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Por qué Cayetano Martínez de Irujo machaca a Pedro Trapote, el dueño de Pachá

La polémica fiesta celebrada el pasado jueves en la discoteca Teatro Barceló, la antigua Pachá, sigue enfrentando a su propietario Pedro Trapote, con aquellos que le reprochan la tolerancia del local con los jóvenes que bailaban y se divertían a loco, sin mascarillas ni distancia social, en los días de las peores cifras de contagios y fallecimientos por Covid 19.

Pedro Trapote y Rubén Sánchez, secretario general de FACUA, la organización de consumidores en acción, protagonizaron estos días un tenso debate en televisión, al mismo tiempo que FACUA presentaba una denuncia a la empresa de Trapote, por saltarse las medidas sanitarias en la fiesta.

Muy duro estuvo también Cayetano Martínez de Irujo el sábado en La Sexta Noche. El jinete aseguró: "Lo que es intolerable son esas fiestas en estos momentos y en este ciclo que estamos viviendo. Esto es mofarse de la gente que está en los hospitales, de la gente que lo está pasando mal y de la gente que está sin dinero, sufriendo económicamente y en todos los sentidos".

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Aunque los espectadores y mucha gente no lo sepa, esas duras declaraciones demuestran el resentimiento que todavía guarda el duque de Arjona contra Trapote, por el enfrentamiento entre ellos hace años, por cuestiones económicas y que fue muy comentado en la sociedad de Madrid.

Era el tiempo en que el joven Cayetano vivía intensamente su carrera hípica con la que aspiraba a competir en los Juegos Olímpicos. El jinete tenía los ojos puestos en un caballo, propiedad de Kike Sarasola, que entonces también estaba en la alta competición. Pero el ejemplar costaba en torno a los 30 millones de pesetas (180.000 Euros), que nadie estaba dispuesto a prestarle. Con una excepción, Pedro Trapote, un hombre con fama de empresario eficaz y generoso.

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La propuesta de Trapote fue: "Compramos el caballo, tú lo entrenas, lo educas, lo revalorizamos y después de los JJOO lo vendemos por el doble y repartimos mitad y mitad". 

Cayetano, muy agradecido, estaba encantado con el acuerdo y se llevó a entrenar el caballo en el norte de Europa, donde se estableció a causa de la peste equina.

Pero cuando unos meses después, Trapote se enteró de que el aristócrata había vendido el caballo para comprarse otro, sin decirle nada y que cuando intentó hablar con él, el jinete no cogió el teléfono, se enfadó, hasta que consiguió una cita en el Café de Oriente.

El hijo de la duquesa llegó en moto llevando una mochila llena de revistas, que daban cuenta de sus éxitos deportivos. Pero Trapote fue directo al tema: "Has vendido nuestro caballo y nos me has dicho nada. Así que me debes 30 millones, más los intereses".

El encuentro acabó con la marcha airada de Cayetano del café, dejando a Trapote indignado en la mesa y sin explicaciones. Hasta que poco después, en una importante competición en Holanda, en la que participaban Cayetano y otros jinetes españoles, además de los jefes de la Federación española, el empresario se presentó en el concurso hípico, dispuesto a pedirle cuentas públicamente en la pista, frente a las cámaras de televisión, los responsable de la Federación y hasta Eugenia Martínez de Irujo, que estaba por allí.

El bochorno público para Cayetano fue tremendo y tuvo que intervenir el presidente de la Federación, que le prometió a Trapote reunirse los tres al acabar el concurso y llegar a un acuerdo.

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El resultado fue que la Federación hípica compró parte del caballo y el resto lo acabó pagando la duquesa de Alba. Cuentan que en el talón emitido por doña Cayetana, estaba escrito: "Páguese al señor Trampote" (con M). Un guiño malicioso de la duquesa en favor de su hijo favorito contra el empresario que había osado reclamarle una deuda en público.

Se ve que Cayetano nunca perdonó aquella humillación, para algunos muy merecida, y ha aprovechado la ocasión para arremeter contra quien le ayudó en su día.

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