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Agustín Pantoja, el Rasputín de Cantora

Hay que tener mala leche, así como suena, porque Agustín Rasputín Pantoja intentó lo imposible para que su hermana Isabel Pantoja no se reencontrara con su hija Isa en estas fechas tan especiales. 

Haciendo honor a su palabra, Chabelita se presentó con su hijo Alberto en la puerta de Cantora para felicitarle las fiestas a su madre y estar con ella el miércoles 23, un día antes de una Nochebuena que nunca será igual de feliz y familiar que las anteriores. Agustinín y Chabelita se odian, ni se hablan ni se escriben, se evitan las escasas ocasiones en las que están bajo el mismo techo, las miradas son puñales que se clavan en el otro con saña, y a Isa, según cuenta Look, la tuvieron esperando en la puerta del cortijo un buen rato. Interminable.

Rasputín al acecho, mamá Isabel remisa, y mal aconsejada por su hermano, finalmente transigió y abrió las puertas de su cárcel dorada. Apenas una hora juntas. Para qué más. Tenían poco que decirse. Pantoja guarda las bombas para esa exclusiva que concederá próximamente a la revista del saludo. Necesita efectivo y no le quiso contar a Isa lo que su hija quería saber. Le atemorizan las filtraciones, y Chabelita es amiga de contar en su publicación favorita lo incontable.

Agusrasputín controla los movimientos de la tonadillera, la quiere para el solo, ha conseguido alejarla del resto de la familia, incluidos hijos y nietos. Menuda Nochebuena les espera, más solos que la una. Con una madre enferma y quizá ese amigo especial del hermanisimo. Una cena que cumple las normas sanitarias al dedillo. Como mucho, cuatro en la mesa. Navidades tristes y más negras que blancas. Paparazzis en la puerta para ver si pillan algo y poco más. El fantasma de estas fiestas en Cantora se llama Agustín.

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