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La reina de las comedias románticas, Julia Roberts, opta por los dramas: ¿Por qué no hace más comedia?

En los últimos años ha bajado su ritmo de trabajo por sus hijos. Y las cintas que ha elegido, Agosto (2012), Wonder (2017) y El regreso de Ben (2018) son todas dramas, así como la serie de televisión Homecoming, que empezó en 2018. ¿Será que Julia Roberts ha decidido que a sus 55 años ya no tiene edad para protagonizar comedias? No es un problema existencial, la actriz ha declarado que los guiones que le proponen no están a la altura de otros títulos que ha protagonizado. Ahora regresa al género junto a George Clooney.

Hace 20 años que no se le ve en una comedia romántica. Y el único Oscar a la Mejor Actriz que ha ganado en su carrera fue por un dramón Erin Brockovich (2000). También estuvo nominada en tres ocasiones más por Magnolias de acero (1989), Pretty Woman (1990) y Agosto (2013).

Julia Roberts, con esa amplía sonrisa que parece que aloja más dentadura que la mayoría de los mortales, empezó a ser idolatrada en Estados Unidos con frases resultonas -seguro que detrás de su autoría está un astuto publicitario- como "La sonrisa de América" o "La novia de América".

En 1990, empezó a adquirir el status de estrella por su papel en Pretty Woman, un personaje que le alzó a los altares de Hollywood y ¿por qué no decirlo? relanzó la carrera de Richard Gere. Dirigida por Garry Marshall, Roberts era una prostituta de Los Ángeles a la que un hombre de buena posición, Edward (Gere), la contrata como acompañante. Lo que se trataba de una relación profesional rápidamente se convierte en una historia de amor. La dimensión del éxito en la Meca del Cine se estipula por la taquilla y Pretty Woman no pudo ser más rentable: con un presupuesto de casi 13 millones de euros, recaudó más de 428 en el mundo.

Woody Allen le persigue por Venecia en el musical Todos dicen I Love You (1996), una comedia muy particular, pero, como suele ser un hábito en Allen, dotada de un guión ingenioso y bien escrito.

La segunda comedia romántica que hizo suspirar a los espectadores fue La boda de mi mejor amigo (1997). Tanto Roberts, que se metía en la piel de la amiga del novio, como Cameron Diaz, la futura esposa, se comen plano a plano al objeto de su amor, interpretado por Dermot Mulroney. De nuevo, otro pelotazo: su presupuesto fue de 35 millones de euros y recaudó casi 278. 

Después llegó Notting Hill (1999) y Roberts encontró al que posiblemente fue su mejor partenaire: Hugh Grant. Él era un modesto librero del barrio londinense de Notting Hill y ella interpretaba a una sosias suya: una actriz muy querida que viaja a Inglaterra para la promoción de su próxima película y quiere pasar inadvertida en su vida privada. De nuevo les sonríe la taquilla. Si el gasto fue de 36 millones de euros, la recaudación superó los 336. 

Como comenta la actriz en una entrevista que ha concedido a The New York Times: "La gente a veces  malinterpreta la cantidad de tiempo que he pasado sin hacer una película romántica como si no quisiera hacer una. Si hubiese leído algo que tuviera el nivel de escritura de Notting Hill o la diversión alocada de La boda de mi mejor amigo, lo haría". 

Empezó a verlo venir en Me gustan los líos (1994), que le reunió con Nick Nolte para encarnar a dos periodistas rivales que poco a poco se enamoran. La cinta fue una nadería. La puntilla llegó con Novia a la fuga (1999). El director Garry Marshall reunió de nuevo a Richard Gere y Julia Roberts. Es un título muy deficiente, en el que un redactor visita un pueblo en que la novia es recalcitrante, ya que siempre huye en caballo antes de pisar el altar. 

Ahora vuelve a una comedia con Ticket to Paradise, que impregna conquista y romance. Además de que creía en la calidad del guión, solo tenía una exigencia que añadir: quería trabajar con uno de los actores más buscados de la Meca del Cine. Y ese no era otro que George Clooney: "Pensé, bueno puede que sea un desastre porque esto solo funciona si es Clooney y él sintió que solo funcionaría conmigo". 

Su reflexión es que: "Se logró. Me encanta reír y ser graciosa. Entras en ese modo en el que las endorfinas se disparan cuando eres inteligente y a la gente le encanta. Entonces, esa sensación se convierte en un automatismo porque siempre estás pensando en crear diversión. Y es un placer, ya que ha pasado demasiado tiempo sin hacer un filme como este".

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