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El Paseo de la Fama de Hollywood se redime hoy de un error histórico: por fin las manos de Coppola quedarán inmortalizadas

Cualquier cinéfilo de postín o simplemente un aficionado del cine estaba convencido de que Coppola ya tenía un lugar de honor en el Paseo de la Fama. Muchos la buscaron sin encontrarla porque no existía. Fue una lamentable amnesia de los responsables de este turístico lugar de Hollywood que hoy se ha subsanado al utilizar como percha el 50 aniversario de "El Padrino".

En los años 70, Coppola era el niño bonito de Hollywood, el penúltimo clásico de una industria que necesitaba savia nueva que se apartase de los clichés con el fin de no perder la ascendencia entre los espectadores maduros. Y ahí estaba un barbudo que respondía al nombre de Francis Ford Coppola, que hoy, con la excusa del medio siglo desde que se estrenó "El Padrino", por fin está en el Paseo de la fama. Pero él sabe que, pesan más los cheques de los grandes estudios, que los méritos cinematográficos.

"La forma en que funciona es que cuando se estrena una película, el estudio que la financió o distribuyo paga por poner tu nombre en la calle. Dado que he financió y distribuyó mis propios filmes, nunca he tenido la suerte de que un estudio se hiciera cargo de ese evento", ha dicho a Variety.

En 1972, el aplicado guionista y director, alcanzó el cielo cinematográfico con "El Padrino" (1972). Producida por Paramount Pictures y basada en la novela de Mario Puzo (de la que dice Coppola que fue un proyecto alimenticio), el director la pulió para convertirla en un drama "shakesperiano" en el que un patriarca (Vito Corleone) valora quién de sus hijos le sucederá.

Para el casting, Coppola le echó un pulso a Paramount. Él quería que Vito fuese interpretado por Marlon Brando y un desconocido Al Pacino a su hijo Michael, aunque la productora optaba por Robert Redford o Dustin Hoffman, entre otros. El director se impuso y no le salió nada mal. El título ganó tres Oscar de empaque: el de Mejor Película, Mejor Guión y Mejor Actor de Reparto para Marlon Brando.

Les arroparon Joan Cazale, James Caan, Robert Duvall y Diane Keaton. Más allá del prestigio, en 1972 fue un éxito de taquilla. Con un presupuesto de 6 millones dólares logró más de 136 solo en Estados Unidos. A Coppola ya no había nadie quién le tosiese, aunque él afirmó: "Pensé que iba a ser un fracaso, porque era una película que iba contra la corriente que lo que estaba pasando en el momento. No estás haciendo lo que todos esperan o quieren que hagas".

En 1974 rodó "El Padrino II" y "La conversación". Ya era el productor de sus propias películas. Coppola era reacio a dirigir "El Padrino II", que se desarrolla en dos dramas paralelas. La crítica se dividió al hablar de su calidad. Hoy en día, para muchos es la mejor de la trilogía. Sin embargo gano seis Oscar: Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor de Reparto (Robert De Niro), Mejor Guión, Mejor Dirección de Arte y Mejor Música Original para Nino Rota.

Más intimista, es un drama de suspense que estuvo nominada a tres estatuillas. Coppola pudo hacer historia ganando tres Oscar el mismo año.

Y llegó "Apocalypse Now" (1979), una película basada en una obra de Joseph Conrad en la que de nuevo cuanta con Marlon junto a Martin Sheen Robert Duvall. Como dijo Coppola durante la presentación del filme en el Festival de Cannes: "Esto no es una película sobre Vietnam, es Vietnam". A uno de sus protagonistas, Martin Sheen -que interpreta a un oficial de EEUU que tiene la misión de asesinar a un coronel con una excéntrica filosofía de la vida- le dio un infarto; se consumía todo tipo de drogas en el rodaje y Brando exigió no compartir ninguna escena con Dennis Hopper. La película es como un puñetazo en el estómago: pocas veces la guerra traspasaba la pantalla y atrapaba al espectador en un conflicto que, según Coppola, el heroísmo era una utopía: como mucho era el salvoconducto para potenciar los bajos instintos en un entorno de impunidad.

Coppola se llevó la peor bofetada de su historia con "Corazonada" (1981), un musical pintón, en el que brillaba su ejercicio de estilo y que tuvo de musa a Nastassja Kinski. Fue un ejercicio de humildad para él: miró su cuenta corriente, ya era millonario, e invirtió todo su dinero en la cinta, y se arruinó.

Sus películas anteriores (incluida "El Padrino III"  - 1990 - las realizó únicamente para saldar sus deudas, aunque algunas son más que estimables como "Rebeldes" y "La ley de la calle", rodadas ambas en 1983). Tiró de oficio para "Jardines de piedra" (1987), "Tucker: un hombre y su sueño" (1988) e incluso "Drácula de Bram Stoker" (1992). Ahora quiere, a sus 83 años, despedirse el séptimo arte con "Megalópolis", para la cual invertirá 120 millones de dólares.

Con falsa modestia, y puede que en un ataque de sinceridad, dice que el Paseo del Fama, en el que entra hoy, debería ser para George Lucas, "se lo merece. Yo le daré la mía". De Spielberg no dice lo mismo, aunque le admire profundamente, ya la tiene.

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