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'El hombre del norte', una épica vikinga absorbente en la que reina Nicole Kidman

Mejor no confundirse: llevada en volandas por una campaña de publicidad descomunal, The Batman estaba llamada a ser una de las películas del año. Y es así, sobre todo por el envoltorio. Sin embargo, El hombre del norte ya ha presentado la candidatura al mejor filme de 2022. 

Su director, Robert Eggers, viene avalado por títulos como El faro (2017). El reparto de la cinta es de esos que quitan el hipo: Alexander Skarsgård (uno de los intérpretes de la serie Succession, en antena desde 2018), Nicole KidmanEthan Hawke (Antes del anochecer, 2013), Anya Taylor-Joy (Gambito de dama, serie que se convirtió en uno de los fenómenos de 2020), Willem Dafoe, que en 2021 intervino en El callejón de las almas perdidas, y la cantante Björk, que tuvo una presencia destacada en el año 2000 en Bailando en la oscuridad.

Desde que se estrenó la serie Vikingos, el espectador, y también la industria, se encontró con un vivero de argumentos, que se alejaban de las distopías y las producciones basadas en cómics. Hay alguna excepción honorable, como la cinta Los Vikingos (1958) en la que Kirk Douglas ejerció de productor ejecutivo y de protagonista.

El hombre del Norte se aleja de su esquema narrativo, como era de esperar. La de Douglas era más romántica y menos violenta. La que ha dirigido Robert Eggers se adapta más al gran público de estos años -escenas violentas, relaciones cruentas- pero sin ser tramposo con la esencia de la película. Su duración, 2 horas y 16 minutos, puede ser excesiva a pesar de que sea una cinta de puro entretenimiento. Sin embargo, hay algunos momentos en que se siente cierto agotamiento.

La película es, por encima de cualquier descripción, una historia de venganza. Ambientada en el siglo X, en Islandia, Eggers ha cuidado de una forma espléndida y creíble cómo se debía vivir en aquellos tiempos. Se cuenta la historia de una dinastía marcada por el odio y la búsqueda irracional de poder. Porque en el filme los personajes raramente planifican, simplemente actúan.

Frente a la reflexión, la acción. Ethan Hawke y Nicole Kidman -cada vez más alejada de los estándares de Hollywood-, encarnan a un rey y a una reina vikingos que ya están preparando su sucesión. El elegido es Amleth (Alexander Skarsgård). Pero antes de que puedan ejecutar su plan, el hermano del rey, Fjönir, mata al Rey (Hawke) y recluye a la reina (Kidman). El plan falla cuando los secuaces de Fjönir no logran asesinar a Amleth, que a medida que cumple años se vuelve en un hombre resentido y huraño que únicamente piensa en aniquilar a su pariente. Le acompaña una mujer que encuentra en el camino.

Aparte de los actores antes citados, se agradece la presencia de Dafoe, como un bufón, y Björk, que no se despoja de sus rasgos creativos, interpretando a una bruja sin ojos. Es una pena que su aparición dure tan poco en el metraje final.

Estos mimbres forman parte del cesto creativo de Shakespeare. Concretamente, de Hamlet. Pero solo como inspiración, ya que Eggers va directamente al meollo: las escenas de batallas, en las que se nota que sabe mover la cámara hasta crear una coreografía coherente con lo que se está contando. No faltan las escenas teñidas de sangre y órganos (a veces parece una casquería), degüellos y demás trapacerías. 

Como decíamos hace varias líneas, el principal problema del filme es su extensa duración porque en un momento dado pierde fuelle. Es como si el director, que siempre se ha rodado con presupuestos muy ajustados, víctima de la culpabilidad, quiere justificar los más de 55 millones euros de presupuesto y empieza a rellenar la trama con un romance prescindible. Al espectador le quedarán en la retina las vistosas secuencias de acción, las interpretaciones más que acertadas y varias píldoras de historia.

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