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José Ortega Cano pide a sus dos grandes amores que firmen la paz

Su frágil estado de salud se resiente. El enfrentamiento entre Conchi Ortega Cano y su cuñada Ana María Aldón está afectando demasiado a José Ortega Cano, quien, antes de que los desafueros lleguen a mayores, ha pedido a su hermana y su esposa que pongan fin a este innecesario ataque familiar. No quiere nuevos cismas, ya tiene bastante con el de sus hijos, Gloria Camila y José Fernando, contra su hermana Rocío Carrasco.

El torero de 67 años sufre en silencio por las incongruencias de los suyos, los dimes y diretes entre dos de las personas más importantes de su vida. Por eso no le gusta que Ana María se haya convertido en tertuliana de Viva la vida, porque no tiene el menor reparo en hablar de su intimidad personal y la de su marido.

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El que fuera viudo de Rocío Jurado se muestra harto de tanta desavenencia con la televisión como testigo y ruega a unos y a otros que sean más discretos y se dejen de atacar ante la audiencia. Solamente hay que contemplar su semblante para entender el dolor que le quema por dentro. En los últimos tiempos, sus problemas de salud y familiares le pasan demasiada factura.

Ana María le ha cogido tanto apego a ser popular que muchas veces no acierta a calibrar las consecuencias que pueden traer sus declaraciones. Disfruta cambiando de imagen, de color de pelo, de alguna operación estética y de sus intervenciones ante la cámara. La televisión ha dado un nuevo aire a su vida. La mosquita muerta se convierte en abeja reina. Al final, el peor malparado es un Ortega Cano que ve los enfrentamientos de sus seres queridos sin poder evitarlos.

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