Actualidad

Don Juan Carlos y las periodistas extranjeras a las que sí concede entrevistas

Juan Carlos de Borbón tiene más confianza en la prensa extranjera que en la de su país, aunque sabemos que en Abu Dabi lee cada mañana los diarios y digitales españoles. El adelanto de la biografía del padre del actual monarca que publica en Francia la historiadora y periodista Laurence Debray es una bomba informativa que desvela, entre otras sorprendentes noticias, que la relación entre el emérito y su hijo Felipe VI "está rota", como recogíamos este jueves. Insiste el Emérito en que "no hay contacto".

También se deja caer la amargura del rey por vivir fuera de su país, del que le han obligado a marcharse, sus ganas infinitas de regresar y cuánto echa de menos la comida, aunque algún amigo, entre los que no le han dado la espalda, le lleva jamón del bueno de vez en cuando.

Juan Carlos de Borbón tiene confianza en esta periodista, hija de un amor venezolano de Regis Debray, el intelectual francés de izquierdas, devoto de la Revolución cubana y amigo íntimo de Che Guevara. Desde jovencita tenía ya admiración y curiosidad por el anterior rey y en 2016 no solo pudo conocerlo, sino que consiguió que don Juan Carlos aceptara participar encantado en el documental Yo, Juan Carlos I, rey de España, que se estrenó en la televisión francesa, en horario de máxima audiencia, mientras Televisión Española, coproductora de la película y que había cedido muchos vídeos inéditos de sus archivos, lo metía en un cajón sin explicación alguna, hurtando a los españoles su derecho a ser iguales que el público francés. En una explicación confusa y poco creíble se dijo que no se emitía en España porque "con la abdicación de don Juan Carlos a favor de su hijo, el vídeo ha perdido actualidad".

En una entrevista al diario Clarín de Buenos Aires, Laurence Debray manifestaba después su extrañeza por la posible censura en España de su trabajo y confesaba que le había impresionado ver llorar al rey de España en 2014 en su presencia: "Fue cuando le pregunté cuál había sido el momento más difícil de su reinado. Y me contestó: 'Los 800 muertos del terrorismo' -víctimas de ETA- y se puso a llorar". La escena se grabó y estaba incluida en el documental que solo habían visto los franceses.

"Hay muchos misterios. Se emitió varias veces en Francia, en la televisión pública", añadía Debray. "No sé si fue la dirección de Televisión Española la que no quiso o fue la nueva Casa Real, que tampoco quería poner mucha atención sobre la obra política del padre, que estaba ya salpicado de escándalos. Nunca fue una respuesta muy clara. Pensé que se habían olvidado del documental, que nunca iba a salir del cajón. O quizá el día de la muerte de Juan Carlos. Fue una gran sorpresa cuando mucho tiempo después me llamaron para anunciarme que lo iban a estrenar", explicaba.

No era la primera vez que don Juan Carlos se confiaba a una periodista extranjera. En 1992, en plena efervescencia de nuestro país por la Expo de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona, el rey concedió una larga entrevista a la periodista británica de televisión, Selina Scott, titulada A year in Spain, que suscitó muchos comentarios y rumores.

"Conocer a Juan Carlos fue una experiencia inolvidable", contaba Scott después de pasar 15 días tratando de cerca al rey, tanto en Madrid como durante sus vacaciones en Mallorca. "Un rey muy poco tradicional, siempre encantador, simpático y coqueto". Hubo quien insinuó que entre don Juan Carlos y Selina hubo algo más que un trato profesional. "Tuve acceso sin restricciones durante las dos semanas que pasamos juntos", alegaba, para confesar que solo le pusieron dos reparos: que no se hablara de Franco y que solo dialogarían en inglés. "Sin embargo, tuve claro desde el principio que quería presentarse como un caballero elegante".

En su recorrido por las estancias privadas del palacio de la Zarzuela, contaba Scott al diario The Telegraph que don Juan Carlos le mostró "una colección de llamativos regalos que le habían hecho poderosos árabes buscando sus favores". Entre otras, una daga bizantina con incrustaciones de perlas y rubíes de gran tamaño. Selina le preguntó si eran auténticas y el rey le dijo que había reemplazado las originales por falsificaciones, sin explicar por qué lo había hecho y si había sido para venderlas, cosa que habría podido hacer si hubiera querido y por las que le habrían dado millones, como le confirmaron algunos expertos después.

comentarios0WhatsAppWhatsAppFacebookFacebookTwitterTwitterLinkedinlinkedin