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Daniel Guzmán reinventa el cine de perdedores de barrio con el humor de 'Canallas'

El actor Daniel Guzmán se reivindica como un director atípico con Canallas, una crónica que rezuma humor y crítica social con descaro, a partir de la vida de unos buscavidas que no se desprenden del gen de la mala suerte a causa de tomar decisiones equivocadas.

Bares de barrio donde los obreros recién llegados de trabajar se beben sus copas de Soberano, fuman farias y juegan al mus; billares donde la masculinidad se ponía a prueba, que no la virilidad; madres que, cuyas sopranos, llaman a sus hijos desde los balcones porque ya es hora de recogerse, campos de fútbol sin asfaltar al igual que muchas calzadas... Aunque no sale mucho en Canallas, algo parecido era la Orcasitas infantil donde vivieron los protagonistas del filme (espléndidos Daniel Guzmán, Luis Tosar y el debutante Joaquín González).

La película esta dirigida por Daniel Guzmán -un actor familiar para los espectadores por la serie Aquí no hay quien viva- y menos conocido por su faceta como realizador y guionista a pesar de que ganó el Goya al Mejor Director Novel en 2015 por A cambio de nada.

Quizá hubieran querido dejar Orcasitas, pero ya se sabe que la vida viene sin libro de instrucciones y siguen allí. Se reencuentran 20 años después. No han perdido ni el gen de la picaresca y su vocación frustrada de canallas.

Brujo (Guzmán) y Luisma (Tosar) están el paro, pero nunca están quietos pensando en nuevas trapacerías, al tiempo que Joaquín González, que debuta en el cine interpretándose a sí mismo, se vende como un empresario. La realidad es que habita en el barrio con su familia y está a punto del desahucio, por lo que los tres se unen para evitarlo.

Como director, Guzmán no tiene complejos. Lo que podría ser un dramón se transmuta en una comedia, con golpes de humor inesperados, que no ocultan una crítica social sin pretensiones. Muchos la relacionan con el apesadumbrado cine quinqui nacido en la democracia, aunque está más cerca de la picaresca española e incluso de algunas cintas, cuyo guionista era Rafael Azcona.

Canallas es una desvergüenza autoconsciente de Guzmán, que no recurre al humor de trazo grueso, ni tampoco busca que los que la ven se rían de la esencia de los personajes: unos tipos con mala suerte (buscada o no) con ideas peregrinas para intentar acceder a otro estatus social. Los diálogos, muy bien escritos, rezuman frescura y naturalidad. No hay nada impostado en este título, con toques costumbristas que aún están muy presentes en nuestro país. Canallas merece suerte en la taquilla y en los premios del próximo año.

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