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Así era Martha Mitchell, la mujer que contribuyó a hundir a Nixon y levantó el escándalo Watergate

"Estoy convencido de que si no hubiera sido por Martha, y Dios la tenga en su gloria, porque era una buena persona que tenía problemas mentales y emocionales que desconocíamos, no hubiera habido Watergate", dijo Nixon en una entrevista que concedió al periodista David Frost. Pero, ¿quién era Marta Mitchell, la esposa de fiscal general de Nixon? Era de todo menos discreta y ya con Mitchell en el centro del poder, no quería pasar inadvertida. Pasada de copas, solía llamar a periodistas para contarles lo que había oído en llamadas de teléfono y lo que había leído en los documentos de su esposo. Y sin quererlo, o sí, destapó el escándalo Watergate, lo que le llevó al descrédito y el ostracismo.

Nacida en el estado sureño de Arkansas, tenía fama de no morderse la lengua y lo demostró con creces cuando Martha Mitchell se casó con un prometedor abogado, John Mitchell, en 1957. Once años después, se convirtió en Fiscal General del Estado de Nixon y, poco después, fue miembro del comité de reelección del presidente republicano, conocido como CRP.

Más allá de los chismes que contaba en las entrevistas televisivas, los periodistas la adoraban por lo franca que era, hasta el punto de decir que John comparaba las manifestaciones pacíficas en contra de la guerra de Vietnam con la Revolución Rusa o que "el conflicto de Vietnam apestaba", por lo que se convirtió en una mujer temida por el Gobierno. Sin embargo, lo peor estaba por pasar.

En 1972 montó la mundial. Cinco personas fueron descubiertas en el interior del Comité Nacional Demócrata en Washington en junio. Se dedicaron a robar documentos, poner micrófonos...

Martha se enteró al leer Los Angeles Times de que una de las personas detenidas era James McCord, que había sido guardaespaldas y conductor de su hija. En el CRP, era director de seguridad. La mujer empezó a atar cabos y llamó inmediatamente a su esposo, que no le contestó al teléfono. Le dijo a sus asistentes que la siguiente llamada sería a la prensa.

Secuestrada y golpeada

Ahí empezó la pesadilla. Michell no le respondía y ella decidió llamar a una de sus periodistas y confidentes favoritas, Helen Thomas, una reportera de United Press, para desahogarse. La llamada se cortó y no la volvió a recuperar.

Marcia Kramen, una veterana periodista de crónicas policiacas, afirmó que la secuestraron en la habitación de un hotel en Los Ángeles. Allí se encontraron a una "mujer golpeada, con marcas negras y azules en sus brazos. El abogado de Nixon llamó a un médico para que le inyectase un tranquilizante porque quiso huir por el balcón". 

El 'efecto Martha Mitchell'

No le faltó tiempo para contárselo a los reporteros. Los colaboradores de Nixon pasaron al contraataque y le dijeron a la prensa que "tenía un problema con la bebida", algo que era cierto. Además sugirieron que estaba ingresada en un hospital psiquiátrico. De ahí salió el término psicológico 'efecto Martha Mitchell'. En él, un profesional especializado en salud mental llega a la conclusión (nunca se ha demostrado su veracidad) de que los sucesos que relata la paciente son producto de un delirio transitorio.

En los posteriores juicios del Watergate se la llegó a definir como un chivo expiatorio. En 1973, John Mitchell se separó de ella y le dejó en su cuenta corriente 789 dólares. Entraron en una disputa legal. La carrera de su exesposo acabó poco tiempo después, acusado y encarcelado por el Watergate. 

En ese año la salud de Martha empeoró. Con solo 57 años falleció de cáncer, concretamente de un mieloma múltiple. 

Ella es una de las muchas caras B del 'escándalo Watergate'. Lo que fue un caso político de primer orden, se quedó en una crónica social de un matrimonio que había fracasado. 

Su verdadera historia sale reforzada gracias a la serie Gaslit, que tiene como protagonistas a Julia Roberts y Sean Penn y que ya se puede ver en la plataforma Starz.

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