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La condesa ladrona que espió a Bárbara Rey para el CESID: conectada con don Juan Carlos y condenada a pena de cárcel

La espía que los Servicios Secretos españoles introdujeron en el círculo de amistades de Bárbara Rey se llama Cristina Ordovás Gómez-Jordana. La amante del Rey la acusó de orquestar el robo de las llaves de su domicilio y de prepararle una encerrona para que los agentes del CESID entraran en su casa y tuvieran tiempo para llevarse los documentos comprometidos.

Los servicios secretos españoles a finales de los 90 dedicaban sus esfuerzos a infiltrar a sus agentes en el sur de Francia para combatir a ETA y seguir el rastro del dinero que blanqueaba el narco colombiano Pablo Escobar pero también a recuperar las cintas de Bárbara Rey en las que había imágenes de sus relaciones amorosas con el jefe del Estado y para ello, entre otros medios, contaron con una espía, que se introdujo en la vida personal de Bárbara Rey, convirtiéndose en su amiga.

No irá al Senado

Esta semana, la mediocre actriz pero fascinante personaje ha regresado a los titulares tras ser admitida una solicitud de Compromís para que la ex amante del padre de Felipe VI comparezca en el Senado y explique si chantajeó a Su Majestad y si recibió dinero público a cambio de callar su apasionada historia con el marido de doña Sofía. No irá, por mucho que diga que estaba dispuesta a hacerlo, porque la Comisión de Interior ha descartado la asistencia de la vedette y priorizará otras comparecencias como la de Fernando Grande-Marlaska u otros altos cargos del ministerio. Pero la historia de esta domadora consorte es tan alucinante que Atresmedia ya ha anunciado que habrá serie de televisión. Las relaciones de Bárbara Rey van mucho más allá que la que mantuvo de forma intermitente con el marido de doña Sofía entre 1976 y 1994: la pimentonera cuenta entre sus conquistas (alguna de las cuales simultaneó con la del rey) con el actor francés Alain Delon, al futbolista Carles Rexach o el torero Paquirri. Y por si faltaran condimentos a su historia, está lo de la amiga condesa y espía que la engañó para robarle sus cintas llevándosela al casino.

La espía hija de un general

La aristócrata Cristina Ordovás, hija de un general de división, le había organizado una cena en su palacete y, como conocía las debilidades de Bárbara, la tentó con una visita al casino de Torrelodones y unas copas para alargar la velada. La actriz regresó a su hogar a las siete de la mañana y se dio cuenta de que le habían sustraído de su caja fuerte material comprometedor. Las conexiones de la espía amiga de Bárbara Rey con don Juan Carlos y con los Servicios Secretos son más que evidentes pero nunca se ha podido probar que robara los documentos, aunque sí puede decirse que Cristina Ordovás es una ladrona. Lo dice desde el mes pasado una sentencia del Tribunal Supremo, que la condena por apropiación indebida de un valioso cuadro.

Condesa delincuente

La condesa es una delincuente (el que comete un delito): hace dos años fue condenada por la Audiencia Provincial de Madrid a dos años de cárcel por haberse apropiado de un cuadro del pintor flamenco Anton Van Dyck. Estos días acaba de conocerse que el fallo es definitivo. La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo ha dictado sentencia y ha confirmado la condena a dos años de prisión para la aristócrata.

El tribunal ha desestimado el recurso de casación interpuesto por la condenada contra la sentencia de la Audiencia que le impuso la pena de dos años de prisión por un delito de apropiación indebida y el pago de una indemnización de 165.000 euros, en concepto de responsabilidad civil, a los propietarios del cuadro, además de nueve meses de multa.

El cuadro robado es Anna Sofía, condesa de Carnarvon, y está atribuido al pintor flamenco Van Dyck. La obra está datada entre 1633 y 1641. Llegó a España en 2009, cuando unos los ingleses propietarios la trasladaron a Madrid para subastarla en Ansorena. Cristina Ordovás, llegó a un acuerdo para comprarla por 165.000 euros. 

