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Ana Soria y Enrique Ponce, con cara de pocos amigos en la inesperada visita del torero a los juzgados

Este martes ya contamos que Enrique Ponce y Ana Soria han dado un paso trascendental en su relación, pues el torero ya ha presentado a su novia (por fin) a sus familiares más cercanos. La joven estudiante está con él en las buenas y en las malas. Recientemente lo acompañó a los juzgados madrileños, donde el diestro hizo frente a una encrucijada legal que tiene abierta.

Aseguran que el ex de Paloma Cuevas declaró por la denuncia que le interpuso uno de sus mozos de espada, con el que trabajó durante dos décadas. La futura abogada se desplazó con él pero finalmente no pudo entrar a las instancias para acompañarle, debido a los protocolos Covid-19. 

A Soria no le quedó otra que regresar al hotel donde se hospedaban. El de Chiva, no obstante, fue caballeroso y la acompañó hasta la parada de taxi. Tal y como muestra la revista Semana en su interior, el rostro de ambos no era precisamente amigable. Un juicio no es plato de buen gusto para nadie y a la futura abogada tampoco le resultaría agradable no poder entrar a las dependencias (por circunstancias entendibles) tras desplazarse hasta allí. 

Los dos viajaron hasta la capital desde Almería, donde viven su amor en el ático que alquilaron hace unos meses. Residen cerca de los padres de la joven, con quien el torero, padre de Palomita de 13 años y Bianca de 10, hace muy buenas migas. A mediados del año pasado, Enrique y Ana tomaron la decisión de cerrar sus redes sociales para disminuir la presión mediática. 

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