El filme no es un homenaje del director a sí mismo, aunque no duda en aparecer en pantalla. El germen de JFK: Caso Revisado tiene buenos pilares: los documentos que, en 2021, las autoridades estadounidenses desclasificaron. Son más de 1.000.

Stone vio allí un filón para avivar la teoría de la conspiración, ya que se muestran los sucesivos fallos del FBI y la CIA: la teoría de la bala mágica, los registros de la autopsia y la teoría, la más certera de todas, de que Lee Harvey Oswald actuó azuzado por otros, aunque terminó siendo considerado un "chivo expiatorio". 

Lo malo es que todos estos informes no prueban nada que ya no se supiera. Ni siquiera Stone quiere mojarse sobre quiénes eran las mentes pensantes de lo que sucedió en Dallas, el 22 de noviembre de 1963. Ni siquiera acierta a profundizar sobre la figura de Jack Ruby, un mafioso de tercera que le disparó a Oswald y que estaba en custodia policial por asesinato. Se intuye que Ruby era otra marioneta pero, ¿manejada por quién?

De lo que nadie puede dudar es de la maestría detrás de la cámara de Stone, de su capacidad para guiar a los montadores y reordenar las imágenes de archivo. Stone ha hecho de la provocación un arte mundano y sabe aprovechar sus cualidades como cineasta para no soltar al espectador. Sin embargo, en esta ocasión el que está al otro lado de la pantalla tiene que desconectar su mente para coger aire y tomar impulso, a pesar de su ritmo frenético de la producción.

Quien esto escribe, desde Madrid, años después del magnicidio, se rindió a la evidencia idílica de que con él se iba lo que los estadounidenses denominaron Camelot, la fortaleza del Rey Arturo. Le idolatraba como muchos de ellos. Casi tanto como el cineasta, aunque tengo mis dudas sobre si admiraba a Kennedy o si sus cintas nacen de la tirria que tiene a la CIA y al FBI. Por esa razón salgo de ver JFK: Caso Revisado sin saber si es un documental necesario o otra demostración del ego de Oliver Stone. Quizá me vincula con el director una relación de dualidad entre el amor y el odio.

comentarios0WhatsAppWhatsAppFacebookFacebookTwitterTwitterLinkedinlinkedin