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Las últimas palabras de Lady Di antes de morir salen a la luz: "Dios mío, ¿qué ha pasado?"

La princesa Diana habría cumplido 60 años el próximo 1 de julio. Sus familiares y amigos se preparan para darle homenaje mientras que salen a la luz nuevas informaciones acerca de su trágica muerte en París. Este martes, testigos oculares del accidente en el que perdió la vida han desvelado detalles sobre los últimos minutos de vida de la madre de Guillermo y Harry de Inglaterra.

El 31 de agosto de 1997, Lady Di disfrutaba de una romántica velada en la suite Imperial del hotel Ritz de París junto a su pareja, el empresario egipcio Dodi Al-Fayed. Pensaban pasar allí la noche, pero por alguna razón que solo ellos conocen cambiaron de opinión y llamaron a sus dos guardaespaldas, Trevor Rees-Jones y Kez Wingfield, para informarles de que se irían a su apartamento. El plan, dado que había paparazis en la calle, era salir por la puerta trasera acompañados por el subdirector de seguridad del Ritz, Henri Paul, mientras el resto de personal despistaba a la prensa en la puerta principal. Los guardaespaldas de Dodi no están de acuerdo, pero acatan las órdenes.

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Dodi y Diana cogieron un ascensor de servicio que les llevó hasta la piscina del hotel y de ahí a un Mercedes S280 negro que les esperaba en la puerta y que, en pocos segundos, se vio rodeado de prensa: el plan de la pareja de pasar desapercibidos había fracasado. El empresario y la princesa subieron en la parte trasera del vehículo, Rees Jones y Paul delante, este último dijo a los fotógrafos: "No traten de seguirnos; en cualquier caso, no nos atraparán".

Minutos más tarde, Paul, que conducía, perdió el control del vehículo y se estrelló contra el pilar 13 de la reserva central del túnel Pont de l'Alma, a una velocidad estimada de 65 km por minuto. Giró y se detuvo. El impacto mató a Dodi y Paul, situados en el lado izquierdo del vehículo. Rees-Jones y Diana estaban gravemente heridos. Segundos más tarde, el doctor Frederic Mailliez entra en el túnel desde la otra dirección. Casualidades de la vida, el doctor pasaba por allí: "Noté algo de humo en el túnel y conduje cada vez más lento y luego vi el Mercedes", recuerda Mailliez al Mail. "El humo proviene de su motor, que casi se partió en dos, y la bocina suena, una y otra vez. No había nadie alrededor de los restos".

El médico recuerda: "Dentro del Mercedes, dos víctimas aparentemente ya estaban muertas y dos resultaron gravemente heridas pero aún con vida. Así que hice una evaluación muy rápida. Luego volví a mi auto para buscar el poco equipo médico que había allí. Tenía una máscara de válvula de bolsa, que tomé. Luego volví al interior del Mercedes y traté de ayudar a la joven. Estaba sentada en el suelo en la parte de atrás y descubrí entonces que era una mujer muy hermosa y que no tenía ninguna herida grave en la cara. No estaba sangrando pero estaba casi inconsciente y tenía dificultad para respirar. Fue una situación bastante difícil para mí. Estaba solo, tenía poco equipo. Se veía bien durante los primeros minutos, pero el accidente fue de mucha energía y siempre sospechas de lesiones internas graves en ese tipo de situación".

El doctor, que llamó a emergencias, no sabía que la joven era Diana de Gales. Trató de consolarla y ella, sin fuerzas, le preguntó: "Dios mío, ¿qué ha pasado?". Nada más. Llegó el sargento de bomberos Xavier Gourmelon, él sí reconoció a Lady Di: "Traté de calmarla. Tomé su mano. Físicamente, no veía nada malo en Diana, aparte de su hombro, pero no puedes confiar en lo que ves". Su colega del servicio de bomberos, Philippe Boyer, le puso un collarín cervical y una máscara respiratoria nueva. Luego la cubrió con una manta isotérmica metálica. Su respiración era normal su pulso "fino pero fuerte". La sacaron del coche en una tabla de madera para colocarla en un colchón de aire, con el fin de proteger daños en la columna, pero entonces entró en paro cardíaco: "Comenzamos a darle un masaje cardíaco, dos de nosotros, y su corazón comenzó de nuevo casi de inmediato. A partir de ahí, los médicos se hicieron cargo".

La presión arterial de Diana empezó a bajar y le administraron dopamina: los síntomas indicaban daño interno. Llamaron al hospital Pitié-Salpêtrière para que se prepara y estabilizaron a la princesa para trasladarla. El camino a la clínica fue angustioso, pues cualquier sacudida, aceleración o desaceleración podía ser fatal. De hecho, tuvieron que hacer una parada para volver a estabilizarla.

Cuando la ambulancia llegó al hospital, la princesa estaba en estado de shock traumático. El cirujano cardiotorácico de guardia, el Dr. Bruno Riou, ordenó hacerle dos radiografías y vio que tenía una hemorragia interna. Diana sufrió un nuevo paro cardíaco y la recuperaron con masaje cardíaco externo y adrenalina. Llamaron al cirujano general Dr. Monsef Dahman y también al profesor Alain Pavie, dos de los cardiocirujanos más eminentes de Francia. Trasladaron a la Princesa de la camilla al quirófano y localizaron la fuente del sangrado. Suturaron la ruptura y controlaron la hemorragia, pero el corazón de Diana ya estaba en paro.

El equipo médico trató de reanimarla durante al menos una hora, pero tras agotar el suministro de adrenalina, suspendieron la actividad y certificaron su muerte. Trasladaron su cuerpo a una habitación y el padre Clochard-Bossuet, al que habían avisado dos horas antes, fue el encargado de rezar junto a ella y acompañarla: "La vi por primera vez allí. Estaba completamente intacta, sin marcas ni manchas ni maquillaje. Completamente natural. Y ella era una mujer realmente hermosa y parecía como si... casi podías hablar con ella". En ese mismo momento, el ministro del Interior francés, Chevènement, confirmó a las puertas del hospital que la princesa había muerto.

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