Los hechos probados recogen que en 2014 los propietarios del cuadro autorizaron que la obra fuera depositada en la vivienda de la condenada, que había mostrado interés por ella, por si deseaba comprarlo. La ladrona no tuvo que introducirse por la noche en ningún museo ni vencer todas las medidas de seguridad de un recinto vigilado ni desconectar alarmas. Sencillamente, incorporó el cuadro a su patrimonio sin el consentimiento de sus dueños, y por supuesto no abonó nunca los 165.000 euros acordados pero tampoco lo devolvió.

El Tribunal Supremo dice literalmente que "la acusada se quedó pura y simplemente con un cuadro que no le pertenecía"; un cuadro que los propietarios habían depositado en su domicilio para que la acusada estudiase si lo compraba o no, siendo así que decidió efectivamente quedárselo, pero de manera directa y sin pasar por la contratación civil".

Conexiones: padre general, familia muy cercana a don Juan Carlos

La ladrona es hija de María Adelaida Gómez-Jordana Huelín, sobrina del primer conde de Jordana, y del general de División y gran jinete Manuel Ordovás González. El marido de la espía era una persona muy próxima a don Juan Carlos: Juan Goyeneche Moreno, conde de Ruiz de Castilla, que en 1992 resultó herido grave por un paquete bomba enviado desde Barcelona a su casa de Madrid. El aristócrata era hermano de Alfredo Goyeneche, a la sazón, vicepresidente del Comité Olímpico Español y amigo personal del padre de Felipe VI.

Uno de los cinco hermanos de Cristina es Rafael, casado y divorciado de Pilar Lladó, hija del exministro José Lladó, hijo del presidente del Banco Urquijo y ministro de los primeros gobiernos de la Transición con Adolfo Suárez, el presidente del Gobierno que presentó en 1976 a don Juan Carlos y Bárbara Rey en un acto de campaña de su partido, Unión de Centro Democrático. 

Marta, otra de las hermanas de la espía, está casada con Carlos Romero Duplá, hijo de los condes de Fontao. José Manuel Romero Moreno, conde de Fontao, prestó servicios de "asesoría jurídica" a don Juan Carlos. 

Además, Cristina Ordovás Gómez-Jordana había visitado en más de una ocasión el antiguo edificio de presidencia del Gobierno, en Castellana 3, donde el CESID tuvo su primera sede. La actriz de Totana se personó en la Comisaria de Tetuán de Madrid y denunció el robo de documentación personal que implicaba "a a personas importantes de este país por ser comprometedora para ambos", según recogía el escrito de la vedette.

Bárbara Rey completó días después la denuncia detallando por escrito ante la Policía que entre el material sustraído había "carretes fotográficos sin velar, cintas grabadas de varios autores, una agenda personal, tres cintas de cassette, cinco videos, 20 diapositivas…", según el documento difundido en su día por el periodista Manuel Cerdán en OkDiario. La que había sido mujer del domador Ángel Cristo dijo que todas la cintas e imágenes robadas "eran comprometedoras para ambas partes y especialmente relevantes para esta persona importante de la cual no desea en estos momentos decir su identidad". 

Tiempo después del robo, Bárbara llegó a un acuerdo con los servicios secretos pero los responsables del espionaje no cumplieron todo lo pactado. La vedette acordó inicialmente con los emisarios del CESID que devolvería el material comprometedor a cambio de 500 millones de pesetas (3 millones de euros), en entregas mensuales de 25 millones. Alegaba que su relación íntima con el jefe del Estado (a quien nunca nombró en público) le había impedido trabajar, lo que le había arruinado.

La Tienda del Espía

Aparentemente, la operación para estrangular la difusión pública del affaire funcionó: dos décadas después, el contenido de esas grabaciones, registradas por la actriz en sus encuentros con gente de su entorno, incluido el mismísimo Rey don Juan Carlos, no fue revelado ni sus imágenes reproducidas, al menos públicamente. El dueño de la Tienda del Espía ha contado que la actriz le había comprado "media tienda".

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