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La mansión mallorquina que ha llevado a Boris Becker a prisión: el sueño convertido en pesadilla

El tenista alemán es un enamorado de la isla de Mallorca y tras pasar varios años veraneando en sus costas decidió comprar una fabulosa mansión en Artà. Para ello solicitó un crédito de un millón de euros y encargó una serie de reformas que nunca llegó a pagar. Fue denunciado por los constructores y proveedores y ahí comenzó una investigación que ha terminado este viernes con la entrada a prisión de Boris Becker por ocultación de bienes. La casa de sus sueños, finalmente, se ha convertido en su pesadilla.

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Adquirió Son Coll en 1997. Era una finca de lujo con 2.900 metros cuadrados, piscina, pista de tenis, gimnasio, establos y una edificación para el servicio y los invitados, además de la casa principal. Los problemas para su propietario comenzaron en 2003, cuando el Tribunal Superior de Justicia de Baleares le obligó a demoler gran parte de lo construido en las reformas, pues las obras se habían realizado sin permiso y saltándose los límites de edificación estipulados en las licencias. Además, el extenista tuvo que pagar más de medio millón de euros en multas por varias infracciones urbanísticas.

En 2012, la propiedad salió a subasta por el impago de los 276.000 euros que adeudaba a la empresa que diseñó y mantuvo los jardines de Son Coll. Un acuerdo con los denunciantes en el último momento permitió al tenista paralizar la venta de la propiedad, que fue tasada por el juzgado en 8,5 millones de euros. Tan solo dos años después, otra deuda de medio millón de euros con la empresa que realizó las reformas volvió a poner la finca en subasta. De nuevo, un pago de última hora le permitió conservarla. El tenista intentó vender la finca, primero por 15 millones de euros y después por siete millones, pero no lo consiguió.

Todo empeoró en 2017. Boris fue declarado en bancarrota por un juzgado londinense y solo un año después, la finca fue okupada por una comuna liderada por Georg Barres. La Guardia Civil no pudo desalojarlos hasta el 2020. Desde entonces, la finca está abandonada a su suerte y Becker no ha vuelto a pisar la isla salvo para acompañar a su hijo durante una exposición de arte en una galería en Palma, en agosto de 2021.

Boris Becker, en prisión

En 2017, el que fuera asesor deportivo de Novak Djokovic había adquirido deudas por valor de 60 millones, muchas de ellas relacionadas con esta mansión mallorquina. Se declaró insolvente y comenzó una investigación que ha finalizado este viernes demostrando que no lo era. El ex tenista había intentado ocultar una casa por valor de 1.5 millones de euros ubicada en Leimen (Alemania), 830.000 euros, 75.000 acciones en una empresa tecnológica, trofeos de tenis y 820.000 euros de un préstamo concedido por un banco de Liechtenstein. Además, transfirió 463.000 euros de su cuenta a otras, incluida las de dos de sus ex mujeres, Barbara Becker y Sharlely Becker.

El alemán ha sido declarado culpable de cuatro cargos y condenado a dos años y medio de prisión. La jueza, Deborah Taylor, ha sido especialmente dura con él en su sentencia: "No ha mostrado remordimiento, aceptación de culpa y ha buscado distanciarse de la acusación y quiebra. Si bien acepto su humillación como parte del procedimiento, no ha habido humildad".

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Ser tenista juvenil famoso es una cosa y ser empresario otra muy distinta. Algunos deportistas profesionales lo consiguen y otros no. Además, la legislación urbanística de Mallorca es de locura y te has de asesorar muy bien por un arquitecto que la conozca a fondo para remodelar una masía o tendrás muchos problemas con la administración. Demasiados líos para un tenista que no sabe más que jugar al tenis y se le ha pasado la edad. Boris Becker puede acabar en la cárcel y en la ruina. Tal vez la vida le dé una segunda oportunidad y pueda rehacer su trayectoria deportiva como modesto entrenador de tenis de segunda, aunque de momento todo lo tiene en contra y es difícil que remonte esta pelota de partido. A veces se ha comentado que estos brillantes jugadores juveniles son ídolos con los pies de barro. Lo de los okupas en España no tiene nombre. Simplemente incalificable. La casa la habrán dejado hecha una ruina y se van se rositas. Tienen la justicia a su favor, si es que se le puede llamar justicia. Vaya legisladores podemitas, pero a ellos no les toques el chalet de Galapagar.

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