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Vasile prepara la 'autopsia' por entregas de la familia de la Jurado con Rocío Carrasco de narradora

La pérdida del liderazgo de audiencia por parte de Telecinco y los intentos de la cadena por recuperar el primer puesto han convertido a Mediaset España en un gato acorralado en un rincón dispuesto a lanzarse al cuello de quien sea, clavar las uñas y hacer sangre con tal de escapar de la derrota. Paolo Vasile ha dado permiso para subir el tono.

Últimamente hemos visto recrear en directo la autopsia de Mario Biondo, presunto suicida y marido de la ex presentadora de la cadena Raquel Sánchez Silva. Pero durante más de un par de décadas hemos asistido a todo tipo de espectáculos sin importar las personas afectadas.

La lista de ejemplos es interminable: discusiones en directo sobre la vida sexual de la octogenaria duquesa de Alba y su marido, ataques contra la figura de Félix Rodríguez de la Fuente, búsqueda del padre desconocido de Gonzalo Miró, bromas contra una enferma de alzhéimer delante de su hija, personajes como Kiko Rivera insultando a su propia madre (empleada por la cadena) por entregas, cámaras siguiendo a una mujer con un ataque de ansiedad hasta enfermería o búsqueda a gritos y en directo de víctimas de la tragedia de La Palma para lograr que contaran su drama ante la cámara. ¿Por qué es posible que veamos cosas aún más fuertes?

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Control de costes

Durante más de una década, Paolo Vasile tuvo en cuenta a rajatabla la máxima del buen programador: "Quien gana las tardes, gana el mes". Con Sálvame y el formato Pasapabra este antropólogo nacido en Roma hace 68 años configuró una muralla inexpugnable que mantuvo a Telecinco en lo alto con los costes muy controlados: una buena fórmula para ganar dinero. Con una programación vertebrada en torno al corazón y otras vísceras, y los realitys, de lunes a domingo y de la mañana a la madrugada, bastaba que Massimo Musolino, director general de Gestión y Operaciones de Mediaset España, bajara el sueldo un 20% al ejército de frikis que hormiguea por los platós de Fuencarral (y que no tienen adónde ir si no aceptan el recorte) para que la cotizada ganara dinero, evitara endeudarse y tuviera caja para retener a sus estrellas con salarios millonarios y hasta comprara eventos deportivos por encima del precio de mercado para blanquear la parrilla y redondear la audiencia.

Pasapalabra

Pero Vasile perdió los derechos del concurso Pasapalabra frente a ITV Studios. La propietaria del formato demandó a Telecinco por 17 millones de euros porque Telecinco siguió emitiéndolo. A Paolo Vasile le ha costado cerca de 20 millones de euros en abogados y costes legales retener el concurso pero ha mantenido el liderazgo durante años. No ha sido mal negocio. Hasta que Atresmedia se hizo con él una década después y la tarde de Telecinco, incluyendo el informativo de Pedro Piqueras, cayó como un castillo de naipes al que le quitas las cartas de abajo.

Un arma llamada Rocío Carrasco 2

No es casualidad que la productora de programas como Sálvame o el docudrama de Rocío Carrasco (temporadas 1 y 2) se llame La Fábrica de la tele. La empresa participada por Mediaset fabrica la grandiosidad de sus productos con ambición y convierte una realidad que en verdad no existe en mucho más que una efeméride. La realidad paralela queda así disfrazada de actualidad y de gran acontecimiento: Rocío Jurado murió de cáncer hace más de década y media pero Telecinco fichó para su elenco de guiñoles a casi todas las costillas que La Más Grande se dejó en la Tierra y Paolo Vasile las desnudó y las puso a pelearse en el barro, mañana, tarde, noche y madrugada, de lunes a viernes, fines de semana. Lo mismo con la familia de Rocío Jurado que con otras sagas estrujadas, modeladas y sobornadas por los arquitectos de la telebasura como las Campos o los Pantoja. La primogénita de la Chipionera estuvo primero en las mañanas de la cadena con María Teresa Campos, ha presentado programas de entrevistas y ha protagonizado el docudrama que polarizó de nuevo las dos Españas.

