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El Samuel L. Jackson más intimista busca un Emmy con la serie "Los últimos días de Ptolemy Grey"

Samuel L. Jackson - que hace unos días que la Academia de Cine estadounidense le debía un Oscar por "Pulp Fiction" - encarna uno de los personajes más intensos y desgarrados de su carrera en "Los últimos días de Ptolemy Grey", en la que interpreta a un nonagenario que sufre demencia. Hoy se estrenan en AppleTV+ los dos primeros episodios.

Es una historia de soledad, un drama sombrío como lo es el propio personaje Ptolemy Grey, un hombre de 90 años con demencia, que no se acuerda de sus amigos, ni de su vida, ni siquiera de lo que él fue. Vive anclado entre ensoñaciones: cree que ve a su esposa fallecida en cualquier persona que ve por la calle. Un doctor interesado y oportunista le ofrece un tratamiento para que vuelva a ser quien era. Las bondades del tratamiento le duran solo unas semanas hasta que cae de nuevo en el pozo. Únicamente encontrará amparo, tras el asesinato de su sobrino, en una adolescente, Robyn, que busca algún tipo de arraigo.

Samuel L. Jackson, también productor ejecutivo de la ficción, encargó el guión a Walter Mosley, que adaptó su novela en el "El demonio viste de azul" (1995) y "Entre el bien y el mal" (1998), basada también en una de sus obras literarias. Los cuatro directores de "Los últimos días de Ptolemy Grey" han captado a la perfección la atmósfera visual que propone Mosley y que corresponde a lo que vive el protagonista.

Las cámaras ofrecen un enfoque borroso e inestable y el sonido distorsionado es una réplica de lo que ocurre en su mente. Esas labores técnicas producen la zozobra del espectador y le acerca de forma descarnada a la demencia.

No falta una historia de amistad entre Ptolemy y Robyn, que el anciano vive como un amor platónico.

Se puede decir categóricamente que es uno de los mejores trabajos de Samuel L. Jackson, que transmite la tristeza, la rabia, su desazón e incluso su impotencia por un presente tan ingrato. El que siempre ha encarnado a hombretones expone ahora su fragilidad. No es difícil que logre una nominación al Emmy. La serie puede que también, pero habría que recordarle a los guionistas y a los directores que siempre es mejor menos que más. En la miniserie hay demasiadas historias que se quedan colgando a pesar de que otras tienen un poderío narrativo excelente y esos desequilibrios a veces se pagan.

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