Actualidad

El topless de Mariló Montero: todo lo que podemos contar de su momento más incómodo

Era la Semana Santa de 2015. Mariló Montero aterrizó en Bora Bora para disfrutar de unos días de relax, pero no lo hizo sola: hasta allí la siguieron los paparazzi Diego Arrabal y Gustavo González, quienes la fotografiaron en topless mientras tomaba el sol en la playa. Ella, muy enfadada, denunció los hechos y solicitó medidas cautelares para que las imágenes no fueran publicadas. El caso fue inicialmente desestimado, pero la Audiencia Provincial de Barcelona lo ha reabierto ahora.

Lea también - Mariló Montero, desnuda: las fotos que pueden valerles dos condenas a Gustavo González y Diego Arrabal

Para la periodista vasca fue uno de los momentos más violentos de su vida y su lucha por conseguir justicia durante estos seis años no ha sido fácil: "Ha sido un proceso largo, pesado y doloroso", confiesa. Se siente "violada" y considera que el "daño ya está hecho", pues las fotografías, aunque nunca llegaron a publicarse, sí recorrieron las redacciones de los medios de comunicación en su momento.

Lo que más le duele, sin embargo, es la "falta de respeto", pues ella tomó precauciones para salvaguardar su privacidad, algo que finalmente no consiguió. "Si me hubiese paseado por una playa pública enseñando mi cuerpo, lo habría hecho sin ninguna vergüenza y ya está. No me avergüenza mi cuerpo, pero en mi vida privada soy muy pudorosa", dijo entonces.

Una supuesta relación lésbica

Mariló viajó con una amiga y ambas se alojaron en un exclusivo resort, el Hotel Intercontinental Le Moana. Prescindieron de la parte superior del bikini porque estaban tomando el sol en la playa privada que correspondía a su habitación: "Es asqueroso, es humillante, una violación en toda regla. Y esa sensación se me queda, todavía se me seca la boca al contarlo y tiemblo. Para mí se acerca mucho a una violación física".

Ahora, Gustavo González y Diego Arrabal podrían ser condenados incluso a prisión: "Estoy esperando que se dicte una sentencia por vía civil, puesto que se celebró el juicio en junio, pero es que el Tribunal Supremo acepta imputarles por la vía penal. Ojo, que puede ser condena de inhabilitación y de cárcel. Esto son palabras mayores", ha dicho la ex de Carlos Herrera en Vanitatis.

Desde el despacho de abogados de Mariló, Ius + Aequitas Abogados, declararon: "A ella le afectó mucho que se supiera la existencia de esas imágenes porque llegaron a plantear que podía tener una condición homosexual". La propia Mariló afirmó enfadada: "Me parece a mí que es poca ayuda la que se le hace a las mujeres homosexuales. Los hombres homosexuales tienen el lobby ya hecho y hacen piña, pero las mujeres homosexuales todavía no tienen la fuerza para ser aceptadas en la sociedad y que se integren con normalidad. Acusarme de homosexualidad a través de unos argumentos absolutamente demenciales creo que es hacer un daño gratuito a las lesbianas que están luchando por vivir integradas en la sociedad".

Un beneficio "imposible de cuantificar"

La agencia que trató de comercializar las imágenes era Código Press. Tenían un reportaje fotográfico con 1.000 o 1.200 imágenes y cuatro horas de grabación. Desde la misma afirmaron que no había nada que "comprometiera" a Mariló, porque el hecho de que viajara con una mujer generó rumores sobre una posible relación lésbica. "En Bora Bora no existen las playas privadas", se defendieron. No quisieron fantasear con el dinero que habrían podido obtener de haberlas vendido: "Es imposible cuantificarlo".

Montero no es el único personaje público que ha pasado por esta situación. El caso más sonado fue el topless robado a Elsa Pataky por la revista Interviú, que llegó a vender 178.000 ejemplares, frente a los 98.000 habituales. El TS sentenció que el Grupo Zeta debía pagar a la actriz 187.500 euros en concepto de "daños y perjuicios".

comentarios0WhatsAppWhatsAppFacebookFacebookTwitterTwitterLinkedinlinkedin
Comentarios 0
Deja tu comentario
elEconomista no se hace responsable de las opiniones expresadas en los comentarios y los mismos no constituyen la opinión de elEconomista. No obstante, elEconomista no tiene obligación de controlar la utilización de éstos por los usuarios y no garantiza que se haga un uso diligente o prudente de los mismos. Tampoco tiene la obligación de verificar y no verifica la identidad de los usuarios, ni la veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de los datos que los usuarios proporcionan y excluye cualquier responsabilidad por los daños y perjuicios de toda naturaleza que pudieran deberse a la utilización de los mismos o que puedan deberse a la ilicitud, carácter lesivo, falta de veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de la información proporcionada.