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La faceta menos conocida de la esposa de José María Michavila, Alejandra Salinas

Una de las bodas más esperadas del año tuvo lugar el pasado 1 de mayo, la del ex ministro de Justicia del PP de Aznar, José María Michavila, cuyo despacho defiende los intereses de la baronesa Thyssen y también de Alejandro Sanz. El antiguo miembro del Gobierno se casó con Alejandra Salinas Hardnen, una antigua modelo y hoy hermosa y elegante señora de la alta sociedad, madre de dos hijos nacidos de su anterior matrimonio con Diego Mora-Figueroa Iturbe, marqués de Saavedra, hijo del que fue embajador de España en Londres, Santiago de Mora-Figueroa, marqués de Tamón. A su primera boda, aquella en Sevilla, asistió el príncipe Felipe de Borbón, con quien se dijo que Alejandra podría haber mantenido un breve romance de juventud.

Después de cuatro años juntos, el jurista y la empresaria, ya como matrimonio y después de conseguir ella la nulidad eclesiástica de su primera unión, conviven con los cuatro hijos solteros del abogado (la mayor, Irene, se casó en otoño de 2019) y los dos de su flamante esposa en su nueva casa de Puerta de Hierro, donde hay sitio para la numerosa familia.

Michavila tuvo cinco hijos de su matrimonio con Irene Vázquez Montero, fallecida en 2013 a los 40 años, como consecuencia del parto de su quinto hijo. Y aunque años después tuvo una relación intermitente con Genoveva Casanova, la mexicana que hizo padre a Cayetano Martínez de Irujo, ha sido Alejandra quien ha encajado perfectamente como la esposa más apropiada y con quien ha encontrado Michavila estabilidad y muchas afinidades.

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Una mujer religiosa y solidaria

Y es que la mujer del ex ministro profesa, como su prometido, unas profundas convicciones religiosas, creencias y fe que ambos comparten. Alejandra es una economista de carrera y miembro de una familia con historia, pues tiene como antepasada materna a una princesa rusa de la familia del zar Romanov y, por parte de madre, es sobrina de la periodista Mercedes Milá y de su hermano Lorenzo.

Sus dedicaciones privadas tienen mucho que ver con sus creencias religiosas. Michavila conoció a su novia en un concierto donde ella cantaba con el coro de la iglesia de San Andrés en Madrid.

Pero Alejandra tiene una actividad muy importante y menos conocida públicamente, y es su trabajo al frente de la Fundación Contemplare, dedicada a ayudar a los 9000 religiosos de los 120 monasterios y conventos de clausura de toda España, que elaboran desde productos de cosmética a dulces artesanos y delicatesen para vender, y que desde la pandemia, ante la falta de turistas y compradores, pasan por una situación económica complicada. Uno de los patronos de Contemplare es José María Michavila.

Alejandra y su equipo de profesionales quieren dar a conocer la riqueza de la vida contemplativa, al mismo tiempo que hacen posible la comercialización on-line del gran trabajo de estos religiosos. Son una especie de Amazon, que almacena, busca canales de venta y asesora a estos religiosos, que tanto necesitan de ayuda logística del exterior. Una labor impagable que da muchas satisfacciones a esta fundación sin ánimo de lucro.

José María Michavila y Alejandra Salinas se casaron por la Iglesia el pasado 1 de mayo en la casa del ex ministro en Candeleda (Ávila), ante un reducido grupo de invitados que, según la revista Hola, no llegaron a 30. La boda se celebró en la capilla de La Santa, la finca que el ex ministro tiene en la localidad abulense. Entre los afortunados testigos del enlace estuvieron los respectivos hijos de los contrayentes: los cinco del abogado, nacidos de su matrimonio con Irene Vázquez, fallecida en noviembre de 2013, y los dos que la aristócrata tuvo con Diego de Mora-Figueroa Iturbe, marqués de Saavedra, con quien se casó en 2002 y de quien se divorció en 2014.

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