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Milá Ximénez: amores, pasiones, disgustos y una legión de amigos y amigas

Qué duro para una periodista escribir sobre la muerte de una amiga. Cuando me llamaron hace unos días para contarme que el estado de salud de Mila Ximénez era irreversible, ni se me ocurrió pensar que iba a irse de este mundo tan pronto. Ella, un ejemplo de fortaleza y de ganas de vivir, dura por fuera, sensible por dentro, afrontó el cáncer de pulmón que le diagnosticaron a mediados del 2020 con una entereza envidiable. Lo asumió con la fuerza de quien estaba dispuesta a luchar contra lo imposible.

Tenía sesenta y nueve años muy vividos, una existencia marcada por los altibajos, las luces y las sombras. Desgraciada en el amor y triunfadora en amigos. La última vez que me interesé por su estado fue su hermano Manolo quien contestó a mi llamada, "porque Mila no está en condiciones de coger el teléfono". Su voz denotaba tristeza y sus palabras desasosiego. Quizá adivinaba lo que estaba a punto de ocurrir.

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Mila era puro torbellino, una mezcla explosiva de pasiones. Se bebía la vida a sorbos, nunca dejaba indiferente a nadie. Quienes la conocimos de cerca tuvimos la suerte de compartir con ella confidencias. Su hija Alba y sus nietos, Alexander y Victoria, fueron su motor, su mayor energía, en un año en el que el cáncer le iba minando por dentro. Eran su razón de vivir.

Nació en Sevilla, el 21 de mayo de 1952, pero dejó su tierra andaluza con tan solo dieciocho años para trasladarse a Madrid, siguiendo la estela de Roberto, un médico casado que le enseñó a lo largo de casi una década lo que suponía el mal de amores. Bandazos continuos hasta que en los inicios de la década de los ochenta se cruza en su camino el icónico tenista Manolo Santana. Boda en 1983 y ruptura en el 86. Entre medias, el 15 de abril del 84, nace su única hija, Alba, hoy sumida en la tragedia de perder a una madre que era confidente y amiga.

Al tenista le siguió en su corazón el actor José Sacristán y a éste el periodista Julián Lago. Otro actor, Pepe Sancho, se encaprichó de ella, aunque Mila, más que relación, lo llamó "una noche de encuentro que prefiero no recordar, porque forma parte de una de las etapas más negras de mi vida".

Llegamos a los primeros años noventa y aparece en el horizonte el rey de los excesos marbellíes, Antonio Arribas, con el que "conocí las noches de pasión, sexo, drogas y alcohol". Fue una etapa demasiado turbia para plasmarla por entero en un obituario.

Quizá su gran amor, un amor imposible por las circunstancias, fue el empresario marroquí Rafael Aguilera, con el que vivió una de las historias sentimentales más fructíferas y hermosas de su existencia. Eran los años finales de los noventa y la separación en el 98 dejó tan marcada a Mila que llegó a confesarme en el 2013 que "no consigo olvidarle". Nunca explicó el porqué de su distanciamiento, ese secreto se lo ha llevado a la tumba.

Cuando aparecieron unas fotos suyas con el polémico abogado Emilio Rodríguez Menéndez, rápidamente desmintió que les uniera algo más que una simple amistad, es más, le acusó de "haberme amenazado de muerte. Tengo miedo…".

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Entre unos y otros, amores y desamores, se filtró su especial amistad con la periodista Encarna Sánchez. Las insinuaciones ambiguas abrieron todo tipo de especulaciones. Mila abrió una ventana al confesar en Crónicas marcianas que "es verdad que un día tuve una relación de una noche con Encarna, fue muy placentera, nada forzada, me encantó… Me acosté conscientemente con mi ídolo. Sin alcohol, sin drogas y sin nada". Ironías de la vida, Encarna también murió víctima de un cáncer pulmonar.

Una vida dedicada por entero al periodismo, desarrollada en distintos medios escritos y audiovisuales, alcanzó su colofón en Sálvame, el programa en el que, durante años, conocimos a la auténtica Mila, la corajuda, pasional, alocada, defensora de sus ideales, firme en sus decisiones, gran tertuliana… Ahí se reencontró a sí misma y supo expresar sus sentimientos más sinceros. Hoy deja huérfanos además de a su querida hija Alba, a tres hermanos: Concha, Manolo y Nani, y a una legión de seguidores y un grupo de amigas entrañables.

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