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Muere Jaime Ostos a los 90 años de un infarto mientras dormía en Bogotá

El matador de toros retirado había pasado el fin de año en Colombia para asistir a las ferias de Cali y Manizales.

Jaime Ostos Carmona ha fallecido a los 90 años en Bogotá al sufrir un infarto de miocardio mientras dormía, según recogen diversos medios. El diestro había viajado a Colombia para pasar el fin de año junto a su mujer, la doctora María Ángeles Grajal y presenciar las ferias taurinas de Cali y Manizales. Su hijo Jaime también estaba con él.

El astigitano superó una crisis hace dos años tras pasar por la UCI del Hospital de la Zarzuela de Madrid a causa del coronavirus.

La doctora Grajal llora la muerte del hombre de su vida. Hace casi dos años perdió a su madre y vivió la enfermedad de su padre y de su marido, que estuvo ingresado más de dos meses por el Covid-19.

Jaime Ostos consiguió superar el Covid pero le dejó graves secuelas físicas. El torero fallecido este 8 de enero estaba muy debilitado por los estragos que le causó su larga hospitalización provocada por el Coronavirus. Los médicos que lo atendieron en agosto de 2019 diagnosticaron que nada podían hacer por él y que la muerte le acechaba de un día para otro. Pero su mujer, la neumóloga doctora María de los Ángeles Grajal, se lo llevó a casa y logró que saliera adelante de aquel negro pronóstico.

La propia Grajal comentó cuando le dieron el alta al torero que se recuperaba poco a poco porque había estado bastante mal, "con la neumonía bilateral, desnutrición severa con mucha anemia".

Jaime Ostos llegó a estar 15 días en coma y perdió 21 kilos, necesitaba de un andador y no tenía fuerzas para sostenerse con muletas. La doctora aseguró entonces que Jaime había "resucitado" y luego fue cogiendo peso.

Torero de raza, será recordado por su valor, que le costó varias cornadas graves durante su carrera. Estuvo a punto de perder la vida en 1963 en la cogida de Tarazona de Aragón. La intervención del doctor Val Carreres y su equipo fue providencial. Ángel Peralta taponó entonces la herida por la que la vida del maestro se iba. Llegó a recibir la extremaunción.

El pasado verano, Jaime Ostos recibió un homenaje ante las cámaras de televisión de Canal Sur. Los reporteros lo llevaron a la Maestranza sevillana, donde tantos triunfos cosechó en su vida activa de matador de toros. Y lo trasladaron a la aldea del Rocío. 

Jaime Ostos tuvo que servirse de una silla de ruedas tiempo atrás. Llegó a quedarse en cuarenta y cinco kilos, consecuencia del Covid-19 y de unos fortísimos dolores en la espalda. Siempre tuvo una voz aguda pero ahora se le había agudizado aún más. Dicen que a pesar de todo nunca perdió el sentido del humor y sus ganas de vivir. Quería llegar a centenario. Su padre y su abuelo cumplieron el siglo de vida.

Cuando los colegas médicos le dijeron a la esposa del matador "de esta noche quizás no pase", Grajal decidió no tirar la toalla y atenderlo en casa donde poco a poco, con los medicamentos que ella misma, neumóloga, le dio, fue recuperando fuerzas. "De no ser por ella yo no estaría aquí. A mí no me asusta la muerte: La he visto cara a cara varias veces después de sufrir veinticinco cornadas en mi vida de torero", dijo valeinte el matador.

Cuando la cornada de Tarazona de Aragón de la que hemos hablado, aquel el 17 de julio de 1963, un sacerdote le administró la extremaunción. Tuvieron meterle diez litros de sangre. Pudo salir adelante y seguir toreando.

La primera mujer de Jaime Ostos fue la sevillana María Consuelo Alcalá. Se habían casado tres años antes de la cogida, ella con solo diecinueve años. Tuvieron dos hijos, Gabriela y Jaime. Con tantos viajes por su profesión, Jaime Ostos pasaba poco tiempo en familia. Y María Consuelo acabó por cansarse, y supo que su marido la engañaba con frecuencia. Ostos fue un consumado seductor hasta que, ya octogenario, renunció a ir detrás de las mujeres.

María Consuelo contó en un libro las infidelidades y demás cosas de su matrimonio, además de ir a programas del corazón previo paso por caja. Los dos hijos de Jaime y María Consuelo reconocían que su padre era "un golfo", pero lo quisieron mucho.

Gabriela convirtió a Jaime en abuelo y Jaime hijo, que llevaba una vida disipada, entre caballos de raza y amistades peligrosas, se buscó la vida como pudo al lado de la millonaria Yolanda García López.

Jaime Ostos fue una figura de los ruedos en la década de los 60 y parte de los 70. Siguió toreando  en plazas de menos categoría, o en festivales, hasta 2003, cuando se cortó la coleta en su Écija natal. aunque nunca olvidó su afición taurina. El escritor francés Jean Cau fue su biógrafo. Y hasta rodó una película sobre su vida y la espantosa cogida antes mencionada, estrenada mediados los años 60.

Conquistas

Sus conquistas femeninas hasta que sentó la cabeza con la doctora Grajal son incontables. Con Lita Trujillo (Lía Milán) antigua actriz de Hollywood, convivió en el chalé que ella tenía en usufructo al morir su marido, hijo del dictador dominicano general Trujillo, para ocuparse de sus dos hijos menores. 

Jaime le ponía los cuernos con muchas, una fue Aurora Díaz, que lo demandó por no haberse ocupado de la hija que tuvieron y que los jueces dieron por legítima al no presentarse el torero para someterse a las pruebas del ADN. A él le importó poco ese requerimiento judicial. Siguió con su vida de siempre y alternó su convivencia con Lita Trujillo y con el amor definitivo que iba a ser la doctora María de los Ángeles Grajal, con la que también tuvo sus desencuentros. Y un día descubrió la doctora que Lita Trujillo seguía escribiendo cartas a Jaime recordándole los años que habían estado juntos y el amor y la pasión que ella no podía olvidar. No pudiendo consentir ese acoso de su antigua amante se separó de Jaime en marzo de 1989.

Jaime Ostos buscó el modo de reconquistar de nuevo a María de los Ángeles. Tres años tardó en convencerla para casarse de nuevo. Lo hicieron en 2014 en otra ceremonia íntima celebrada en Villaviciosa de Odón. Desde entonces hasta este 8 de enero no se habían separado más.

Mujeriego a más no poder

Jaime Ostos intimó con una de las nueras de Mercedes, la dueña de  la ganadería salmantina de los Pérez Tabernero. Adoraba a la ganadera pero se la jugó seduciendo a la mujer que estaba casada con uno de sus hijos.

La zamorana María de los Ángeles Grajal dejó a su marido por Jaime Ostos. No le importó que toda Salamanca la pusiera verde y antepuso su amor. Tras su romance clandestino, la doctora y el torero se casaron civilmente, con las nuevas leyes aprobadas en la Transición, el 6 de marzo de 1987 en San Lorenzo de El Escorial. Los testigos fueron Rocío Jurado y Antonio Garrigues Walker.

Ella tenía veintitrés años menos que él. Fue una ceremonia íntima. Tuvieron un hijo, Jacobo. En Madrid, la doctora tenía su consulta y Jaime pasaba muchas horas en el hotel Wellington como contertulio. Tenía fortuna, una finca en Sevilla, y vivía bien. De vez en cuando se dejaban ver.

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