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Raffaella Carrà y el espíritu raro de su casa que aterrorizaba a Loles León, según Rappel

"Si un día muero, quiero que la gente baile en mi funeral". Eso decía siempre Raffaella Carrà, "una persona positiva y alegre, que disfrutaba haciendo felices a los demás, tanto en su vida privada como entreteniéndoles desde el escenario", nos cuenta Rafael Francisco Payá, más conocido como Rappel, que estos días habla en muchos medios de comunicación de su experiencia en los programas de la cantante, tanto en Italia como en España.

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Y sobre todo de su trato personal cuando convivía con Raffaella en su casa de Roma o en la casa de la playa de la artista. "Ella vivía sola, era muy independiente y muy celosa de su intimidad, aunque en los años que yo la traté estaba con Sergio Japino, su pareja y coreógrafo, que por cierto vivía cerca de su piso de Roma, pero en su propia casa, no con ella", cuenta el futurólogo a Informalia.

"Pero yo sí que pasaba muchas noches con ella. Después del trabajo me invitaba a su casa y me cocinaba platos de pasta buenísimos. Durante el día tenía servicio, pero por la noche prefería estar sola aunque tuviera que cocinar", añade Rappel.

Raffaella también invitaba al vidente español, con el que trabajó tres años, a su casa de vacaciones, que la artista tampoco compartía con su novio. Japino tenía otra en la costa y estaban mucho juntos pero cada uno en la suya.

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"Quien estaba por allí invitada a menudo era Loles León", cuenta Rappel. "Raffaella la quería mucho, eran amigas de verdad. Una noche, Raffaella dijo que en aquella casa había un espíritu raro y Loles, que era muy miedosa, y muy crédula, le pidió que no hiciera bromas con esas cosas. Y cuando ya nos íbamos a acostar, empezaron a oírse unos jadeos muy raros y a Loles le entró tal pánico que se vino a mi habitación muerta de miedo. Hasta que se abrió la puerta y entró Raffaella, que se partía de la risa".

Rappel recuerda también los gustos de su amiga, a la que le encantaban los mesones de Madrid, Casa Lucio y los chiringuitos de Marbella donde asan las sardinas en la playa. "En Madrid tenía un apartamento en el hotel Eurobuilding, que había comprado. Y en Marbella, se alojaba siempre en el Marbella Club, a todo lujo, pero luego lo que le gustaba era ir de tapas y de compras a los mercadillos. Era muy sencilla, muy de verdad. Y por cierto, dicen que ha muerto de cáncer de pulmón y yo no la he visto fumar un cigarrillo en la vida".

Todo el mundo que ha conocido a la Carrà coincide en que, a pesar de ser tan expresiva y comunicativa, su vida sentimental estaba blindada a los demás: "A Japino le tratábamos porque estaba ahí, trabajaban juntos, pero casi nunca mencionó su relación anterior. Solo confesaba que su sobrino Enzo era para ella como un hijo, que adoraba a otras sobrinas y que su abuela había sido más que una madre porque fue quien la animó a bailar y a ser una estrella".

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