Vasile compra familias enteras y luego emite sus peleas

Rocío Carrasco es una contradicción con piernas pero el dinero explica cualquiera de sus incoherencias mucho mejor que su presunta sed de justicia o su militancia como la nueva Agustina de Aragón contra la execrable violencia de género. Rocío Carrasco, en sus palabras, su actitud y su tono, se sitúa supuestamente contra todo lo que alimenta a Telecinco: el amarillismo, la prensa canalla, los paparazzi y todo lo que rodea la industria del cotilleo, un infierno cuyo azufre Rocío respira desde antes de llegar al mundo, desde que su padre, el campeón mundial de boxeo Pedro Carrasco, ayudo a su madre, una de las mejores cantantes de la España contemporánea, a concebir a su única hija biológica. Para lo bueno y para lo malo, la fama ha perseguido y nutrido a esta mujer de 44 años, madre de dos hijos, hermana de otros dos hijos adoptados por su madre y su segundo marido, el torero José Ortega Cano, sobrina carnal de Amador Mohedano, sobrina política de Rosa Benito. Rocío Carrasco es además la ex mujer de otro ex empleado de Paolo Vasile, el denostado ex guardia civil Antonio David Flores. Pero la lista de nombres de esta saga capitaneada a título póstumo por una descomunal artista que falleció hace 15 años es apabullante y de ellos, es inconcebible el número de los que han trabajado o trabajan en Mediaset. Aparte de la propia Rocío Carrasco y Antonio David tenemos a su hija Rocío Flores, a Olga Moreno, la segunda mujer del ex tertuliano, a Ana María Aldón, actual esposa de Ortega Cano, a la tía Rosa Benito, a su hermana Gloria Camila, y eso sin contar las apariciones estelares y pagadas de Raquel Mosquera, Amador Mohedano y otros secundarios y terciarios como Fidel Albiac, actual marido de Carrasco y personaje que solo interviene en momentos estelares pero que detrás de las cámaras tiene una labor esencial.

Más grotesco que Trump de presidente de Greenpeace

Y salvo Ortega Cano, matador de toros que dejó los ruedos hace muchos años, ninguno de ellos tiene categoría profesional, ni más mérito que no sea su enganche con Rocío Jurado, o el propio currículo como cotilla en televisión y revistas. Nada de lo que les pase a toda esta caterva de personajillos afectará a nuestro bolsillo ni a nuestra salud, salvo que nos dé un infarto discutiendo con un cuñao en una cena navideña con posiciones radicales a favor de Antonio David contra Rocío Carrasco o viceversa. La única excusa con la que blanquean el circo es que se han convertido en cruzados contra la violencia de genero. Pero a la vista del pasado y el presente de Mediaset, resulta tan grotesco que Telecinco abandere esa lucha como que Donald Trump se hiciera presidente de Greenpeace.

El acontecimiento no es tal. Nada de lo que cuenten en su gran apuesta prenavideña en torno a Rocío Carrasco y su familia tiene que ver con la evolución de la pandemia, la subida de los tipos de interés, ni salvará al Barça de su debacle. Nada es actualidad realmente pero Mediaset fabricará un acontecimiento que parecerá un hecho tan histórico y relevante como la declaración de la República, la caída de las Torres Gemelas o el desembarco de Normandía.

Mudanza póstuma de Rocío Jurado

Helicópteros desplegados en el cielo de Madrid retransmitirán en directo el traslado de toneladas de objetos de la mujer que murió hace 15 años. Son capaces de poner la Cabalgata de las valquirias, como hizo Coppola para magnificar una de las escenas de Apocalypse Now. Con o sin Wagner, varios trailers ejecutarán esta mudanza póstuma de Rocío Jurado, desenterrarán su memoria poco a poco, en fascículos por entregas, un lanzamiento promocional en toda regla para el que Telecinco interrumpirá su programación, el buque insignia de la telebasura, o sea Sálvame, con el objetivo de conseguir la mayor cantidad de dinero posible gracias a la audiencia generada por la segunda entrega del discutido pero exitoso docudrama que presentan como el grito de socorro de una mujer víctima de maltrato que habla no solo en su nombre sino el de todas. Prendida la mecha con este acto promocional, que puede ser un homenaje o una profanación, solo falta que después, cuando llegue la docuserie, otra violencia, la de los muñecos peleándose ante las insaciables cámaras de Paolo Vasile, resulte lo suficientemente adictiva como para que nos quedemos sentados cuando, entre mamporro y mamporro, nos obliguen a ver publicidad de una Navidad llena de paz, buenos deseos y anuncios.

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