Actualidad

William Hurt, el hombre tranquilo que nunca se resignó a ser una marioneta de Hollywood

La cámara se apagó para William Hurt, que falleció este domingo a los 71 años. Pero su recuerdo permanece. Hay escenas que pasan al disco duro de lo que fuimos y lo que aspirábamos a ser. Iban moldeando, no solo tus gustos cinéfilos también tu personalidad. Hay una de William Hurt ("Fuego en el cuerpo", 1981) acompañado por Kathleen Turner en una bañera, desnudos, proponiendo al espectador una escena erótica en la que no se veían nada pero sugería todo. En parte, porque Hurt, que aunque no se limitaba a ningún registro era uno de esos actores que tenían como máxima "menos es más", siempre en función de los personajes que le proponían.

Nada era obvio en él: mostraba una virilidad serena que no necesitaba reafirmarse con gestos o acciones sobreactuadas y participaba en películas maduras con un aroma clásico en un tiempo, los 80, en que a Hollywood se le hacían chiribitas con películas de acción y tramas infantilizadas. Lo malo es que él no era complaciente y estaba ajeno a las modas.

Encontró a un director que se convirtió en su amigo y su cómplice en su empecinamiento por rodar clásicos contemporáneos: Lawrence Kasdan, con el que rodó "Fuego en el cuerpo", esa que caldeó todas las salas en los que se proyectó (y a sus espectadores).

Del cine negro pasó al drama nostálgico y desgarrador en "Reencuentro" (1983), una reunión de viejos amigos de la universidad que varios años después han pasado de la rebeldía a ser unos integrantes más del sistema. El reparto era para enmarcar: Hurt, Kevin Kline, Glenn Close, Tom Berenger y Jeff Goldblum.

Años después, en 1988, la triada Kasdan-Hurt-Turner se volvió a reunir en "El turista accidental". El actor se metía en la piel de un escritor que escriba guías de viajes para hombres de negocios. Profundamente aburrido, la pasión que destilaban Hurt y Turner en "Fuego en el cuerpo" ya eran cenizas.

Cuando rodó esta cinta ya era un hombre considerado en la industria y con un Oscar bajo el brazo por ventura de "El beso de la mujer araña" (1985), en la que, por una vez, ofrecía su imagen más extrovertida al meterse en la piel de un homosexual (acusado de seducir a un menor) que comparte celda con un revolucionario de izquierdas. Hurt brilla por lo que siempre fue: un magnífico narrador de historias, en esta ocasión, orales.

Le siguió "Hijos de un Dios menor" (1986), en la que demostró de nuevo su capacidad de ser un galán con temple, sentido y sensibilidad. Todo lo contrario que el personaje que recreó en "Al filo de la noticia" (1987), la redacción de informativos de una cadena se convierte en la trastienda de un triángulo amoroso.

Hurt no dejó de rodar y de rodearse de buenos directores: "Alice", (1990) de Woddy Allen; "Una historia de violencia", (2005), de David Cronemberg hasta que empezaron a llegar los personajes secundarios donde su talento se diluía. No dejó de trabajar hasta el fin de sus días. No abandonó el cine y la televisión pero estas prescindieron de él como el actor que fue: dúctil, contenido e introvertido para darle personajes más de andar por casa.

comentarios0WhatsAppWhatsAppFacebookFacebookTwitterTwitterLinkedinlinkedin