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Navidad y pandemia en Gstaad: Marta Gayá, la ex amante de don Juan Carlos, vive en Suiza como una reina

Las estaciones suizas de esquí son estos días el refugio de multimillonarios de todo el mundo. Disfrutan allí de sus mansiones de invierno, perfectas para escapar de la pesadilla del Covid-19, que ha trasformado la vida de ciudades como Londres, Milán, París, Madrid o Nueva York, donde no funcionan al cien por cien los restaurantes, apenas hay hoteles ni espectáculos y están restringidos los museos y galerías de arte.

Marta Gayá, la socialité mallorquina, que fue el gran amor de don Juan Carlos durante casi 20 años, pasa estos días en su casa de Gstaad, su residencia habitual durante más de la mitad del año. Excepto los tres meses de verano que pasó en Palma este 2020, sin apenas vida social, aunque navegando cada día en su yate con algunos amigos, la ex amante del Emérito disfruta de su casa suiza incluso fuera de la temporada de esquí.

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Esta fidelidad a su estancia en el país helvético le ha servido para que el gobierno de ese país le conceda la residencia permanente. Allí tiene ahora su domicilio fiscal, lo que le evita pagar impuestos en España. Desde que fallecieron sus padres, a Marta, de 71 años, solo le queda un hermano en Mallorca. Y fuera de temporada no pone en pie en la isla, aunque mantiene contacto permanente con su grupo de amigos mallorquines.

Relacionada con los escándalos financieros del antiguo monarca, al publicarse que el Rey le había donado un millón y medio de euros, (a Corinna le dio 67), Marta Gayá se hizo todavía más invisible en la vida social de la isla, siempre discreta frente a la curiosidad de la gente y de la prensa.

Gstaad

Marta se interesa desde Suiza por la preocupante situación sanitaria de Mallorca, donde son alarmantes las cifras diarias de contagios y fallecimientos, y la compara con la ligereza que se toman la pandemia en sitios como Gstaad. Según cuenta Gayá a sus amigos mallorquines, los ciudadanos suizos son estrictamente cumplidores con las normas sobre vida social, horarios o reuniones familiares, pero explica que algunos de los millonarios, royals y residentes de lujo de la exclusiva estación invernal, hacen lo que les da la gana y celebran sus fiestas como siempre, hasta la madrugada y sin guardar las estrictas medidas que impone la situación. Y es que Suiza fue siempre un paraíso para las finanzas de los ricos y ahora para los que no quieren seguir las aburridas normas sanitarias.

Suiza abrió sus pistas de esquí a comienzos de diciembre, y es una especie de oasis blanco frente a los cierres y bloqueos que reinan en el resto de Europa. Aun así, Gstaad no es como en otras navidades. Si bien buena parte de la jet financiera mundial y otros potentados se han reunido allí para las fiestas en sus fabulosas propiedades de los Alpes, el ambiente de puertas afuera en las mansiones es algo más silencioso  debido a las restricciones del coronavirus.

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Las recepciones en el Gstaad Palace Hotel, las juergas chic hasta hasta altas horas de la noche en la discoteca GreenGo están limitadas a 10 personas, pero las celebradas en los salones privados de las casas y chalets se han mantenido y en la víspera de Año Nuevo volverá a ocurrir. Ante el aumento de las contagios, ya a mediados de mes las autoridades impusieron la prohibición de eventos públicos y el toque de queda a las 19 horas en los más de 100 restaurantes de la ciudad.

Los remontes funcionan, aunque con una capacidad restringida, pero para muchos el esquí no es lo más importante: es el ambiente o las boutiques de lujo como Hermès, Loro Piana, Prada o Chopard lo que convierten la estación suiza de los Hamptons europeos.

Si yo fuera rico...

Entre 5 y 10 mansiones con precios superiores a 10 millones de francos suizos cambian de manos cada año y cinco por encima de 20 millones de francos suizos. En las zonas más exclusivas de Gstaad, las casas pueden alcanzar precios inconcebibles. En Wispile, una ubicación tranquila cerca del Park Hotel de cinco estrellas, cuestan alrededor de 40.000 francos suizos por metro cuadrado; y más de 50.000 francos suizos por metro cuadrado en la ubicación del trofeo de Oberbort, cerca de los hoteles Palace y Alpina.

Las casas de lujo en Gstaad tienen precios de venta de 35.500 francos suizos (32.659 euros) por metro cuadrado, los más caros de los Alpes, y los segundos del mundo solo por detrás de Aspen, en el equivalente a 39.000 francos suizos (36.000 euros) por metro cuadrado.

Hablamos de precios de casas de lujo pero el precio medio en Gstaad baja hasta la mitad. Un informe de UBS apuntaba hace solo un año a uno 15.000 francos suizos por metro cuadrado. Por tener una referencia, en  St Moritz, las propiedades cuestan 16.000 francos suizos por metro cuadrado. Se ha llegado a esa cota después de  una subida constante de alrededor del 3% anual durante los últimos 20-30 años, algo ralentizada en los últimos tres ejercicios. Hay propietarios no suizos que establecen su residencia en Gstaad para ahorrar impuestos pero otras razones convierten la estación en un lugar apetecible: por ejemplo, los colegios.

Le Rosey

Gstaad ha sido el campus de invierno del exclusivo internado L'Institut Le Rosey desde 1917 y es el hogar de la Escuela Internacional John F Kennedy (entre los alumnos se encuentran los hijos de propietarios de chalés de Gstaad, como la actriz Julie Andrews). Por Le Rosey (con alumnos de 7 a 18 años, para el Bachillerato francés y el Internacional en inglés, en francés o bilingüe). En primavera y parte del otoño las clases se dan en el castillo de Rosey, a orillas del lago Leman, en Rolle, pero en invierno (de enero a marzo) el colegio se traslada a  Gstaad. 

Juan Carlos de Borbón

Los privilegiados estudiantes disfrutan en la época más fría del año de las 28 hectáreas de instalaciones: el bosque, las piscinas, las pistas deportivas, el spa o centro náutico convierten el campus en un lujoso parque de atracciones. Rainiero de Mónaco, don Juan Carlos I, los niños de los Rothschild, el hijo de John Lennon o Elizabeth Taylor y hasta Bin Laden pasaron por allí. También los hijos de Norman Foster oMarie Chantal Miller, mujer de Pablo de Grecia. El nieto de Winston Churchill también acudió al colegio, que aparece en la novela American Psycho de Bret Easton Ellis.

¿Y este año?

Solo nos consta la presencia de Marta Gayá en la estación. Con la pandemia no sabemos quiénes de los habituales se desplazarán o están ya es Suiza. Hablamos de Ana Patricia Botín y su marido, Guillermo Morenés, de Borja Prado, Carlos March, Joao Flores y Tita Torrabadella, Juan Abelló, José María Aristráin. Todos ellos cuentan con una segunda residencia en este rincón de los Alpes. Myriam Lapique iba con Alfonso Cortina, fallecido este año a causa del coronavirus.

Carmen Ballesteros, hija del golfista Severiano Ballesteros y Carmen Botín, su primo Ricardo Gómez-Acebo, Agatha Ruiz de la Prada, Khalidia El Assir, hija de El Assir, amigo del rey Juan Carlos, el del príncipe Nicolás de Grecia y Tatiana Blatnik, el diseñador Valentino, Naty Abascal, Juan Antonio Samaranch Junior y su esposa Cristina, el financiero Pedro Gómez de Baeza, el empresario Juan Antonio Ruiz-Berdejo y su pareja, Pía Getty, o Cristina Macaya son otros de los privilegiados presentes que suelen pasarse en fechas por Gstaad, aunque tal vez este año no  puedan hacerlo.

El Yatch Club del Grand Hotel Bellevue, de cinco estrellas o el exclusivo restaurante Bergrestaurant de la montaña Wasserngrat (donde también se ubica el Eagle Ski Club, el club privado más lujoso de esta localidad) serán este año sustituidos por las celebraciones en casas privadas.

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